El almuerzo de los conspiradores (crónica de los sucesos del día que casi fui viral)

El jueves 28 de octubre fui invitado a un almuerzo organizado por la Editorial Planeta con motivo del lanzamiento de un libro de Gustavo Petro en la Feria del Libro de Cali. Asistimos al restaurante Platillos voladores Petro, Juan David Correa, editor de Planeta; Andrés Sarmiento, el director de la Feria; Betsimar Sepúlveda, directora del Festival Internacional de Poesía de Cali; María Antonia Pardo, directora de comunicaciones de Petro, y el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, que asistía en su calidad de patrocinador de la Feria, supongo, o por afinidades políticas con Petro.

(Ospina es hijo de Iván Marino Ospina, el asesinado líder guerrillero del M-19. Paréntesis dentro del paréntesis: Colombia es el único país de la historia donde el robo de las elecciones a un exgeneral de derecha que masacró estudiantes, Gustavo Rojas Pinilla, provocó la creación de un movimiento guerrillero de izquierda).

En el curso del almuerzo, Jorge Iván Ospina, cuya administración va del gris rata a la oscuridad profunda, nos habló de sus maravillosas gestiones como alcalde. Betsimar Sepúlveda cambió el tema y yo di gracias al cielo porque los informes de gestión me ocasionan depresiones profundísimas.

Lea más en Diario Criterio: ¿Mala leche caleña contra Gustavo Petro?

El nuevo tema fue el Paro Nacional, pero fue peor: Ospina nos dijo sin ruborizarse que un día de mayo (el estallido social retumbaba en el mundo) había encuellado al general Zapateiro para recriminarlo por los excesos de fuerza de la Policía. Los demás comensales nos miramos incrédulos. ¿Era este rebelde Ospina el mismo que les dijo a los indígenas que regresaran a sus tierras y que no incomodaran a los caleños de bien? ¿Era este fiero Ospina el mismo que soportó con histórica mansedumbre el golpe de Estado, o de municipio, que le asestaron Duque y Zapateiro?

Para ser justos, hay que reconocer que Cali fue el epicentro del estallido, que la situación fue complejísima y que Ospina ha venido corrigiendo luego su lamentable actuación.

Luego, Juan David Correa nos explicó cosas del tejemaneje editorial, y Sarmiento y Sepúlveda hablaron de ferias y festivales. Petro habló poco. Me dio la impresión de que es un señor tímido. O sereno.

La sorpresa vino luego, hacia las cuatro de la tarde, cuando Catalina Ortiz publicó un trino con una foto del almuerzo, tomada desde afuera del reservado:

De izquierda a derecha: Juan David Correa, Betsimar Sepúlveda (de espaldas), Hollman Morris, Gustavo Petro y Jorge Iván Ospina.

El trino decía: “Que no quede ninguna duda de la afiliación del Alcalde @JorgeIvanOspina. Circula por redes foto de almuerzo de hoy en Cali con @petrogustavo y @HOLLMANMORRIS. ¿Será que Petro va a gobernar el país como JIO a Cali? Dios nos libre…”.

Petro y Ospina en la misma foto era una noticia jugosa, sin duda, y las redes estallaron. Se habló de conspiraciones, de una cumbre del Foro de Sao Paulo, de participación indebida en política de Ospina y de la traición de la representante Ortiz, miembro de la Alianza Verde, como Ospina (luego supe que la señora Ortiz quiere ser alcalde de Cali, así tenga que pararse en la cabeza de Ospina, su camarada). Para unos, la reunión de dos cerebros al servicio del mal era algo muy preocupante. Para otros, el trino de Catalina Ortiz era solo un baldado de mala leche.

Fue por esto que la bella representante (Catalina fue reina de algo en el siglo pasado) volvió a trinar: “¿Qué tiene de mala leche señalar con qué candidato presidencial (Petro) almuerza nuestro alcalde Ospina? Uno saca sus propias conclusiones. Para mí, muestra afinidades aterradoras. De pronto hablaron fue de literatura, o medicina. Nos creen pendejos”.

Esa misma noche, cuando presenté su libro en el Hotel Spirito de Cali, le puse el tema al precandidato: “La representante Ortiz mostró el almuerzo como la gran conspiración política entre el alcalde y Petro”, dijo Petro, que habla de él en la mayestática tercera persona. “no se le ocurrió pensar que estábamos reunidos porque teníamos el libro más vendido, que estaba el autor, el editor, escritores de Cali… La señora Catalina Ortiz piensa peor que la señora Cabal”.

Luego explicó que Ospina fue invitado a la reunión porque era el anfitrión de la Feria Internacional del Libro de Cali.

Julio César Londoño y Gustavo Petro
Julio César Londoño y Gustavo Petro

Lo que les cuento, queridos lectores, es la verdad y toda la verdad. No estoy interesado en cuidarle la espalda a nadie. Ni Ospina ni Petro son santos de mi devoción. Juro que en ese almuerzo no escuché nada de conspiraciones ni de mangualas… salvo que se haya dicho algo cuando me levanté al baño. Es probable que en esos cinco minutos Ospina haya explicado las motivaciones secretas que lo movieron a conseguirles empleo a cien jóvenes de la primera línea (el desempleo de los jóvenes en Cali es del 30 por ciento) y a montar no sé cuántas decenas de comedores comunitarios para paliar el hambre de los caleños (si de los 50 millones de colombianos hay 20 que están comiendo muy mal, Cali, que tiene dos millones largos de habitantes, debe tener más de 800.000 personas que no comen tres veces al día).

No sé si se tocó el tema de la financiación a los terroristas por parte de Gustavo Bolívar. ¡A quién se le ocurre regalarles a los jóvenes gafas de protección contra los sagrados perdigones de la Patria y del Esmad, Gustavo, por Dios! Me habría encantado aconsejarle a Petro que regañe a Bolívar, que tiene razón la gente de bien, como Paola Holguín, que dice que los manifestantes tuertos “lloran por un solo ojo”.  Reconozco que puede haber un tris de exceso de fuerza en la práctica de sacarles los ojos a los manifestantes, ¡pero eso de regalarles gafas industriales pasa de castaño a oscuro!

Quizá me perdí, por incontinente, la explicación de cómo fue que Petro dirigió, sin mover un dedo ni abrir la boca, 12.000 eventos de protesta en solo 45 días de paro. O cómo logró que el 75 por ciento de la población aprobara el paro nacional. ¡O cómo fue que el petrismo castro-chavista y el Foro de sao Paulo lograron derrotar a Trump, poner al bolchevique de Biden en la Casa Blanca, asustar a Macron con los chalecos amarillos y cambiar la constitución del país de Pinochet! Mis respetos, camarada. Quizá la vida no me dé una nueva oportunidad de conocer los resortes secretos del Foro de Sao Paulo, esa entidad que es como la suma de la omnipotencia del Club de Bilderberg, la CIA, el FMI y El Vaticano en versión zurda.

En la noche de ese mismo día presenté en el Hotel Spirito el libro ‘Una vida, muchas vidas’ de Gustavo Petro. Yo lo había leído hoja por hoja y diente por diente. Está escrito con dos registros: el de la crónica para contar las anécdotas y los pasajes autobiográficos de Petro, una vida tan dura como la de millones colombianos, quizá más, por su condición rebelde, siempre en contravía del establecimiento; y las maneras y los recursos del ensayo, género que utiliza para los análisis políticos que cruzan el libro. No es una experiencia muy voluptuosa (lo escribieron Petro y Morris) pero sirve para entender quién es Petro y para despejar algunas de las 47 incógnitas de esa intrincada ecuación que es la historia de Colombia.

Llegó la noche

Las medidas de seguridad, que fueron celosas en el restaurante, se triplicaron en la noche en el Hotel. Todo ese ceremonial de requisas y policías y perros antiexplosivos me puso nervioso y pensé en lo intranquilo que anda el establecimiento. Y con razón. Petro es mucho más peligroso que Gaitán, que finalmente era un líder cuya cauda electoral era principalmente bogotana, y más rebelde que Galán, que ya había recibido la bendición de Turbay cuando fue asesinado.

Por eso, mi primera pregunta fue directa: “¿Usted no tiene miedo de que lo maten en esta campaña?”. “Sí, tengo miedo”, dijo Petro (este es mi resumen de su respuesta, claro. Ya Petro había vuelto a ser Petro y su respuesta se extendió durante ocho minutos).

Luego le transmití una pregunta de Sergio Jaramillo: “¿Por qué usted no ha apoyado de manera decidida el proceso de paz? Sus declaraciones al respecto son bla, bla y bla”.

Esta vez la respuesta fue más larga, doce minutos. En síntesis, Petro dijo que los Acuerdos de la Habana fueron una farsa porque no incluyeron un verdadero contrato social que tocara el modelo económico, la política exterior, la estructura militar y una reforma de fondo a la justicia.

En contexto: Petro, ¿’uribizándose’ con el Acuerdo de Paz?

Ruborizado hasta las orejas, tuve que decirle al que puede ser el próximo presidente de Colombia que su opinión era muy injusta. Que desconocía el gran esfuerzo que se había hecho contra viento y marea (y contra ese enemigo formidable que es Álvaro Uribe) para diseñar una ambiciosa reforma rural integral, el programa de restitución de tierras, las curules para las Farc y para las víctimas, y esa obra de filigrana que es la JEP, el espinazo de los acuerdos, un corpus legal que debía meter en un solo saco (o sacar, en algunos casos) a los expresidentes, industriales, terceros de buena fe, militares y guerrilleros.

Es un delirio de Petro exigirle a un neoliberal como Juan Manuel Santos que haga una revolución magnífica en el marco de un acuerdo cuyos límites eran los de un simple armisticio. ¡Y desde La Habana! Si se necesitó del Vaticano y de su santa ayuda para aprobar el armisticio, ¡imagínense el alboroto que se prende si el Gobierno incluye en las negociaciones el modelo económico!

Petro hizo una réplica de quince minutos y aprovechó para esbozar los cuatro puntos de su programa: una banca popular, el agua, la tierra, y el conocimiento. Petro cree que es necesario un banco que le preste plata a intereses blandos al hombre de la calle, y no solo a los ricos o a los clientes que los bancos les puedan quitar la casa. El agua ocupa un punto central de su programa porque el agua ya es el oro de hoy, y porque millones de colombianos aún no gozan, en este pomposo país de la OCDE, de ese mínimo básico de supervivencia, el agua potable. O el agua a secas, como en La Guajira.

Gustavo Petro en su charla con Julio César Londoño
Gustavo Petro

Petro llama “conocimiento” a un amplio conjunto de saberes, actitudes, quehaceres y tecnologías del que la educación formal es solo una parte. La posesión de la tierra debe ser objeto de debate por nuestro espeluznante Gini de tierras, 0,93 (cerquita del Gini 1,0, el que alcanzaremos cuando toda la tierra colombiana tenga un solo dueño), y porque la tierra está en el centro de todos los conflictos, y porque de su buena utilización depende la autonomía alimentaria. Está convencido de que urge hacer ya la reforma agraria que hemos aplazado durante siglos de encomenderos y decenas de años de despojos por zarpazos de guerrilleros, paramilitares, notarios y narcotraficantes, de preteles y ganaderos.

También trazó la línea gruesa de su política energética, que es moderna, sobre todo en lo que tiene que ver con el abandono de las energías derivadas de combustibles fósiles, camino que ya están tomando naciones tan sensatas como Noruega.

Al final me quedó el sabor de que Gustavo Petro es un hombre bien informado y que el próximo presidente de Colombia debe tomar nota de varias de sus propuestas.

Posdata: Puse en el subtítulo de esta crónica que el 28 de octubre fui casi viral, en alusión a otra foto que también se viralizó. Aunque estoy de pie en medio de la crema de las fuerzas del mal, ningún medio tuvo la gentileza de poner mi nombre. Quedé como un mesero anónimo del restaurante de la conspiración octubrina. Confío en que la historia me haga justicia y que este escriba termine de embajador del presidente Petrosky (como Plinio) o al menos de maitre del restaurante.

Hollman Morris, Gustavo Petro, Julio César Londoño y Jorge Iván Ospina
De izquierda a derecha: Hollman Morris, Gustavo Petro, Julio César Londoño y Jorge Iván Ospina

6 Comentarios

  1. José Ricardo Mejía Jaramillo

    Excelente crónica Emperador. Ese cierre con fino humor es tuyo, solo tuyo. Bravo 👏 👏👏👏👏👏👏

  2. Excelente crónica Maestro. Pienso que la lectura de ese libro vale la pena. Ojalá un nuevo gobierno le de un poco de vida a esa bellísima ciudad que es Cali.

  3. Excelente crónica. Breve en las palabras e inmensa en su contenido. El autor describe al candidato con pulcritud y honestidad, dejando que el lector saque sus propias conclusiones. El humor está presente en todo el texto lo cual lo hace además de informativo, que era el propósito, ameno. Ese chisme que todos quisimos oír, el del bendito almuerzo con Petro, no podía quedar mejor contado. A propósito, ¿qué comieron?

  4. Magnifico artículo. Cómo son de hipócritas los del tal centro, casi igual a como lo son de estultos los de la derecha como la HolguÍn, Tengo un amigo reportero gráfico, que hace 22 años que andaba de comisión en el Nudo del Paramillo, se encontró por casualidad a la plana mayor de las AUC en connivencia con un primo del gran bellaco y algunos militares de alto grado: Pero esa foto no se pudo mostrar ni siquiera ahora, por consabidas razones. Esos sí estaban en verdadero complot cuyas consecuencias todos connoemos y hemos padecido.

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