Juan Gustavo Cobo Borda y su legado para la cultura colombiana

El poeta, ensayista, crítico literario y editor colombiano falleció este lunes a los 73 años.

El mundo cultural y literario de Colombia le debe mucho a Juan Gustavo Cobo Borda, el escritor y gestor cultural bogotano que falleció este lunes a sus 73 años (estaba muy cerca de cumplir los 74). Algunos tal vez lo reconozcan como poeta de la llamada “generación sin nombre“, otros como diplomático y funcionario público, unos más como experto de literatura colombiana (y latinoamericana), y muchos como el editor que sacó adelante algunas de las revistas culturales pioneras en Colombia y las colecciones de libros más recordadas de Colcultura. Pero Cobo Borda fue todo eso al mismo tiempo y mucho más.

Nacido en 1948, de una familia conformada por un exiliado de la Guerra Civil Española y una mujer de la sociedad bogotana, intentó estudiar derecho, filosofía y hasta idiomas, pero lo suyo siempre había sido la literatura, desde que descubrió la biblioteca de su casa. Por eso, su carrera como gestor cultural comenzó como librero en la Librería Buchholz y de ahí pasó a ser editor, primero de una pequeña editorial donde publicó su primer poemario (escribía poemas desde que estaba en el colegio) y el de su amigo Darío Jaramillo Agudelo, y luego de la revista Eco.

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En esa revista, una de las pioneras del periodismo cultural en Colombia, fue director durante un poco más de diez años, entre 1973 y 1984. Por esa misma época comenzó a trabajar en Colcultura (Instituto Colombiano de Cultura), la entidad predecesora del actual Ministerio de Cultura, y se dedicó a editar colecciones de libros (la Biblioteca Básica, la Colección de Autores Nacionales, la Colección Popular y la Biblioteca Familiar Colombiana). Gracias a él, varios autores nacionales, que de otra forma no habrían podido, publicaron sus libros.

En Colcultura, también tuvo un trabajo clave en la aprobación de la Ley del Libro y en la creación del Ministerio de Cultura. Y además, fue agregado cultural en las embajadas de Colombia en Argentina y España, así como embajador en Grecia. Pero en todo ese tiempo Cobo nunca dejó de escribir y publicar sus propios libros. Además de los de poesía, escribió muchos ensayos y análisis sobre literatura y arte.

Cobo Borda joven. Foto_ Banco de la República
Cobo Borda joven. Foto_ Banco de la República

Dentro de su prolífica obra, de hecho, se cuentan libros como La otra literatura latinoamericana (1982), Antología de la poesía hispanoamericana (1985), Letras de esta América (1986), Todos los poetas son santos e irán al cielo (1987), Almanaque de versos (1988), Tierra de fuego (1988), José Asunción Silva. Bogotano universal (1988), La narrativa colombiana después de García Márquez (1989), Álvaro Mutis (1989), Germán Arciniegas (1992), El coloquio americano (1994), Para llegar a García Márquez (1997) o Borges enamorado (1999).

Cobo Borda, quien en los últimos años se había alejado de los lentes (aunque nunca de los medios con los que siguió colaborando) debido a una esclerosis múltiple, alcanzó a recibir varios homenajes en vida. En 2016 le dieron un doctorado Honoris Causa de la Universidad Central y hace unas semanas la Biblioteca Nacional –de la cual fue subdirector– le hizo un homenaje a su vida y obra, con una exposición llamada La fiesta de la palabra, curada por su amigo (también miembro de la generación sin nombre) Federico Díaz-Granados, que aún se puede visitar en ese lugar.

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El día que asistió a la Biblioteca Nacional para ver con sus propios ojos esa exposición puede considerarse también, por cuestiones del destino, su despedida pública. Una más que merecida: un centenar de admiradores y amigos lo aplaudieron mientras en las paredes de la institución reposaban pruebas y muestras de todo lo que Cobo Borda hizo por la cultura colombiana.

Foto de apertura: Politécnico Grancolombiano

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