“La lucha armada, como forma de crear un país justo, fracasó”, Jorge Orlando Melo

Tras haber escrito uno de los libros de historia más vendidos, el historiador lanzó: ‘Colombia: las razones de la guerra’, en el que hace un recorrido por las razones y justificaciones de los distintos actores armados que han impuesto la violencia extrema en la historia del país.

En entrevista con Diario Criterio, Melo afirma que aquí nadie ha querido aceptar su parte de responsabilidad en la violencia de los últimos 60 años y explica por qué hoy no existen razones para la lucha armada.

Diario Criterio: En Colombia se ha escrito mucho sobre la violencia de los últimos 60 años, incluso se utiliza la palabra violentología para referirse a todo ese conjunto de estudios ¿Por qué escribir otro libro sobre el tema?

Jorge Orlando Melo: Hay una amplia bibliografía al respecto y muchas discusiones sobre las causas de la violencia política en Colombia y el origen de violencia política de los últimos 60 años. Las explicaciones del fenómeno se han condensado en dos argumentos contrapuestos pero que tienen en común la idea de que la violencia es algo impuesto. Tanto quienes han explicado el surgimiento de la guerrilla como el de los paramilitares, han argumentado que respondieron a un ataque, que recurrieron a la violencia porque el otro los obligó.

Diario Criterio: Eso es cierto y es un argumento que se mantiene, incluso en la mayoría de colombianos

J.O.M.: Más de la mitad de los autores de la Comisión para el Esclarecimiento de la Violencia en Colombia sostienen que la gente se armó porque tuvo que responder a la violencia del Estado. Por otra parte, otros afirman que el paramilitarismo surgió porque los propietarios rurales tuvieron que armarse para defenderse de la guerrilla, pues el Estado no los protegía, pero a la larga nadie acepta la responsabilidad y concluyen que la violencia fue una respuesta inevitable a la violencia del otro. Y yo creo que fuera de las causas “objetivas” es muy importante saber cómo justificamos la violencia, porque creemos que es una forma válida de actuar. Ese es mi argumento central.

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Diario Criterio: En ese sentido, ¿quién fue el primer responsable de la violencia, por lo menos en los últimos 60 años?

J.O.M.: En cierto modo hay violencia en Colombia desde hace unos 500 años. Averiguar quién fue el primero, no ayuda mucho, porque todos dicen que contestaron a la violencia de otro: los guerrilleros dirán que el sistema fue el primero, y los defensores del sistema dirán que quien comenzó fue la guerrilla.

Si vamos a averiguar quiénes ejercieron por primera vez la violencia contra un grupo social, diríamos que fueron los españoles contra los indígenas. Desde ahí se inició una tradición de aplicar la violencia. Pero no se hacía de cualquier manera. Había reglas y justificaciones que la hacían socialmente aceptable. Un caso es la violencia en la Independencia. Muchos la veían justa porque querían librarse del yugo español y porque era una respuesta a la violencia de los españoles. Eso es uno de los sustentos de la guerra a muerte declarada por Bolívar. Bajo esa consigna ocurrió un cruento episodio que fue el asesinato de enfermos y heridos en la Guaira, incluidos mujeres y niños.

Diario Criterio: Entonces, para la violencia de las últimas décadas se remonta hasta allá

J.O.M.: No quiero decir que el origen de la violencia que vivimos se encuentra en la conquista o la independencia; quiero poner de presente que cuando se declara la violencia extrema siempre se crean discursos que la justifican. Es un esquema que se ha repetido desde la conquista hasta hoy, con ciertas variaciones. Lo podemos ver con el gobierno, con la guerrilla o con los paramilitares.

En los años sesenta del siglo pasado, el gobierno dijo que luchar contra el comunismo era una causa justa y recurrió a la agresión contra campesinos, a los que se consideraba atrasados e ignorantes. Por su parte, los que apoyaban a los campesinos consideraron justo alzarse por las agresiones del gobierno. Y así cada protagonista construyó su versión para justificar la extrema violencia en los últimos 60 años.

“Y a la larga nadie acepta la responsabilidad y concluyen que la violencia fue una respuesta inevitable a la violencia del otro”.

Diario Criterio: ¿Se podría decir que el primero en encender la chispa de la violencia fue el gobierno?

J.O.M.: El gobierno podía alegar que estaba contestando a la violencia de los liberales, por ejemplo, o de los bandoleros, o de los que se apropiaban de tierras tituladas. La violencia extrema nace de pequeños hechos que se maximizan por la existencia de una teoría, de un argumento, que hace que frente a un incidente violento uno tenga el derecho a responder con violencia Lo que yo quiero mostrar es que tenemos que ir más de la vieja explicación de que la violencia extrema ocurre por una reacción, y que mientras digamos que el que sufre violencia tiene el derecho a aplicarla a otros, la violencia se mantiene. Hay que decir que el hecho de que alguien aplique la violencia justifica su castigo legal, su detención, juicio y condena, pero no la violencia política.

Diario Criterio: ¿ Puede explicarnos un poco más este planteamiento?

J.O.M.: Mire, desde 1949 hubo campesinos que sufrieron la violencia del régimen y que se incorporaron a las guerrillas comunistas, que se conocían como autodefensa. En ese comienzo, no había un plan de tomarse el poder o expandirse o de recurrir al secuestro para financiarse. Todo esto vino luego, cuando algunos líderes adoptaron una teoría política de toma del poder que justificaba la violencia extrema y que se había esbozado en los años veinte.

Algo similar podría verse con los narcotraficantes que crearon el MAS (Muerte a los Secuestradores) como respuesta a los secuestros de la guerrilla. Al poco tiempo se convirtió en un proyecto político de erradicar toda la izquierda. Ese tránsito de una reacción o respuesta a un proyecto político que justificaba la violencia extrema lo hicieron los terratenientes y algunos sectores del gobierno.

Diario Criterio: Entonces buscar el primer responsable es inútil…

J.O.M.: Sí, porque buscar ese primer responsable también es buscar la justificación de la violencia extrema contra el otro. Y repito que mi intención es mostrar que no es aceptable la justificación de la violencia como una reacción. Me parece interesante ver cómo el aumento de la violencia desarrolla dos líneas políticas simétricas y paralelas en el que lo que hace cada uno acaba dando argumentos y fuerza al otro.

Diario Criterio: ¿Cómo así?

J.O.M.: Esas autodefensas campesinas y comunistas se fortalecieron y legitimaron con los ataques del ejército cuando se atacó Villarrica en 1954 y 1955. Luego, Marquetalia y otros sitios de esas guerrillas en 1964 y 1966  dieron pie al proyecto político y militar de las Farc y a la creación de esta agrupación. El Estatuto de Seguridad Nacional en 1978 de Turbay y el bombardeo a Casa Verde en 1991 terminaron fortaleciendo a las guerrillas. De igual manera, cada toma de un pueblo por la guerrilla, cada saqueo a la Caja Agraria, cada secuestro de la guerrilla sirvió para fortalecer a los paramilitares y su proyecto político de exterminar a la izquierda. Cuando empezaron a secuestrar a diestra y siniestra fortalecieron el paramilitarismo. A eso me refiero cuando digo que el uno trabaja para el otro.

Diario Criterio ¿Por qué usted dice que ahora no hay razones para la lucha armada?

J.O.M.: Porque ambos proyectos perdieron su fuerza. La lucha armada como forma de crear un país justo no logró nada. La negociación de paz entre el gobierno y las Farc significó que a esta guerrilla le tocó negociar dentro del sistema político que quería derrocar y no pudo. Los movimientos guerrilleros no triunfaron porque se basaron en una ilusión que costó mucho en vidas.

Esta ilusión se sustentaba en la argumentación sin bases de que el sistema político y económico estaba al borde del fracaso total, que tenía contradicciones irresolubles que darían con su fin. Esta afirmación que se basaba en una descripción aparentemente científica que proveía el marxismo, usando una muy incompleta y convirtiendo los deseos en realidad.

“Los movimientos guerrilleros no triunfaron porque se basaron en una ilusión que costó mucho en vidas”.

Diario Criterio: ¿No hay posibilidades de que surjan razones para emprender de nuevo la lucha armada y la violencia política?

J.O.M.: No solo no hay argumentos que sustenten la lucha armada, sino que, si se intentara una vez más, volveríamos a tener una catástrofe. No existe una población que crea que vale la pena establecer un sistema socialista mediante la guerra. Los que protestan contra las injusticias sociales, que son muchos, no piensan que la lucha armada vaya darle el poder a la izquierda. Ya nadie alega que debemos prepararnos para una lucha armada prolongada, o solo grupos muy pequeños En términos reales, lo de la Segunda Marquetalia, lo del ELN, no tiene muchas oportunidades.

Diario Criterio: Pero en los sesenta y ochenta del siglo pasado, la Revolución cubana y la Revolución sandinista mostraban que si era posible tomarse el poder…

J.O.M.: Esos eran los modelos, pero tomemos a Cuba. La guerra revolucionaria de Fidel para crear una sociedad que se suponía iba a ser más justa sirvió de inspiración. Pero lo que sucedió en la isla también hizo que la revolución fuera poco atractiva para la mayoría de la población colombiana. Nicolás Buenaventura, líder histórico del Partido Comunista, contaba que cuando visitaba a los campesinos a hablarles de la revolución, ellos le decían que no le jalaban a la cuestión porque ellos no querían colectivizar la tierra, sino que les dieran la propiedad de la tierra. Creo que la tragedia fue basarse en una ilusión. Si los hechos de Cuba y Nicaragua eran la materialización de un ideal, lo cierto era que la chispa de la revolución en América Latina no se iba a prender porque los campesinos y los obreros le no le jalaban a ese proyecto.

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Diario Criterio: ¿Eso explica que en las décadas de los 60 hubo gente de la izquierda que le dijo no a la lucha armada?

J.O.M.: No fueron muchos. Efectivamente hubo poca gente de izquierda que negó la lucha armada, pero esa no fue la razón para hacerlo. Para la época había distintos análisis, pero si usted mira ve que se basaban en argumentos derivados de las verdades sagradas de la izquierda. En el año 63 yo fui militante de un partido que se disolvió precisamente por la discusión sobre la lucha armada: el Partido de la Revolución Socialista, orientado por Estanislao Zuleta y Mario Arrubla.

Palabras más, palabras menos, todos los partidos de izquierda creíamos que el sistema estaba a punto de quebrarse y que había que prepararse para la toma del poder. La discusión radicaba en si se tomaba las armas para adelantar la caída del sistema o si se hacía cuando se cayera. En el PRS, los militantes de base optaron por empuñar de inmediato las armas e hicieron listas de secuestros para financiar la organización. La dirección del partido se negó porque era darle argumentos al gobierno para justificar la represión contra la izquierda. Y ese argumento, el del legitimar las posiciones antiizquierdistas, fue fundamental entre los que se opusieron a la lucha armada. Casi nadie estuvo en contra de la lucha armada por principio, porque contradecía al núcleo del sueño emancipador del marxismo, sino por las consecuencias, sino porque provocaba más represión del sistema.

Jorge Orlando Melo se puso ahora a la tarea de explicar las causas de las violencias. Cortesía: Editorial Planeta.

Diario Criterio: ¿Hubo alguna responsabilidad de los intelectuales de izquierda en la violencia de los últimos 60 años?

J.O.M.: Mas que responsables, los intelectuales también fueron víctimas de la ilusión que comenté. Hubo algunos que desarrollaron la justificación de la lucha armada, pero no fueron muchos, la mayoría se quedaron fuera del paseo. Los intelectuales que se sumaban a la guerrilla y defendían la lucha armada muchas veces lo pagaron con la vida, como sucedió en el ELN, que fusiló a muchos militantes, como a Jaime Arenas.

Para mí lo interesante es entender por qué los que no estaban de acuerdo no dijeron nada. Yo creo que eso sucedió porque en la época el marxismo se veía como una especie de teoría científica irrefutable cuya verdad, la lucha de clases, había sido demostrada en la historia. Decir públicamente que se estaba en contra de la lucha armada, si uno pensaba que estaba con el pueblo, contradecía el dogma de la época y pronunciarse en contra de un dogma significa también rechazos y exclusiones.

Hay otra razón moral. Irse al monte a empuñar las armas se veía como un acto heroico. Criticar a un héroe que entregaba su vida por una idea altruista de una sociedad más justa, era considerado una cobardía. De hecho, acá a los comunistas que creían en la revolución pero no en la lucha armada se les llamó despectivamente mamertos.

“Criticar a un héroe que entregaba su vida por una idea altruista de una sociedad más justa, era considerado una cobardía”.

Diario Criterio: También se les podía acusar de estar con el gobierno…

J.O.M.: Efectivamente,el otro argumento para que esos intelectuales se quedaran callados era que temían ser tildados de hacerle juego al enemigo. Casi siempre cuando alguien atacaba la lucha armada, sus copartidarios decían: “este tipo se pasó al otro bando“.

Diario Criterio: Lo que se ve en su libro es que históricamente, no vemos al contradictor como una persona con la que se puede debatir, sino que lo degradamos al nivel de enemigo que hay que exterminar ¿Por qué no hemos podido salir de ese círculo vicioso?

J.O.M.: Primero hay que decir que declarar al otro enemigo es una estrategia que se utiliza en todo el mundo pero que no llevan tan fácilmente a la violencia mortal, como en Colombia. Acá odiar al enemigo hasta el punto de querer eliminarlo se debe a que el país ha sido profundamente autoritario, jerárquico y religioso. Mire, acá la mayoría cree en verdades absolutas, ni siquiera los liberales del siglo XIX que defendían la libertad de opinión se escapan de pensar que su ideología era la única y verdadera.

Ese pensamiento, que tiene que ver mucho con lo religioso, lo heredó la izquierda, y por eso la militancia de izquierda en los sesenta y setenta era como pertenecer un culto religioso. Aquí pensamos en verdades absolutas que nos hacen ver al otro como enemigo. Aquí pensamos que conducir una sociedad no es el resultado de la suma de voluntades individuales diferentes, sino que hay que partir de una verdad única, que los otros que están fuera de ella, están en el error. Es una concepción bastante religiosa del asunto, de la que no se salvó la izquierda.

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Diario Criterio: ¿La violencia que vivimos en la actualidad es el inicio de un nuevo ciclo? ¿Estaremos condenados a vivir otros 60 años de violencia? 

J.O.M.: Yo creo que la violencia es parte del ciclo anterior y que va a sobrevivir un buen tiempo porque hay varias razones para que continúe. Está el negocio de la coca, las bandas residuales de las Farc y las otras bandas criminales. Pero considero que esa violencia no se rencauchará en una violencia política.

Diario Criterio: Muy optimista su futuro…

J.O.M.: No es que sea optimista porque considero que la violencia va a seguir, pero la idea de tomarse el poder por las armas no volverá a prosperar.

Diario Criterio: ¿Qué opina de la Comisión de la Verdad?

J.O.M.: Está haciendo un trabajo con mucho cuidado, está oyendo mucha gente y está confrontando distintos relatos. Eso es bueno, pero no creo que pueda llegar a una conclusión que tenga un impacto inmediato, porque no cuenta con el apoyo real de las autoridades. La importancia de lo que va a decir la Comisión de la Verdad radica en que va a contribuir a aclarar el debate político de lo que aquí ha sucedido. Creo que la Comisión ayudará a que haya debates más abiertos y tranquilos que muestren las complejidades de la realidad y de la violencia en el país.

Tenemos que llegar al punto de poder decir de manera abierta que el Estado se ha comportado de forma muy violenta y a veces delincuencial, pero también decir que la guerrilla ha sido muy violenta. Sobre todo, tenemos que llegar a un punto en que debemos dejar de explicar la violencia como algo que viene de los demás, del otro, o como una herencia inevitable.

“La violencia va a seguir, pero la idea de tomarse el poder por las armas no volverá a prosperar”.

Foto: Editorial Planeta

6 Comentarios

  1. Que buena entrevista
    Dan muchas ganas de leer el libro por los conceptos que dá el escritor y a propósito de nuestra actualidad

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