¿Biden perdió el impulso? Los temas que se estancaron en sus primeros seis meses de Gobierno

No cabe duda de que la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos supuso un cambio de prioridades en comparación con su predecesor, Donald Trump. Las relaciones internacionales, el enfoque social de sus iniciativas locales y tomarse en serio la pandemia son algunos ejemplos de ese cambio.

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En la rivalidad con China sí sostuvo la posición firme de Trump. También lo hizo, hasta ahora, con la situación migratoria, que sigue siento tan restrictiva como en el periodo del magnate republicano. Sin embargo, Biden ha buscado consolidar una agenda propia, y lo ha logrado, pero a medias.

Sin necesidad de acudir al legislativo, dio grandes pasos en asuntos que vio como retrocesos en la era Trump. Lo hizo con el Acuerdo de París y con la interrupción de la construcción del muro en la frontera con México. También lo hizo para aprobar el millonario plan de reactivación económica para contener los estragos de la pandemia. Pero cuando sus ambiciosos proyectos han tenido que enfrentar la votación de las Cámaras, sus planes se han estancado de manera preocupante.

Bloqueo legislativo

Aún tiene tres años y medio de mandato por delante, y unas elecciones de Cámara de Representantes y Senado en 2022. Pero, por ahora, la ligera mayoría en la Cámara Baja y el empate en Senado (en donde el voto de la vicepresidenta Kamala Harris dirime las votaciones que requieren una mayoría simple) no han sido suficientes para poner su agenda en marcha como quisiera.

Seguramente, el proyecto más ambicioso de Joe Biden es el plan de infraestructura nacional, enfocado también en la creación de proyectos sociales en todo el país. Su optimismo, sin embargo, se ha visto paliado. Lo que prometía ser una inversión de 2,3 millones de dólares ahora se quedaría en 1,2 millones, casi la mitad. Así de renuentes están los republicanos, liderados por Mitch McConnell en el Senado, a dar vía libre a los proyectos de la Casa Blanca.

Mitch McConnell, líder republicano en el Senado. Foto: Anna Moneymaker/Getty Images/AFP

Tampoco ha logrado avances en el tema del control de armas y la reforma policial. Las minorías étnicas fueron un fuerte apoyo de Biden en las urnas, tras el respaldo del sector más progresista del partido demócrata durante su campaña, pero nuevamente los republicanos no muestran interés, amparados en la Segunda Enmienda y en la veneración recalcitrante a la autoridad.

El último golpe lo sufrió en junio, cuando la ley del voto se hundió en Senado. Como señala Amanda Mars en el diario El País, de España, “los demócratas sacaron adelante la primera versión en la Cámara de Representantes con el fin de contrarrestar las restricciones impuestas en varios Estados republicanos en los últimos meses y que, de facto, limitan la participación de los desfavorecidos y las minorías“. Sin embargo, “en el Senado, la norma ni siquiera llegó a la fase de voto final en el pleno. Los 50 republicanos bloquearon incluso su debate al votar unidos e impedir la supermayoría de 60 senadores“.

Y todo hace pensar que, de quererse desligar fuertemente de Trump en materia migratoria, Joe Biden encontrará los mismos escollos en el legislativo, al menos hasta 2022.

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El fondo sobre la forma

Aburrido“, pero “importante“. Esta frase, deslizada en uno de sus discursos, resume la manera con que Joe Biden encaró su trabajo al llegar a presidencia, hace seis meses. El mandatario demócrata quiso privilegiar el contenido sobre la forma, para volver a colocar a un Estados Unidos próspero en el centro del tablero global.

Al reunir a sus ministros en la Casa Blanca para conmemorar su primer semestre en el poder, el presidente recordó nuevamente el análisis que repite una y otra vez desde enero pasado. Según dice, Estados Unidos está en una “competencia” existencial con países como China, “que creen que el futuro pertenece al autoritarismo“.

Biden quiere demostrar, por el contrario, que “la democracia puede hacer más“, tanto para innovar como para luchar contra el cambio climático y garantizar la prosperidad. Ello implica gastos faraónicos en carreteras, puentes, internet de alta velocidad, pero también en salud, educación y apoyo a las familias, señala.

En materia de política exterior, esa óptica supone reactivar las alianzas tradicionales del país. Un desafío, ya que su predecesor las dejó de lado en los cuatro años de su gestión. Temas importantes, pero que no necesariamente fascinan a la opinión pública, según admite el propio líder demócrata.

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Sé que es un discurso aburrido, pero es importante“, dijo el 7 de julio en un acto en los suburbios de Chicago en el que el público, entusiasta al comienzo, fue luego demostrando su cansancio a medida que el presidente iba detallando los gigantescos proyectos económicos y sociales que piensa emprender.

Realmente debe ser aburrido, aburrido, aburrido para ustedes, especialmente los menores de 13 años“, bromeó una vez más el 15 de julio, frente a padres e hijos a quienes expuso una medida de apoyo económico para las familias.

Regreso a la normalidad

A diferencia de Trump, que gustaba de las diatribas y las salidas de tono, el presidente demócrata y su equipo se apegan a una comunicación extremadamente controlada.

Como explica Robert Rowland, profesor de la Universidad de Kansas y experto en comunicaciones presidenciales, “Biden está tratando de revertir a su favor algo que ha sido problemático durante mucho tiempo, su forma muy erudita de expresarse“. Y agrega: “Intenta proyectar la imagen de alguien aburrido pero competente y que produce resultados reales“.

Joe Biden y Donald Trump. Foto: AFP
A diferencia de Trump, que gustaba de las diatribas y las salidas de tono, Biden y su equipo se apegan a una comunicación extremadamente controlada. Foto: AFP

Frente a la prensa, con raras excepciones, el presidente de 78 años confía en el teleprómpter y en sus notas. Su equipo de comunicadores se apresura a sacar de sala a los periodistas que intentan hacerle preguntas al final de cada discurso.

Todo lo contrario de Donald Trump, a quien le encantaba realizar monólogos improvisados y enviar tuits airados. Por su parte, la administración Biden hace un uso muy institucional de las redes sociales.

Como apunta Lawrence Jacobs, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Minnesota, a veces el presidente “se tropieza con las palabras, pierde el hilo“. Sin embargo, da “mayor seguridad cuando habla de asuntos exteriores o de seguridad nacional“, a los que se dedicó durante su dilatada carrera como senador. El presidente “no subestima el poder retórico de su cargo“, observa Jacobs. “Sería un error creer que no puede marcar la agenda“.

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Hace una semana, antes de abandonar la Casa Blanca para tomarse un descanso el fin de semana, Biden acusó a Facebook y otras redes sociales de “matar gente” al permitir que circule información falsa.

El índice de popularidad de Joe Biden permanece, por el momento anclado, sobre el 50 por ciento, un nivel que Donald Trump nunca había alcanzado.

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