Así nació uno de los genocidas más grandes de la era moderna

Por Matías Afanador Laverde

En el aniversario 82 del comienzo de la guerra más destructiva en la historia, vale la pena repasar los primeros años de un hombre que se convirtió en la encarnación de la maldad en Occidente.

Hablamos de Adolf Hitler, quien nació el 20 de abril de 1889 en la localidad austríaca de Braunau am Inn. Fue el cuarto hijo del matrimonio entre el funcionario de aduanas Alois Hitler y su prima Klara Pölzl, 23 años más joven que él.

Desde temprana edad, el joven manifestó desinterés por los estudios y solo se destacaba en arte e historia. Hecho que repercutió negativamente en la relación con su progenitor. Alois se oponía de forma vehemente a que su hijo fuera artista y quería que siguiera sus pasos como funcionario del imperio austrohúngaro.

Hitler: traumas de infancia y juventud

Mucho se ha especulado sobre el alcance de la violencia doméstica intrafamiliar en la personalidad del futuro dictador. En los juicios de Núremberg, el abogado Hans Frank dijo que Hitler presenció las golpizas de su padre, un alcohólico que cargaba con el secreto de una ascendencia judía. Según el militante nazi, la abuela del dictador tuvo una relación extramarital con el adinerado judío Leopold Frankenberger, supuesto abuelo paterno del líder nazi.

Sin embargo, este es uno de los muchos mitos de la familia Hitler, considerado fantasioso por la mayoría de los historiadores. Además de señalar la postura parcializada de Frank, los biógrafos explican que los judíos tenían prohibido residir en la ciudad natal de Alois, a raíz de una ley medieval derogada en 1860.

Su madre promovió por todos los medios las ambiciones artísticas del único de sus hijos varones en llegar a la edad adulta. Dos años después de la muerte de su esposo, ocurrida en 1903, ella permitió al joven Adolf abandonar su educación formal para que buscara ingresar a la Academia de Bellas Artes de la bohemia y multicultural Viena.

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Personalidad contradictoria

En 1907, Hitler recibió un doble golpe: su madre murió por un cáncer de mama y fue rechazado por la prestigiosa institución. La desesperación se apoderó del joven, como lo atestigua el relato del médico judío Eduard Bloch, quien intentó salvarle la vida a Klara de manera casi gratuita. Bloch afirmó en numerosas ocasiones que Hitler prometió gratitud eterna y le enviaba numerosas acuarelas como agradecimiento.

Tres décadas más tarde, tras la ocupación nazi de Austria, el anciano galeno le solicitó ayuda. Discretamente, Hitler ordenó que el médico y sus familiares recibieran protección especial de las fuerzas de seguridad nazis y toda la asistencia que requirieran para formalizar su emigración a los Estados Unidos. Allí Bloch falleció de causas naturales en 1945.

El historiador británico Brendan Simms, autor de la recién publicada Hitler: a global biography, ve en su trato a Bloch la expresión de su contradictorio carácter y moral en el que su antisemitismo no impidió “mantener relaciones amistosas y cordiales con ciertos judíos”.

Irónicamente, Hitler no tuvo la misma generosidad con quienes compartían su misma sangre. El caso de Aloisia Veit, prima del líder nazi y paciente esquizofrénica, es diciente. En 1940, a sus 49 años, murió en la cámara de gas de uno de los hospitales psiquiátricos destinados por su pariente para eliminar enfermos mentales y discapacitados. Ella fue una de las miles de víctimas del inmisericorde programa de limpieza étnica conocido con el nombre de Aktion-T4.

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Juventud sin rumbo

De los 18 a los 25 años, Hitler deambuló por las ciudades de Viena, Linz y Múnich sin un rumbo fijo. Cabe aclarar que no pasó años en las calles como afirmó más tarde en su panfleto ideológico Mein Kampf. Si bien atravesó importantes dificultades financieras y tuvo que alimentarse en los comedores de beneficencia de la capital austríaca, la venta informal de sus pinturas, la pequeña herencia familiar recibida y el apoyo de parte de su familia materna le permitió cubrir sus necesidades básicas e incluso cultivar su costosa afición a las obras de Richard Wagner en la Staatsoper vienesa.

En junio de 1914, tras abandonar Austria y evadir el servicio militar en su tierra natal, recibió con entusiasmo el inicio de la Gran Guerra. Atraído por el estallido nacionalista, se alistó en el ejército del Imperio alemán, sin contar con la ciudadanía de ese país.

Como parte del decimosexto regimiento de infantería bávara de reserva, Hitler participó en muchas de las grandes acciones militares del frente occidental, durante cuatro años. En los devastados parajes del norte de Francia y Bélgica fue herido en dos ocasiones y condecorado con la Cruz de Hierro de primera y segunda clase por recomendación del oficial judío Hugo Gutmann. Honor que sería pagado por el fracasado artista cuando conquistó el poder. Al igual que Bloch, el militar recibió facilidades para emigrar a Estados Unidos.

Hitler nunca ascendió del rango de cabo y posteriormente falsificó los registros de su servició militar para aparentar una permanencia más prolongada en el frente. Su papel como enlace de comunicaciones y mensajero del regimiento, le permitió llevar una vida relativamente tranquila en un conflicto que muchos esperaban ver terminado en la Navidad de 1914.

Influencia de la Gran Guerra

Algunos de los más importantes biógrafos del tirano, como el historiador alemán Joachim Fest y el británico Ian Kershaw, coinciden en el impacto que tuvo la guerra para entender la progresiva deshumanización de la personalidad de Hitler. La matanza industrial sin límites que presenció habría de hacerle perder el pudor ante la muerte de millones de personas inocentes.

La guerra fue también el germen de su despertar político y base para construir su destructiva ideología. La noticia del fin de la conflagración la recibió en un hospital militar al norte de Berlín, mientras se recuperaba de los efectos del gas venenoso recibido en las batallas de finales de 1918.

La derrota alemana y los onerosos términos de paz impuestos al país en 1919, afianzaron una vocación política que le condujo al poder absoluto. Posteriormente, también sustentaría la mayor aniquilación de vidas humanas jamás experimentada por nación alguna en la historia moderna.

Paradójicamente, la visión de Hitler sobre cómo Alemania debía vengarse de lo que él mismo denominaba “el crimen de 1918”, estuvo permeada por una conciencia de la inferioridad del país frente a las potencias anglosajonas en términos materiales y demográficos. De hecho, como también explica el historiador Brendan Simms, las consideró modelo a seguir, pese a su responsabilidad en la humillación sufrida por el país germano.

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A manera de conclusión…

La historia del acenso al poder de los nazis y el desarrollo político-militar de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto es ampliamente conocida. Sin embargo, es necesario entender los orígenes del monstruo para llegar a una explicación convincente sobre cómo determinadas circunstancias permitieron a un hombre ordinario y carente de talentos cambiar la historia de Europa.

Hoy en día, la memoria del dictador contrasta con el bajo perfil de sus últimos parientes. Los nietos y bisnietos de su medio hermano Alois Jr., hijo del primer matrimonio de su padre, residen en Long Island (Estados Unidos) bajo el inocuo apellido Stuart-Houston adoptado tras finalizar la contienda mundial.

En 2018, Alexander Adolf Stuart-Houston concedió a regañadientes una entrevista al diario alemán Bild. En la charla manifestó su simpatía por la canciller alemana Ángela Merkel y su desagrado por el entonces presidente Donald Trump, pero evitó hacer comentarios sobre el rumor de que los últimos miembros de la familia habían acordado no casarse ni tener descendencia.

7 Comentarios

  1. Magnífico artículo. Siempre he querido saber qué tan cierta es la teoría de que Hitler pretendió, en su adolescencia, a una joven judía y fue rechazado. Al parecer, la ceguera que tuvo Hitler en la Primera guerra mundial, luego de ser atacado con gas mostaza, fue la somatización de la decepción por el armisticio de 1918; tuvo un ataque de histeria tan fuerte por el fin de la guerra que quiso quedar ciego. Me gusta el artículo, la información que desarrolla cumple la promesa del título.

  2. Henry Gustavo Amado

    Excelente artículo. Felicitaciones. Me gusta me atrae la historia Gracias. Como poder ahondar más en esa historia.

  3. Guerly Alexandra Torres

    Excelente artículo y detalles importantes de su niñez y juventud, que influyeron en el carácter del innombrable de Alemania. Gracias, querido Matías, ¡leerte es un gusto!

  4. Es un artículo que sin ser presuntuoso, señala aspectos que no son tan conocidos en la historia de posguerra y ello hace que sea muy interesante. Es claro, fluido y cohesivo, en verdad quisiera poder leer más artículos de este autor/ colaborador, porque se lee con gusto.

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