Elecciones 2022: el reto de los jóvenes es pasar de las calles a las urnas

La polarización del país también se ha reflejado en el rol político que los jóvenes han ejercido, no solo desde la protesta social, sino desde diferentes espacios de participación. Para muchos la gran pregunta es si este protagonismo los llevará a las urnas en 2022.

Que los jóvenes son apáticos con la realidad de su país. Que son los que propiciarán los cambios reales. Que ellos no se apropian de las causas. Que este es su momento. Algunos los llaman “el futuro prometedor”, otros los reducen a “vándalos”. Dos posiciones que, como siempre, reflejan la polarización del país.

Más allá de estas divisiones, hay una verdad que no se puede negar: los jóvenes se han tomado las calles, en los últimos meses, para manifestar su inconformismo con el rumbo del país. Muchos de ellos han acudido a “la plaza pública”, resumiendo sus motivos en una frase: “Ya no tenemos nada que perder”.

Su participación en el reciente estallido social es innegable. Un ejemplo de ello es que el 63 por ciento de los jóvenes se ha manifestado de alguna forma en el reciente paro nacional, de acuerdo con los datos revelados por la Gran Encuesta Nacional sobre Jóvenes, publicada en mayo de este año por la Universidad del Rosario, Cifras y Conceptos y El Tiempo

Parte de sus preocupaciones se han centrado en temas educativos, una economía más igualitaria, oportunidades de empleo, una reforma a la policía y más avances en el proceso de paz, rechazando, al mismo tiempo, al Gobierno nacional y la violencia.

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Estas motivaciones, sin duda, marcaron un hito en la historia reciente, pues se desmarcaron de las típicas movilizaciones que se iniciaban un día y terminaban al siguiente. De acuerdo con Geraldine Bustos, politóloga y profesora de la Universidad de La Sabana, experta en conflicto, esto tuvo que ver con dos razones principales: el descontento social frente a varias medidas tomadas por el Gobierno y el cambio de dinámicas generado por la pandemia.

“En los jóvenes la situación ha tenido un eco especial con, por ejemplo, la pérdida de trabajo y disminución de  ingresos que no solo los afectaron directamente, sino que también tocó a sus familias. La pandemia también cambió las dinámicas. Antes los jóvenes tenían otros espacios de reunión, el virus hizo que se redujeran a la virtualidad. El paro se convirtió en un espacio de encuentro”, explicó a Diario Criterio.

Para Sebastián Villate, joven activista y asesor en el Concejo de Bogotá, la presencia de los jóvenes en las calles tiene que ver con una molestia de mucho tiempo atrás. “Antes del paro del 28 de abril, los jóvenes ya pedían, entre otras cosas, mejores condiciones educativas como la matrícula cero. La población está cansada, quiere un cambio real. Y no quiere que este descontento se reduzca a un candidato presidencial”, dijo a Diario Criterio.

Sobre esta última afirmación, también se ha centrado parte del debate. Por ejemplo, muchos han afirmado que detrás de las movilizaciones podría estar Gustavo Petro, a quien se le acusó de financiar a la primera línea y promover los hechos de vandalismo. La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, expresó en un comunicado que “actores del petrismo han radicalizado a los jóvenes”.

En este sentido, protagonistas del paro han compartido el punto de vista de Villate, pues les parece injusto que su lucha, “de la que se han apropiado desde hace ya varios meses”, sea reducida a un político.

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La participación desde el fenómeno de la primera línea

Usando escudos y vestidos con cascos, guantes y gafas, grupos de jóvenes han salido a las calles a “resistir”, desde el paro nacional de 2019, defendiendo a los ciudadanos que se encuentran en medio de las confrontaciones.

Estas agrupaciones (porque el concepto no hace referencia a una sola juntanza) son una emulación de lo sucedido en Chile y Hong Kong, donde en medio de las protestas los jóvenes se unieron para oponerse a la represión policial.

Su función no solo ha sido enfrentarse a las unidades de la policía y el Esmad. Un ejemplo de ello es la primera línea de Fontibón, que ha centrado su “resistencia” en una labor más social y de comunidad.

A pesar de estas acciones, su cometido se ha desdibujado con el surgimiento de distintas agrupaciones bajo el mismo concepto [primera línea], caso que se vive en Bogotá, con una representación distinta de este fenómeno por localidad. Esto ha permitido, al mismo tiempo, que se les relacione con violencias como la del asesinato de un motociclista cerca del Portal Américas, con un cable que había sido atravesado en la calle.

Usando escudos y vestidos con cascos, guantes y gafas, grupos de jóvenes han salido a las calles a “resistir”
Usando escudos y vestidos con cascos, guantes y gafas, grupos de jóvenes han salido a las calles a “resistir”. Foto: AFP.

Las formas en las que hacen política

La participación de los jóvenes en política no solo se ha limitado a las calles, pues se ha visto desde distintos escenarios. Uno de ellos es su llegada a cargos de elección popular. El caso de Bogotá, según describió el líder Villate, es un buen ejemplo puesto que empieza a verse una renovación juvenil con concejales como Sara Castellanos (Partido Liberal), Heidy Sánchez (Colombia Humana) y Luis Carlos Leal (Alianza Verde).

Justamente, para el concejal Leal, el hecho de que los jóvenes participen en estos roles hace que “sea posible cambiar la realidad de muchos sectores”, que no ha sido transformada, quizá, “por falta de voluntad política”.

Este fue su caso. Como médico, fue testigo de las precariedades del sistema de salud, que, en sus propias palabras, no solo es inadecuado para la población en general sino también para los trabajadores que hacen parte del sector.

“No encontraba las garantías para ejercer mi profesión. Cuando me estaba formando como residente tuve la oportunidad —como miembro y presidente de la Asociación Nacional de Internos y Residentes— de participar en la creación de la ley 1917 de 2018, que fue la que garantizó que se le diera un estipendio a quienes se estaban formando como especialistas, lo que claramente mejora las condiciones. Ahí vi que era posible un cambio”, narró a Diario Criterio.

Otros escenarios (“alternativos”) en los que también tienen incidencia los jóvenes son la veeduría ciudadana, los movimientos estudiantiles en las universidades e incluso las redes tejidas alrededor de las mujeres y las causas animalistas, entre otras. Algunos de estos mecanismos se encuentran contemplados en la Ley 1757 de 2015.

De acuerdo con Estefanía Daza, miembro de la Red Colombiana de Líderes Juveniles (Kolumbien) e investigadora en paz y desarrollo, estos espacios de participación “tienen una incidencia muy grande en la forma de hacer política. Desde los movimientos, por ejemplo, se genera un contrapoder que hace que se logren cambios que puedan beneficiar a las comunidades”, dijo a Diario Criterio.

Ella ha sido testigo de estas manifestaciones en Kolumbien, donde cada año se desarrollan “proyectos y espacios de transformación que desde lo local aportan, ya sea a la construcción de paz, a la protección del medio ambiente o al liderazgo juvenil”, explicó.

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Esta no es la primera vez que propician el cambio

La situación en 1990 no era muy diferente a la actual, pues el cansancio general se sentía y era fruto de una tasa de homicidios en incremento, innumerables atentados contra la población civil y una dura guerra contra los carteles del narcotráfico.

Ante este panorama, se gestó desde universidades públicas y privadas un movimiento político y social: la Séptima Papeleta. Se trató de la promoción de una papeleta electoral adicional a las seis oficiales (en las elecciones de marzo de 1990), con el fin de impulsar la convocatoria de una Asamblea Constituyente en Colombia, pues a su parecer, la carta magna de entonces resultaba obsoleta para enfrentar los nuevos retos en materias relacionadas con los derechos humanos y la paz.

Este impulso, junto a otros factores, dio como resultado el nacimiento de la Constitución de 1991, también conocida como la Constitución de los Derechos Humanos.

En 1990 los jóvenes participaron de forma activa en la Séptima Papeleta
En 1990, se gestó desde universidades públicas y privadas un movimiento político y social. Foto: AFP

Sin ir muy atrás, hace cinco años, los jóvenes también intentaban cambiar el panorama que se les dibujó luego del 2 de octubre de 2016, cuando triunfó el No en el plebiscito del acuerdo de paz entre el Gobierno y la entonces guerrilla de las Farc. Tres días después, los jóvenes salieron a las calles, sobre todo a las plazas centrales de varias ciudades, para reclamar una cosa: ¡el Acuerdo ya!

Solo en Bogotá, los estudiantes convocaron a más de 30.000 personas para presionar que los militantes de las dos posturas (los del Sí y los del No) llegaran a una resolución. En ese momento, los jóvenes también hicieron uso de las redes sociales, que se convirtieron en una vitrina de sus peticiones, con numerales como #LaPazEsImparable.

La principal motivación detrás de esta manifestación de indignación tuvo que ver con que, aunque el No ganó en el plebiscito (con el 50,21 por ciento de los votos), en los más jóvenes pareciera que el Sí hubiera sido el vencedor. Así fue, por ejemplo, en Bogotá, de acuerdo con un estudio publicado este año por la Universidad de La Sabana.

En el documento, los investigadores presentaron dos datos relevantes que apoyan la anterior afirmación: el 75,9 por ciento de los jóvenes de la ciudad participaron en los comicios y la mayoría votó por el Sí (71,1 por ciento).

Entonces, ¿irán los jóvenes a las urnas en 2022?

Luego de las masivas movilizaciones de este año, el país vio el retiro del proyecto de reforma tributaria que había generado tanto malestar, sobre todo en la clase media. A pesar de esta situación, calificada como “un logro de la protesta social”, hay quienes señalan que el estallido liderado por los jóvenes no se va a traducir en un cambio real, por lo menos en cuanto asistencia a las urnas en las próximas elecciones presidenciales.

Sin embargo, para el activista Villate, la participación política de los jóvenes ha venido incrementando de forma paulatina, lo que podría dibujar un panorama positivo para los próximos comicios, puesto que la juventud “ha entendido que los cambios se generan desde adentro y que deben tener una participación real en la toma de decisiones”.

La investigadora Daza comparte esta opinión, partiendo de lo que ha podido ver desde su experiencia. “Los jóvenes sí votan, una cosa muy diferente es que sientan que no existe una representación. Siempre está esa connotación de que el joven es apático a la política, pero esto es contradictorio. Vimos en las últimas elecciones que sí votan y vimos también en la Séptima Papeleta que la juventud fue bastante proactiva”.

Si bien la Séptima Papeleta y el Plebiscito exaltaron la injerencia de los jóvenes, estos eventos no se pueden comparar con las elecciones que se realizan cada cuatro años, de acuerdo con la politóloga Bustos. “Esos fueron momentos excepcionales y no son comparables con las elecciones, puesto que tienen lógicas de adhesión y de compromiso distintas. En las elecciones de cada cuatro años es más común ver esa poca participación en los jóvenes, porque no creen que quienes vayan a gobernar lleguen a propiciar algún cambio”, dijo.

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Sobre esto, de acuerdo con las cifras oficiales, desde las elecciones de 2010 el abstencionismo ha venido disminuyendo. Para ese año, el porcentaje de no participación (de toda la población colombiana) era del 55,65 por ciento, para el 2014 era de 52,03 y para las últimas elecciones presidenciales (2018) fue del 46,96 por ciento.

En su momento, Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), manifestó a El Tiempo que este aumento de participación en los comicios estaría relacionado con dos motivos: la existencia de dos ideas de país completamente distintas y que los jóvenes empezaron a comprometerse con los procesos electorales.

Votaciones
Desde las elecciones de 2010 el abstencionismo ha venido disminuyendo. Foto: AFP.

Para el concejal Leal, este sentir de los jóvenes es legítimo puesto que “las instituciones les han fallado”. En ese sentido, manifiesta que muchos de ellos están planteando una salida a lo que se vive y “lo que hemos dicho es que la respuesta es cambiar el gobierno por uno que sí escuche”.

Sin embargo, agregó que no es solo importante que los jóvenes se involucren en los discursos y manifestaciones políticas, sino que también deben hacerlo con una mirada crítica. “Hay jóvenes que vemos que actúan peor que cualquier otro viejo en política, que tienen las mismas mañas, intereses y el mismo desconocimiento por el sentir colombiano”, dijo.

A ocho meses de las elecciones, todo es incierto. Mientras los candidatos presidenciales se debaten entre propuestas y posiciones en el espectro político, la sociedad colombiana sigue descifrando qué candidato podría ser el adecuado para dirigir el país en los próximos cuatro años. Los jóvenes, que en su mayoría se han desprendido de las formas tradicionales, se alzan como la esperanza que propiciaría la trasformación.

En mayo de 2022 sabremos si esto sucederá.

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