“No me retoquen las arrugas ni la barriga”: Kate Winslet quiere mostrarse tal cual es

La actriz británica no permitió que modificaran el aspecto de su cuerpo en las escenas de desnudos de ‘Mare of Easttown’. Una más de las acciones con las que promueve un entorno positivo para las mujeres.

A sus 22 años, cuando se convirtió en una superestrella mundial por su papel de Rose DeWitt Bukater en Titanic, Kate Winslet tuvo que enfrentarse con algo que no se esperaba. Una multitud de periodistas, críticos y presentadores de televisión comenzaron a hablar de su aspecto físico. 

Le decían que estaba pasada de peso, la llamaban weighty Katie (Katie la pesada) y especulaban con supuestas dietas que seguía. “Recuerdo sentirme tremendamente acosada por la prensa, hostigada de una manera horrenda”, dijo en un podcast en enero de este año. 

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Esa experiencia la marcó tan profundamente, que hoy es una mujer convencida de que lo mejor es la autenticidad y no dejarse llevar por los requisitos que la sociedad le impone a las actrices. Una actitud que no solo aplica para sí misma, sino que promueve en la industria.

Sobre todo ahora que es productora ejecutiva y que la miniserie que produce para HBO, Mare of Easttown, es un éxito mundial. Allí también interpreta a la protagonista, Mare Sheehan. Se trata de una detective a la que le ordenan investigar un asesinato local en Pensilvania justo cuando su vida se desmorona. 

Según se lo contó a The New York Times, su actitud ante el tema del peso y el cuerpo es tan fuerte, que cuando le enviaron el poster promocional de la serie, lo devolvió dos veces. La razón: estaba muy retocado digitalmente y le habían quitado las arrugas. 

También discutió con el director, Craig Zobel, cuando este le sugirió que iba a retocar digitalmente su barriga en una de las escenas de sexo. “no te atrevas”, le dijo. 

De hecho, en Ammonite, su más reciente película, su cuerpo también aparece desnudo y al natural en las escenas de sexo que comparte con Saoirse Ronan. 

Su trabajo, en ese sentido, también ha sido el de acompañar a las actrices más jóvenes. Como cuando se quedó en el set en el que la joven que interpreta a su hija tenía que tener sexo con otra actriz. “Solo había dos cámaras, dos hombres. Y sí, eran dos caballeros, pero ellas son jóvenes y estaban inseguras”, dijo. 

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Esa actitud no es nueva. Cuando grabó Contagio, una premonitoria película sobre un virus que afecta el mundo y obliga a los gobiernos a decretar cierres y cuarentenas, sus compañeros recuerdan que ella grabó unas escenas muerta, en las que enrrollaban su cuerpo desnudo en un plástico semitransparente. 

Ella no quiso que una doble lo hiciera ni que usaran un muñeco. Quería que su cuerpo, tal como era, apareciera en pantalla. Es más, una vez estaba en esa posición, dijo: “¿Se me ve el culo gordo envuelta en este plástico? ¿Parezco delgada?”

Parece poco y una anécdota banal, pero en una industria en la que la delgadez es casi una obligación para las actrices como ella, cada uno de sus actos es un desafío. Un desafío que busca dotar de dignidad a las mujeres y a las actrices. 

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