La emergencia del arte o la banda sonora de la protesta

Cuando las calles hablan hay que escucharlas. Son las voces de los excluidos, de los invisibilizados, de los jóvenes, de las víctimas, de aquellos a los que se les ha negado un futuro. Su mayor dolor no es ser pobres, su mayor dolor es no tener un lugar en el mundo. Ya es imposible negar su existencia, son ellos quienes hoy habitan las calles y las plazas y han sido capaces de refundar lugares icónicos como Puerto Resistencia o la Loma de la Dignidad.

Sus formas son cada vez más simbólicas, performáticas y creativas, porque la cultura crea comunidad y la comunidad crea cultura. Son hermosas y conmovedoras las imágenes de los velatones alrededor del país y su innegable valor como forma ritual de duelo y reparación colectiva.

Lejos de escenarios glamorosos, el arte se ha trasladado de manera vital a las calles en una explosión de creatividad inédita en nuestra historia reciente. Es en las calles donde suenan los tambores y los cantos, y de la calle son el hip-hop, la salsa choke, el grafiti y el grito, formas de expresión que no pueden ser calladas por los gases y las balas, porque resuenan en el alma de la gente.

Voces capaces de nombrar lo innombrable, de expresar el dolor, la rabia o  la esperanza, voces que hacen visible lo invisible y claman por una vida digna y el derecho a vivir en paz. Un sector tan golpeado como el de los artistas se hace relevante en momentos de crisis. 

Un sector tan golpeado como el de los artistas se hace relevante en momentos de crisis.  Con un nuevo sentido suena el lumbalú en Palenque, el “desolvido” de Edson Velandia y Adriana Lizcano, el bullenrap de los “supervivientes” de los Montes de María, la resistencia cantada  en aire  de  fandango de lengua por  el grupo Tonada  o en  ritmo de salsa-choke  por “Los Pum”, la pregunta de “Quién los mató” en las voces de Hendrix, Nidia Góngora, Alexis Play y Junior Jein, el “Somos Minga” de Danny Boom y Razones de Estado, el ruego por la paz del Cholo Valderrama, el “nunca callar” de Lucio Feuillet y La Muchacha,  “Mi libertad” de Monsieur Periné,  y muchos más en todo el territorio nacional, porque “Somos miles de miles” como dice Jorge Velosa. Esta es una invitación a escucharlos y a volverlos a escuchar. Estas canciones serán en el futuro parte de nuestra memoria.

Esta es una invitación a escucharlos y a volverlos a escuchar. Estas canciones serán en el futuro parte de nuestra memoria. Cuando las calles hablan hay que escucharlas, hoy más que nunca es claro que el arte más allá de ser una cuestión estética es una cuestión de sobrevivencia. Recordemos a Sherezada que narrando historias logra posponer su ejecución por más de mil y una noches. El rey Shariar escuchó atentamente. ¿Tendrán los dueños del poder actual esa capacidad de escucha?

Estos son los sonidos de la protesta social y del paro:

Lumbalú en Palenque:

Desolvido – Edson Velandia y Adriana Lizcano:

Bullenrap – Los “supervivientes” de los Montes de María:

Resistencia (fandango de lenguas) – Grupo Tonada:

Resistencia – Los Pum:

¿Quién los mató? – Hendrix, Nidia Góngora, Alexis Play y Junior Jein

Somos minga – Danny Boom y Razones de Estado

El ruego por la paz del Cholo Valderrama:

Nunca callar – Lucio Feuillet y La Muchacha:

Mi libertad – Monsieur Periné

Somos miles de miles – Jorge Velosa, Andrea Echeverri, César López:

17 Comentarios

  1. Colombia es mi segunda patria. La amo, la quiero, la admiro. Envío todas *mis energías y luces positivas* al pueblo colombiano para que logre con su lucha, mediante el diálogo y el consenso, acuerdos de transformación de su sociedad, en una Colombia moderna, equitativa para todos sus ciudadanos, democrática, una sociedad de derecho, y leyes cumplidas, una Colombia honesta, trabajadora como lo es, triunfadora y una nación vanguardia en América latina

  2. En mis años de vida nunca ví a un pueblo Colombiano tan valeroso y a una juventud tan decidida. El país les pertenece, uds son el presente y el futuro y por ustedes nosotros ahora tenemos esperanza. Viva la resistencia!

  3. El acumulado hoy revienta y el arte lo registra. Gracias a nuestros artistas Colombianos por dejar plasmado este despertar. En la época de la violencia sólo una canción “A quién engañas abuelo” de Arnulfo Briceño. En las épocas de Uribe todas las regiones quieren contar que pasa.

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