Jonathan Franzen, un asunto menor

La revista ‘Time‘ nombró a Jonathan Franzen en su portada de agosto del 2010 como el “gran novelista americano” de estos tiempos.

*Por: Martín Franco Vélez

Las novelas de Jonathan Franzen parecen un contrasentido en estos tiempos de rapidez, donde buena parte de la cultura se consume también como comida rápida: libros de casi 700 páginas que requieren de una paciencia y atención bastante escasa por estos días. Podría parecer un problema, es cierto, pero la realidad es que el escritor norteamericano tiene un amplio número de seguidores -también de detractores: no podía ser de otro modo- que han convertido sus libros casi en obras de culto. Desde el expresidente Barack Obama, quien elogió Libertad cuando salió en 2010, hasta la revista Time, que lo nombró en su portada como el “gran novelista americano” de estos tiempos (un honor que han tenido poquísimos escritores estadounidenses, como Jhon Updike).  

  Jonathan Franzen. Foto: Daniel Mordzinski
Jonathan Franzen. Foto: Daniel Mordzinski

El National Book Award que ganó en 2001, con Las correcciones, trajo consigo el reconocimiento global y, de paso, trazó la ruta que ha venido siguiendo desde entonces: la exploración de la familia como el microcosmos donde se refleja la sociedad. A este retrato de los Lambert -quienes deciden reunirse después de mucho tiempo para pasar otra vez una Navidad juntos-, le siguió, nueve años más tarde, Libertad, la novela que lo consolidó como un peso pesado de las letras y giró alrededor de otra familia: los Berglund. (Un detalle no menor: el pájaro que aparece en la portada de la novela es la reinita cerúlea, un ave en vía de extinción que migra a Colombia todos los inviernos y que ha traído a Franzen, fanático del avistamiento, más de una vez a nuestro país). 

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Al fondo de Jonathan Franzen

Luego vinieron Pureza (2015) y la recién publicada Encrucijadas, que ya cosecha una notable cantidad de críticas elogiosas. ¿Qué es, pues, lo que hace tan especial sus novelas? Ya lo mencioné un poco más arriba: esa profunda exploración de la escena familiar -mas no de las familias disfuncionales porque en realidad todas lo son, en su justa medida- no solo resulta reveladora, sino que nos permite identificarnos en ella. La maestría de Jonathan Franzen consiste en mostrarnos, a través de sus personajes, eso que todos hemos vivido en nuestro propio hogar.

Sus novelas no son otra cosa que espejos. Por eso las familias que crea son universales: con sus amores y odios. Con sus luchas internas. Con lo claro y lo oscuro. 

La manera como Jonathan Franzen ha logrado retratar las contradicciones del ser humano es, quizás, uno de sus grandes aciertos como escritor. Que el lector logre amar u odiar con tal intensidad a sus personajes, como si fueran reales y vivieran por fuera de sus libros, basta para entender el porqué sus obras se leen con tal fruición. A pesar de las 700 páginas, qué más da: ese es un asunto menor.   

*Periodista, editor y escritor de ‘La sombra de mi padre’.

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