El informante que ayudó a capturar a varios jefes del Clan del Golfo y sigue varado y en peligro en Cali

Diario Criterio revela la increíble historia de un informante que ayudó a capturar a varios jefes del Clan del Golfo en el Valle y pese a ello sigue en Cali, manejando un taxi, porque las autoridades nunca lo sacaron del país como le habrían prometido.

La cabeza de Vladimir Salazar González tiene precio. Detrás de él se encuentran varios de los capos más temidos en la historia reciente del narcotráfico en el Valle del Cauca. La orden sería asesinarlo y ya lo han intentado en varias ocasiones.

Vladimir se convirtió en objetivo militar de la mafia y especialmente del Clan del Golfo, porque gracias a él las autoridades lograron identificar, perseguir y capturar a varios de los enlaces de esa temida banda criminal en el Valle del Cauca.

Dicho en palabras más sencillas, la ayuda de Vladimir fue crucial para que las autoridades de ese departamento tuvieran clara la estructura y estrategia del Clan del Golfo para apoderarse del negocio del narcotráfico, microtráfico, extorsiones, oficinas de cobro y sicariato, en esa zona del país.

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Esa puja territorial fue el origen de varias de las vendettas mafiosas surgidas en los últimos diez años en esa región, que estuvieron marcadas por masacres, atentados, homicidios selectivos, secuestros y fenómenos macabros como el descuartizamiento de sus víctimas, en señal de sevicia criminal, tal como sucedió en Cartago, Roldanillo, Tuluá, Buenaventura y Cali.

Los enfrentados eran los viejos capos del narcotráfico que se habían aliado en torno a una estructura que se conoció como el sindicato de la mafia para intentar recuperar, por la fuerza, las rutas, caletas y botines de guerra (propiedades) que dejaron cuando fueron capturados y extraditados.

Pero al recobrar su libertad y retornar a Colombia, varios de ellos se encontraron con baby narcos atomizados que, aliados con el Clan del Golfo, tenían su propia agenda, autoridad y no estaban dispuestos a ceder el espacio ganado.

Fue en medio de esa puja a muerte que apareció Vladimir Salazar González, un caleño que se ganaba la vida como taxista y lentamente se involucró en el mundo de la mafia, como simple mandadero, hasta escalar y convertirse en testigo y cómplice de numerosos delitos. Hoy es el informante de la mafia.

Taxista y bandidos

Vladimir Salazar González hoy tiene 39 años de edad y es natural de Cali (Valle). Creció en el barrio El Poblado 2, sin lujos y sin tragedias económicas porque su padre (fallecido) era taxista y su mamá se dedicó toda la vida al cuidado de ese hogar.

Pese a que logró graduarse como bachiller, no se profesionalizó y prefirió seguir las huellas de su papá como taxista, pero sin carro propio. Tiene esposa y tres hijos.

Vladimir Salazar González, informante de la mafia.
Vladimir Salazar González, informante de la mafia y testigo protegido de la Fiscalía.

Siendo taxista también comenzó su carrera por el mundo del crimen. El propio Vladimir recuerda que todo arrancó porque uno de los jefes de una de las bandas del Clan del Golfo en Cali le cogió aprecio porque era discreto, callado y muy servicial.

Ocurrió en 2013 cuando empezó a transportar a un lugarteniente de alias Palustre, el temido jefe de una de las oficinas de sicarios más sanguinarias de Jamundí (Valle), un pequeño municipio a escasos minutos de Cali.

El particular pasajero era alias Jhon Rusio, un gatillero a quien las oficinas de cobro siempre llamaban para realizar secuestros, extorsiones, desapariciones o cobrar deudas.

Vladimir recuerda que la primera tarea criminal en la que acompañó a Rusio consistió en llevarlo al sitio exacto donde tenían secuestrado a Ramiro Enrique Zamudio, hermano de otro supuesto viejo narco de la región.

Juntos llegaron hasta una vivienda en el barrio La Sirena, que está ubicado en las goteras de la cordillera Occidental que bordea a Cali. Allí ingresaron hasta un sótano donde estaba el secuestrado, amarrado y torturado.

En ese momento supo que por su liberación exigían el pago de 200 millones de pesos y la entrega de una finca ubicada en la vía hacia Buenaventura. Y también se enteró que al secuestrado lo mataron en cautiverio y que la ejecución la hizo alias Fantasma.

Posteriormente se enteró del secuestro y desaparición de un trabajador de William Guevara Guzmán, alias don David, el jefe de una de las oficinas de cobro más solicitadas en la capital del Valle, ya que opera como una especie de outsourcing o franquicia criminal.

Vladimir asegura que la orden de ese secuestro y desaparición provino del propio alias don David, porque esa persona, Jairo Hernán Zúñiga Gómez (el desaparecido), se la habría apropiado de 100 millones de pesos.

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Poco después descubrió que ese sector del barrio La Sirena habría sido convertido en una fosa común donde eran enterradas las víctimas de los crímenes que cometían todos los miembros de esa estructura de las llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) en la capital del Valle.

Vladimir también afirma tener la llave para desentrañar todo lo que sucedió alrededor de la masacre de Pance, ocurrida en Cali el 3 de octubre de 2014, en la que fueron ajusticiadas ocho personas.

La importancia de esa vendetta es porque allí fue asesinado el denominado zar de la cocaína rosada, Julio César Paz Varela, más conocido con el alias de J1, integrante de una de las estructuras mafiosas del cartel del norte del Valle.

Según Vladimir, a J1 lo mataron porque estaría cometiendo otros crímenes en la región, a nombre de las AGC, y que eso explica por qué esa masacre se ejecutó pese a que J1 pertenecía a una de las franquicias del Clan del Golfo que lideraba el propio Héctor Mario Urdinola, alias Chicho Urdinola (extraditado a Estados Unidos).

alias Chicho Urdinola y alias J1
La historia del informante de la mafia: en fotos alias Chicho Urdinola y alias J1.

La redención como informante

Pasaron cuatro años para que Vladimir Salazar González descubriera que el mundo del narcotráfico y todos sus crímenes no eran lo suyo.

Fue entonces cuando tomó la decisión de acercarse a las autoridades y pedir ayuda para salir con vida del radar de los capos y sus bandidos.

El acercamiento tuvo sus frutos y a cambio de una efectiva colaboración con la Fiscalía consistente en proporcionar información y pruebas, él y su familia recibirían la protección de las autoridades, saldría limpio judicialmente y podría reconstruir su vida en otro país.

Fue así como se acogió al programa de protección de testigos de la Fiscalía desde septiembre de 2017 y gracias a su labor como informante de la mafia, ayudó a desenmarañar y capturar a los jefes de una de las estructuras criminales más temidas en el país: el Clan del Golfo.

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Fruto de esos aportes como informante, es que existe el expediente 201400019 en una Fiscalía especializada de Cali, a través de la cual se investigan delitos que van desde concierto para delinquir agravado, secuestro extorsivo agravado y desaparición forzada y homicidios, entre otros.

Precisamente entre los crímenes que hacen parte de ese expediente figuran el secuestro y asesinato de Ramiro Enrique Zamudio y la desaparición forzada de Jairo Hernán Zúñiga Gómez. Los primeros casos que reveló como informante.

Certidicación Fiscalía, informante.

Con esas pruebas, asegura Vladimir, las autoridades han logrado la captura de al menos 15 miembros del Clan del Golfo, cuatro de ellos considerados jefes de esa organización en el Valle (Rusio, Audi, Fantasma y Rodolfo).

El golpe más sonado, y quizás el que mayores riesgos le ha traído a Vladimir como informante, fue la captura de Edwin Andrés Guevara Garcés, alias Audi, hijo de William Guevara Guzmán, alias don David, el temido jefe de una de las oficinas de cobro del Clan del Golfo en Cali.

Edwin Andrés Guevara Garcés, alias Audi.
Edwin Andrés Guevara Garcés, alias Audi.

Alias Audi fue capturado en abril de 2018 en Bello (Antioquia), pero el expediente judicial que existe contra él es el mismo que se abrió con la información de Vladimir y que impulsa la Fiscalía Especializada en Cali.

“De acuerdo con lo elementos recaudados, el hoy indiciado sería el encargado del cobro de deudas del narcotráfico y sicariato, entre otros hechos delictivos en Cali. Así mismo, estaría encargado de las líneas de expendio de estupefacientes en las zonas de ladera de la ciudad, especialmente en los barrios Belén, La Sultana, Libertadores, Nacional y Mortiñal”, informó la Fiscalía tras la captura de alias Audi.

El ente investigador también aseguró que alias Audi lideró los acercamientos con el Clan del Golfo en el Pacífico para consolidar una alianza y arrebatar bienes a antiguos capos del narcotráfico y explicaron por qué su captura se produjo en Antioquia.

“Guevara Garcés supuestamente viajó a Medellín para obtener un presunto aval que permitiera asumir el control de rutas de salida de cocaína hacia Centroamérica y recibir respaldo para controlar el tráfico local de estupefacientes”, aseguró la Fiscalía en un boletín oficial.

El incumplimiento

Una de las razones por las que Vladimir Salazar González decidió dar la cara y salir del anonimato como informante de la Fiscalía en procesos contra jefes del Clan del Golfo en el Valle del Cauca, es por los incumplimientos de algunas de las promesas que le hicieron.

Como el proceso judicial contra varios de los criminales señalados por él, había concluido, también lo hizo el programa de Protección de Testigos.

Es decir, a partir de junio de 2021 quedó bajo su propia suerte y responsabilidad, luego de que él, su esposa y sus tres hijos vivieran escondidos durante cuatro años, recorriendo varias ciudades del país.

Recuerda con ironía que, esas tres ciudades hacia donde fueron trasladado mientras hacían parte del programa de Protección a Testigos, eran justamente donde tenían asiento jefes o estructuras del Clan del Golfo: Pereira, Bucaramanga y Bogotá.

La promesa que nunca le cumplieron fue la de ayudarles a rehacer sus vidas en otro país, lejos de los tentáculos de alias Audi y su papá, alias don David. O de cualquier otro bandido que hace parte del Clan del Golfo.

“Nos dijeron, con la plata que le dan en el programa, ustedes hacen las vueltas, compran los tiquetes y nosotros les ayudamos a salir del país, pero resulta que el dinero que nos dieron (14 millones de pesos) debía invertirse para comprar los muebles de la casa y otra plata de un supuesto plan semilla para arrancar un emprendimiento, nunca apareció”, aseguró a este portal el informante.

En uno de los oficios que le respondió la Fiscalía ante la solicitud de una reubicación social definitiva, argumentaron que: “No es posible atender favorablemente su requerimiento, toda vez que su testimonio será indispensable en la etapa de Juicio Oral, dentro del proceso penal en el cual usted funge como testigo (…)”, dice el documento con fecha de septiembre de 2018 y firmado por el director del programa de Protección y Asistencia, Jaime Enrique Pinillos.

Desde entonces, el informante estrella de la Fiscalía en los casos judiciales contra el Clan del Golfo en el Valle del Cauca viene suplicando porque lo saquen a él y a su familia hacia otro país, donde estén a salvo y puedan reconstruir sus vidas.

“Dios quiera se nos den las cosas para ver si nos vamos de acá porque esto está muy maluco. El trabajo se pone muy pesado y más con el riesgo que yo tengo, hay partes en las que no me puedo meter aquí en Cali, ya estoy vetado porque donde me vean de una me echan mano. A pesar de que esa gente está presa, allá en la cárcel es donde más mandan”, confesó Vladimir a este medio.

Insólitamente, hoy Vladimir reside en Cali y se gana la vida como taxista en esa ciudad, la misma donde atentaron contra su vida en 2016, cuando aún transportaba a sus compinches del Clan del Golfo, hoy sus propios verdugos.

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