Canto y llanto: un homenaje de Aterciopelados a las mujeres víctimas de violencia sexual

Con tres canciones y una exposición de cerámicas realizadas por Andrea Echeverri, Aterciopelados se une al  ‘Día Internacional de la NO Violencia Contra la Mujer’. 

Los rostros de los asistentes se reflejan en las vulvas. Las vaginas se abren de par en par para que mujeres, hombres y niños se observen en medio de ellas. Cada una se adorna de mensajes sublimes y claros: “Por donde entraste al mundo”, “Todas somos Rosa Elvira”, “Respeta mi cuerpa”, “Somos madre, hermana, hija, amiga”.

Luego están los ojos con gotas de lágrimas cayendo una a una, las narices anchas y las bocas rojas, algunas quebradas y con forma de corazón. Luego la leche que brota de las tetas color tierra y las fuentes de sangre que salen de las vaginas menstruantes.

En otra sala un gran útero con ovarios fuertes y un chaleco de senos tejidos le dan la bienvenida al público. En las paredes, sobre láminas de cerámica, se leen en letra roja esmaltada algunas frases de las canciones que se escuchan de fondo: “Mi cuerpo no es un botín, tu miembro no es un fusil”, “Nunca más separadas, mejor juntas construyendo puentes”.

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Así se compone la instalación Ovarios calvarios, una exposición a cargo de Andrea Echeverri y Aterciopelados que se abre al público en el Claustro de San Agustín de Bogotá, para conmemorar el ‘Día Internacional de la NO Violencia Contra la Mujer’.

Una acción de resistencia donde la fuerza frágil, rota y remendada de la cerámica de ‘La ruiseñora’ se une al lanzamiento de tres poderosas canciones, Ovarios, No se viola y Plañidera, para transformarse en rostros, tetas, vaginas, consignas, lágrimas, espejos, música, videos y denuncia. 

Una oda feminista reflexiona sobre los casos de violencia sexual que más han estremecido al país y un acto de sororidad para recordar y abrazar a Jineth, a Rosa Elvira, a Yuliana, a Allison, a Salomé, a Laura, a María Jovita, Ángela, Maritza, Camila, la manifestante, la patrullera, la niña Embera y todas las mujeres que han sido violentadas sexualmente en el país.

Violencia sexual - Aterciopelados
Las vulvas buscan sensibilizar a los visitantes con espejos internos para entender que “todos venimos de ahí“. Fotos: Arantxa Díaz.

Piezas que lloran y duelen

“Esta exposición es más que todo el dolor de un país en donde se violan mujeres y niñas todo el tiempo”, asegura Andrea Echeverri. Cada pieza de cerámica es tan frágil como el tema del que habla la muestra. Algunas de las obras que se presentan hicieron parte de exposiciones pasadas de la compositora y otras fueron elaboradas para esta.

“Escribí las canciones y empecé a construir rostros llorando, plañideras derramando gotas de llanto. Luego vinieron cuerpos, gotas de sangre que fluyen de vulvas con clítoris dorados, gotas de leche que brotan de tetas color tierra“, expresa Echeverri.

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Las cerámicas con formas de vulvas son espejos, “así que te ves como naciendo, y llevan nombres de niñas y mujeres víctimas de violencia sexual. Y así lo pensó desde el inicio.

“En la canción ‘Plañidera’ yo lo que digo es que cómo va sumercé a violar el mismo lugar por donde salió; entonces, esa es la idea de que el espejo sea vulva, porque todos vinimos de una. Así que más allá de sexualizarlo, creo que es que haya un respeto profundo”, explica la cantante a Diario Criterio.  

Andrea Echeverri aprovechó la pandemia para crear las piezas de esta exposición. Fotos: Arantxa Díaz.

Hay varias obras que están rotas y pegadas de nuevo. A simple vista parece un error, pero en realidad es una simbología de lo que pasa con las víctimas de violencia: aunque las cicatrices no se pueden borrar, sí se pueden curar. Ellas son el reflejo de las heridas existentes.

Además de las piezas elaboradas por Andrea Echeverri, Ovarios calvarios presenta una vajilla pintada por La Muchacha Isabel, quien con delicadeza y exquisito color pintó en platos cotidianos mensajes como “Déjeme quieta, déjeme sana” y “No se penetra a la fuerza”: una extensión de las luchas femeninas.

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Igualmente, Joyas Blandas, a cargo de Dayra Benavides (tres veces ganadora del mejor traje del Carnaval de Blancos y Negros en Pasto-Colombia), muestra su sombrero Nube Tormentosa, su mascara Útero y su Top Multitetas, accesorios mágicos y rituales hechos por encargo para la puesta en escena de Aterciopelados.

Foto: Arantxa Díaz Aguirre.

“Vivimos en una sociedad que ha olvidado lo sagrado que es la mujer. Esta exposición llama a esa fuerza femenina, a estar unidos para luchar juntos y juntas y estar entrelazados. Hay una gran violencia, hay un feminicidio generalizado“, explicó María Belén Sáez de Ibarra, directora de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional de Colombia y curadora de la muestra.

Aterciopelados: música feminista con pie de lucha

Paralelo a la exposición, se presentan los videos de tres canciones de Aterciopelados que se estrenaron este 25 de noviembre en plataformas digitales. Tres featurings con cuatro intérpretes que hacen parte de las mujeres músicas más importantes de América Latina.

En Ovarios, Andrea Echeverri se une con Vivir Quintana para atestiguar a una sola voz “ser de quien ya nunca más se aprovechará el macho abusivo”. Quintana es recordada por lanzar en 2020 la canción Sin miedo, que actualmente es uno de los himnos feministas más importantes de América Latina. 

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“Esa colaboración es maravillosa. Fue muy lindo que se haya podido hacer contacto con ella y Andrea pudo grabar ese video en México”, expresó Héctor Buitrago, guitarrista de Aterciopelados.

Su magistral video, soñado por Dorsal Caracteres y Tastuanarte, es un aquelarre, un aullido sonoro, furioso y hermoso por respeto a la vulva mítica.

En No se viola, Andrea y La Muchacha Isabel , sin pelos en la lengua y en ritual ardiente pintan ovarios firmes con spray fluorescente y sueñan con licuadoras de vergas violadoras y vaginas/guillotinas.

El mensaje es claro: “No se viola, no se viola No se viola ¡no!, No se penetra a la fuerza en el nido divino. Respetico, por ahí todos nacimos”.

“La muchacha es una de las voces emergentes con más fuerza y con un futuro tremendo. Esta canción la escribieron juntas, tiene aportes de ambas intérpretes”, expresó Buitrago.

Finalmente, en Plañidera, Aterciopelados y Las Añez pegan un alarido sofisticado, profundo y armónico: “Y si no quiero que bailemos, si lo que busco es que todos chillemos“, y de manera jocosa, según Echeverri “luego de muchas canciones, somos las trillizas candelarias, que siguen juntas construyendo puentes”, ya que estudiaron juntas en el mismo colegio de Bogotá.

El video fue dirigido por Diana Rico, la misma que condujo la Florecita Rockera dorada, y que en esta ocasión animó con genialidad las piezas de cerámica sobre tierra negra y barro crudo: la génesis del arte curativo. Mi lacrimógeno vestido es creación de Paula Juliana Pérez y el tocado por Joyas Blandas. 

Sobre Las Añez, Héctor aseguró: “Son uno de los talentos más grandes que tiene el país porque hacen una música muy adelantada a su tiempo y con unos recursos muy especiales. Tienen una manera de producir artesanalmente muy refinada”

Las canciones y sus videos ya están disponibles en las plataformas digitales de Aterciopelados, en su canal de Youtube y en el canal de la Dirección de Patrimonio Cultural. Igualmente, la exposición estará abierta al público hasta el 29 de mayo de 2022 en el Claustro de San Agustín de la Universidad Nacional de Colombia. Entrada libre.

3 Comentarios

  1. Está genial que se dé el mensaje con estas letras directas en las canciones y las artesanías bien gráficas para que sea escuchado y transmitido y por fin pare la Violencia Sexual

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