Presidentes al banquillo: historia de los juicios a los mandatarios en Colombia. Parte II

Aunque se dice que Colombia es la democracia más estable de América Latina, porque solo ha tenido dos breves dictaduras, la historia tejida alrededor de los juicios a los presidentes revela lo contrario.    

Colombia recibió el siglo XX en medio de la confrontación civil más sangrienta desde la independencia: la Guerra de los Mil Días; y con un golpe de Estado en contra de Manuel Antonio Sanclemente. Ese clima de inestabilidad política, que menguó en las dos primeras décadas de ese siglo, fue la regla durante toda la centuria. Y los juicios enfrentados por algunos mandatarios encarnaron esa situación. Estas son las historias.

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Un empeño que salió caro

Marco Fidel Suárez ha sido uno de los personajes más interesantes que ha ocupado la presidencia del país, no solo porque siempre sale a relucir su pasado humilde, sino por su destacada vida académica y política. Incluso vivió el dolor de perder a su hijo durante la pandemia de gripe española de 1918.

Hijo de una lavandera y vendedor de amasijos hechos por ella cuando era pequeño, Suárez luchó contra un destino que lo condenaba a ser un don nadie por su origen social y pudo convertirse en uno de los políticos más importantes del Partido Conservador. Sin embargo, la suerte y el empeño no le sirvieron de nada para evitar ser el primer presidente del siglo XX en afrontar un juicio político en el Congreso de la República y renunciar al cargo.

Su caída es uno de los hechos históricos más curiosos del siglo XX. Hizo lo que ningún presidente o pocos funcionarios públicos hacen: renunciar cuando sus actos son juzgados, ni siquiera por ilegales, sino por poco éticos. Independientemente de su culpabilidad, el viejo Suárez (en 1921 contaba con 66 años) también fue víctima de la voracidad de jóvenes políticos que por esa época buscaban hacerse un espacio en la política nacional. Uno de ellos, Laureano Gómez, de tan solo 32 años.

La rivalidad en contra de Suárez comenzó en 1918, cuando él le ganó las elecciones al poeta Guillermo Valencia, candidato del conservatismo, apoyado por los jóvenes de la Generación del Centenario y uno que otro veterano liberal. A medida que pasaban los años la situación del país empeoraba. Huelgas, represión y crisis económica caracterizaban el mandato del político ultracatólico. En 1919, la enemistad aumentó con la solicitud de Suárez a los dueños del Banco Mercantil Americano de Nueva York de remover a Alfonso López Pumarejo y a Luis Samper Sordo de la dirección de la sucursal de Bogotá. Aunque de partidos opuestos, en ese momento López y Gómez eran amigos entrañables.

Los jóvenes políticos querían la caída de Suárez y Laureano asumió el papel de verdugo. Dos años después se conoció que, en 1919, Suárez había empeñado su sueldo y la mitad de los honorarios por representación, a cambio de un préstamo en el Banco Mercantil. Era la oportunidad perfecta. El 26 de octubre, Gómez, quien era representante a la Cámara, le hizo un debate al mandatario por este y otros presuntos cargos inmorales e ilegales: pedir otros créditos empresarios extranjeros como condición para hacer negocios con el Estado, crear puestos sin autorización, prestar papel al periódico de sus afectos y gastos excesivos en la administración.

La diatriba de Gómez fue contundente y las explicaciones del líder conservador no sirvieron de nada. Al final, una comisión, nombrada para investigar las denuncias, decidió acusar a Suárez por cometer “una serie de actos indecorosos e ilegales, que no hay memoria que los hubiese ejecutado en épocas normales ninguno de los presidentes de Colombia; y que no se habría atrevido a ejecutar ni el vencedor de las Galias. Derrotado, el hijo de la lavandera dejó la presidencia el 11 de noviembre de 1921.

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Cerrar el Congreso para evitar un juicio

En 1949 Colombia vivía un caos generalizado. La violencia política se encontraba en su zenit, luego de la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948. Mariano Ospina Rodríguez ocupaba la presidencia desde 1946 y para evitar que El Bogotazo, que algunos autores prefieren llamar El Colombianazo, se convirtiera en una revolución que tumbara su gobierno volvió a constituir un gobierno de Unidad Nacional con los liberales, como lo había hecho cuando asumió el mandato.

En medio de la polarización y la brutal violencia, la endeble luna de miel entre ambos partidos se rompió y los liberales enfilaron baterías para ganar las elecciones a la Cámara de Representantes de junio (las de Senado se habían hecho en 1947 y el liberalismo era mayoría). Contra todo pronóstico lograron su cometido y obtuvieron 69 curules, 6 más que los conservadores.

Con el control del poder legislativo, el Partido Liberal quería establecer condiciones que le permitieran tener alguna posibilidad de ganar las elecciones presidenciales. Así que presentaron un proyecto de ley que adelantaba los comicios de junio de 1950 a noviembre de 1949. Ospina y los conservadores se opusieron. En medio de una discusión de las objeciones al proyecto liberal, en la madrugada del 8 de septiembre se presentó un tiroteo en el Congreso en el que murieron los liberales Gustavo Jiménez Jiménez y Jorge Soto del Corral.

Dos meses después, el Partido Liberal intentó enjuiciar a Ospina y le avisaron a miembros de su gabinete que armarían una comisión para llevarla a cabo. El presidente se adelantó y el 9 de noviembre envió a la policía a ocupar el Congreso y horas después emitió el decreto 3518 en el que declaraba el Estado de Sitio con la excusa de que “en varias regiones del país, se están consumando graves atentados contra el orden público, que han llegado en algunas de ellas al ataque a las autoridades legítimamente constituidas”. También estableció la censura de la prensa y de la radiodifusión.

El congreso duró cerrado nueve años hasta que en 1958 se hicieron las elecciones legislativas, tras el establecimiento del Frente Nacional.

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Juicio a un dictador

En 1953, liberales y conservador fincaron sus esperanzas en el general Gustavo Rojas Pinilla para salvar a la “patria” de la violencia partidista. Su golpe de Estado fue cebrado por todos, menos por Laureano Gómez, el presidente derrocado. Sin embargo, un año después el romance de los políticos de ambos partidos con el general comenzó a resquebrajarse. Pese a haber logrado la paz con algunas guerrillas liberales, sus intenciones de formar una alternativa política y de querer ampliar su mandato llevaron a los patriarcas Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez (que se encontraba en el exilio) a dejar a un lado sus diferencias y unirse para tumbar a Rojas.

A la iniciativa se sumó la mayoría de la sociedad colombiana, incluso los comunistas, que habían sufrido durante los años de la dictadura de una implacable persecución. Por su puesto, Rojas en sus años de gobierno logró formar una base de apoyo, conformada por conservadores alzatistas y ospinistas y por personas que habían sido beneficiadas con los programas sociales del presidente, pero no le fue suficiente para evitar su caída.

Tras un paro nacional, en el que participaron estudiantes, banqueros, empresarios, trabajadores y comunistas, el 10 de mayo de 1957 Rojas anunció su salida de la presidencia y de inmediato viajó al exilio a España. A finales del año, los colombianos asistieron a las urnas para aprobar el nuevo pacto entre liberales y conservadores, conocido como el Frente Nacional.

Así, en 1958, la presidencia de Lleras Camargo inauguró una nueva era en la política colombiana, en la que se buscaría la reconciliación entre los dos partidos. Reconciliación en la que quedaba fuera Rojas. Una vez se puso en marcha, el Frente Nacional comenzó las gestiones para enjuiciar al general exiliado.

En octubre de 1958 Rojas regresó para afrontar el juicio en el Senado, que se extendió hasta marzo siguiente cuando lo declararon indigno por enriquecimiento indebido y por “mala conducta en el ejercicio del cargo de presidente de la república”. Rojas perdió sus derechos políticos de por vida, pero no fue privado de la libertad. Entretanto, sus seguidores formaron la Anapo y en 1963 el general volvió a hacer política gracias a que las altas cortes tumbaron la condena, decisión que fue ratificada en 1967.

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Un juicio y un elefante

En 1991 el país celebraba la promulgación de una nueva Constitución Política, considerada la solución a la profunda crisis que vivió el país a finales de la década de 1989. La carta magna significó una apertura democrática y la ilusión de depurar la práctica política. Desafortunadamente, el narcotráfico estaba en auge y había penetrado casi todas las esferas del Estado y las campañas políticas no eran la excepción.

Luego de perder las elecciones ante el liberal Ernesto Samper, Andrés Pastrana afirmó que su contrincante había recibido una millonaria suma de dinero por parte del Cartel de Cali. Su prueba reina eran unos casetes en donde se escuchaba a miembros de la organización criminal hablando de la financiación a la campaña de Samper. La noticia formó un escándalo de proporciones monumentales que llegó a las puertas de la Casa Blanca.

En 1995 la Fiscalía asumió el caso y la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes emprendió las indagaciones. En un principio, a finales de ese año, los congresistas determinaron que no había pruebas suficientes para acusar al presidente. Sin embargo, en enero de 1996, el testimonio de Fernando Botero Zea dio pie a la reapertura del proceso. Según el exministro de Defensa, Samper conocía sobre la entrada de los dineros del narcotráfico.

“Aquí estoy y aquí me quedo”,

CélEbre frase de Ernesto Samper

El juicio en la Cámara de Representantes fue intenso. Pese a las presiones de opositores políticos, de la prensa y de Estados Unidos, Samper no dio su brazo a torcer y mantuvo su decisión de no renunciar. “Aquí estoy y aquí me quedo”, decía constantemente. En la Cámara de Representantes, escenario de juicio, se presentaron fuertes debates sobre la culpabilidad o inocencia del presidente. Luego de 10 sesiones, 111 congresistas votaron a favor de la absolución frente a 43 en contra. Mientras Samper era declarado inocente, los miembros más importantes de la campaña eran condenados por recibir dineros producto del narcotráfico.

4 Comentarios

  1. No se de donde sacan eso de Colombia ha sido siempre una democracia. La historia no oficial y la realidad dice otra cosa. El cartel de las mismas familias desde hace 100 años usufructuando y atenidos del Estado fallido. Solo corrupción, estados de sitio, y estados de excepción, esto no es ninguna democracia

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