Polo Polo, Beto Coral y otros ‘influencers’ en Twitter buscan llegar al Congreso. ¿Podrán convertir seguidores por votos?

En las últimas semanas varios influencers han anunciado su candidatura a Congreso de la República. ¿Qué tan probable es que su éxito en redes se convierta en un triunfo en las elecciones?

Los episodios son grotescos: improperio va y viene. Se dicen “estafador”, “rata mentirosa” y demás insultos. Sus protagonistas son Miguel Polo Polo y Beto Coral, dos de los tuiteros políticos de moda en el país.

El primero tiene 69.000 seguidores y se ha convertido en uno de los mayores defensores en redes del uribismo y en la actualidad ha adherido a la precandidatura presidencial de María Fernanda Cabal. El segundo, con 213.000 seguidores es uno de los contradictores en redes de Álvaro Uribe Vélez y constantemente denuncia los presuntos actos ilegales hechos por el Centro Democrático en Estados Unidos.

Ambos llevan varios años manteniendo constantes choques. Sin embargo, hace poco más de un mes las discusiones subieron de temperatura cuando Polo Polo acusó a Coral de estafar años atrás a una mujer de escasos recursos mientras trabajaba en una entidad de financiera. Con cámara en mano el tuitero uribista, viajó a Ibagué y entrevistó a la presunta víctima. El video lo subió a redes, en donde tuvo cerca de 180.000 reproducciones.

Coral respondió con otro video en el que, con documentos de la Fiscalía en mano, demostró que no había cometido ninguna estafa. Semanas después contratacó con la publicación de un contrato de que tuvo Polo Poco por un poco más de 18 millones de pesos. El tuit que acompañaba la imagen decía: “Explique qué hizo con los 18 millones que le entregó la misma ministra a la que se le perdieron 70 mil millones”.

Un desafortunado enfrentamiento

Lejos de acabar, este enfrentamiento tuvo un nuevo e infame round. Todo comenzó con la entrevista que Revista Semana le hizo a Felipe Pasos el 10 de agosto, amigo del hijo de Bruno Díaz al que el senador Gustavo Bolívar le debía 200 millones de pesos y que se suicidó unos meses atrás. Las declaraciones en las que Pasos confirmaba las denuncias del actor se volvieron tendencia en las redes y él se convirtió en blanco de insultos por parte de cibernautas.

Sobre el tema, el 15 de agosto, Beto Coral escribió en un Twitter: “Él es Felipe Pasos, quien difama a @GustavoBolivar (…) Es un mandadero de @ClaudiaLopez y @AngelicaLozanoC. Una Bajeza”. Desafortunadamente, cinco días después Pasos se suicidó. De inmediato, cibernautas, algunos políticos y periodistas culparon de la muerte al matoneo y de manera indirecta a Coral.

Un día después, Polo Polo aprovechó la situación y publicó un pantallazo de una conversación en la que Coral le decía a Pasos que si bien lamentaba el acoso cibernético al que se enfrentaba, él era el culpable por haber ido a un medio de comunicación poco objetivo. La imagen iba acompañada con el siguiente mensaje del tuitero uribista: “Qué monstruo es Beto Coral. Da asco como ser humano”.

Este es un ejemplo extremo de las discusiones con tintes políticos que ahora son comunes en redes como Twitter, donde la agresividad, la grosería y las acusaciones sin mayor sustento aumentan cada vez más a medida que se acercan las elecciones de 2022.

En medio de la coyuntura, un amplio ramillete de influencers se ha vuelto famoso y aumentado su número de seguidores mediante la estrategia de recurrir a la indignación. Los hay de todo tipo: de izquierda y de derecha, petristas y uribistas, escritores y abogados, locutores y periodistas que han visto en el juego de la discusión en redes la manera de obtener la fama o publicidad que antes no tenían.

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De Twitter al Congreso

Lo curioso de este fenómeno es que, a puertas de las elecciones legislativas y presidenciales, muchos influencers y activistas que han alcanzado un reconocimiento en las redes han decidido lanzar sus candidaturas y entre ellos están los protagonistas de esta historia. Coral intentará disputarle al Centro Democrático la curul en la Cámara de Representantes de los colombianos en el extranjero. “Voy a ser Candidato a la curul por los colombianos en el exterior. La única manera de ejecutar las ideas del activismo es en la política, no existe otra forma”, escribió en su cuenta.

Por su parte, Polo Polo, luego de fracasar en la candidatura a la alcaldía de Tolú, buscará llegar al Congreso en representación de las negritudes: “Estoy pensando seriamente en aspirar a la cámara por las negritudes y arrebatarle la bandera de las razas a la izquierda”.

Esto no es nuevo. De hecho, Gustavo Bolívar llegó al Senado luego de cobrar fama en el mundo de las redes por sus denuncias en contra del uribismo, aunque cabe aclarar que el caudal de votación que obtuvo en 2018 se debió a que fue cabeza de lista de Colombia Humana.

¿Qué tan efectiva es esta política? ¿Estamos frente a una nueva forma de hacer política en donde el nivel de las discusiones será extremadamente bajo y basado en insultos? Y más importante aún, ¿qué posibilidad tiene esta nueva generación de influencers políticos?

Un asunto no tan sencillo

Diario Criterio consultó a distintos analistas políticos y expertos en campañas electorales sobre este fenómeno y sobre las posibilidades de los influencers famosos en redes de alcanzar alguna de las curules del Congreso en las próximas elecciones.

Los expertos señalan que, efectivamente, las redes han cambiado la manera en como se hace el debate público y por lo tanto lo virtual debe ser uno de los aspectos a considerar por un candidato, pero no es el elemento central.

Al respecto, Ángel Beccassino, asesor en comunicaciones, explica: “Desde hace 15 años las redes han creado un espacio paralelo virtual en el que una parte de las discusiones públicas se desarrollan allí. Antes, por ejemplo, esos debates los generaban expertos o políticos que escribían una opinión en un periódico y la discusión se llevaba a cabo a través de cartas o en reuniones. Era un espacio de discusión mediado por alguien o algo como un periódico y que contaba con algunas reglas. Ahora lo que pasa con Twitter, por ejemplo, es que ese espacio no tiene regulación y todo el mundo puede participar. De allí la razón de las fuertes confrontaciones y fricción”.

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Esa democratización del debate público ha sido beneficiosa pero también ha traído consecuencias negativas, como basar las discusiones en emociones y en buscar a toda costa exaltar la emotividad por encima de la racionalidad de los internautas. Dicho de otra manera, a mayor capacidad de generar indignación o rabia, mejor le irá al mensaje enunciado. Y el éxito de esa estrategia se mide, por lo general, en el número de seguidores que obtiene el influencer.

Sin embargo, esa popularidad en redes no necesariamente significa que una campaña electoral sea exitosa. “En Colombia, pese a ser el cuarto país en penetración de Twitter en la región, el universo de esta red solo alcanza a 2,5 millones de usuarios concentrados en las principales ciudades. Eso significa que hay una burbuja muy pequeña en la que la mayoría del país no se encuentra representado. Así que ser popular en Twitter no significa tener fuerza política”, afirma Orlando Goncalves, experto en marketing Político.

Ejemplos de influencers y activistas del ciberespacio que, siendo populares en redes, se quemaron en elecciones hay varios, entre estos las militantes del Centro Democrático Claudia Bustamante, que aspiró al Senado en 2018, y Laura Medina Ruiz, que se lanzó al Concejo de Bogotá.

“Una campaña no se gana en redes, pero se puede perder allí

Esta frase de Goncalves encierra la encrucijada a la que se enfrentarán los influencers que se lanzaron a campaña. Si bien las elecciones manejan una alta dosis de emotividad, el lenguaje utilizado por ellos, cargado de insultos y acusaciones sin comprobar, es poco efectivo a la hora de hacer política.

Cuando tú como candidato basas la campaña en lanzarle improperios a tu contendor y no logras conectar con el ciudadano, no logras transmitirle de manera emotiva que le vas a ayudar a solucionar sus problemas, tienes altas posibilidades de perder”, afirma Golcalves. En otras palabras, el lenguaje que utiliza un influencer en redes y que lo ha hecho popular puede pesar de manera negativa a la hora de conquistar los votos.

A lo anterior se suma un tema técnico que pocos consideran: los algoritmos de las redes. El número de seguidores no significa que el mensaje de un influencer llegue a amplios sectores de la sociedad. Precisamente, por la forma como están constituidos los algoritmos, el mensaje solo llega a un pequeño grupo de cibernautas, y para romper esas reglas se necesita de mucho trabajo y de personas que sepan segmentar audiencias y ampliar el rango de acción que no solo se logra pagando publicidad.

En resumen, aunque la política es un oficio desprestigiado y hoy en día el nivel de los debates ha bajado mucho, todavía hay muchos aspectos técnicos y de comunicación a tener en cuenta en una campaña electoral que van más allá de lanzar insultos, hablar desparpajadamente como lo hacen muchos de los influencers. Ahora, la pregunta es si estos nuevos candidatos, cuyo nicho son las redes, podrán lograr salir de los enfrentamientos vergonzosos y dar a conocer verdaderos programas políticos

9 Comentarios

  1. Preocupante que la ordinariez, la vulgaridad, el insulto, el negacionismo a la razon, se apodere y llegue a un congreso de por si ya desprestigiado por la clase de personajes de baja y escasa formacion y nula etica lo conforman en su mayoria. Muy pocos son los que aportan con su buen criterio y etica correcta. Se viven tiempos en que la chabacaneria, el narcisismo y la obsesion enfermiza por protagonismo en redes haya llevado a este lamentable espectaculo que se vive en los medios. Solo vocingleria, necedad y ruindad es lo que predomina.

  2. Del análisis compartido por Criterio, derivan algunas preguntas. Si bien toma el caso de dos, hay otros ¿Cuántos y de dónde provienen? La discusión sobre las métricas queda apenas instalada. Es claro que se convierten -las métricas- en una categoría para convertir en caso de discusión el de estos dos señores. Incluso caracterizar a cada uno desde aspectos como su formación. Lo cierto es que son frágiles los 65k por un lado y un poco más de 100k por el otro. Becasino es referente, muy bien, con todo ¿es el único? ¿Quién es Gonçalves? ¿qué otras perspectivas de análisis nos pueden compartir sobre su aproximación a las redes y el papel de las plataformas en el debate? Y, por último, algún elemento para la formación de audiencias vendría bien, quizás el espacio que se abre a la planeación de procesos de formación de audiencias, más que segmentación. Conectar es algo más que hacer sintonía, tendría que ver con aportes desde la ciencia política, por ejemplo, en relación con la construcción de mensajes que tengan sentido de horizonte común y compartido ¿no?

    Gracias por leer

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Diario Criterio