La fabricación de hechos

El 21 de abril una periodista de Caracol noticias transmitió, desde Madrid, con voz contundente, tono serio, y la calma de quien tiene seguridad sobre la veracidad de la información que comunica, la noticia según la cual, en testimonio dado por Hugo Carvajal se mencionó que Gustavo Petro habría obtenido financiación del gobierno de Venezuela. Horas más tarde el mismo canal “rectificó la información” señalando que había sido un error, que tal testimonio no se había dado, y que se disculpaba con “los afectados”. 

El canal tuvo que rectificar por intervención del abogado de Petro. Evidentemente esta campaña era la afectada, aunque en la rectificación no se nombró el nombre del candidato. Fue una rectificación a medias.

Cuando algo se ‘rectifica’, además, se reconoce que se cometió un error y se corrige. Sin embargo, aquí no se trató de un ‘mero error’. 

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Se puede errar al informar sobre un hecho, porque errar es humano y puede ser que la información con la que se contaba, y las verificaciones que se hicieron, se demostraran imprecisas, gracias a nuevos hallazgos obtenidos a través de testimonios o datos verificables sobre un hecho. Esto le puede pasar al mejor periodista, aunque uno bastante profesional se cuida de verificar, tanto como pueda, la información que da, porque la verdad fáctica es compleja, algo opaca, de modo que siempre se pueden perder de vista alguno de sus aspectos. 

También puede pasar que el periodista no haya sido cuidadoso en su trabajo, y no haya verificado tan bien, como debía, toda la información. Puede asimismo pasar que un periodista se diera cuenta que este descuido no obedeció a mera negligencia, sino por ejemplo a prejuicios no controlados que sesgaron la manera en que dio la noticia. En estos casos, y en otros posibles en los que se falla en dar cuenta de la complejidad de lo que pasó, se ‘yerra’ y cabe entonces ‘rectificar’. 

Sin embargo, cuando un noticiero le dice a su audiencia que sucedió un evento que no se dio, simplemente se transmitió como verdadero algo falso, es decir, se mintió. No se trató entonces de un ‘error’ -por la finitud humana o por mera negligencia de la periodista- sino de la confección de algo ‘falso’ para hacerlo pasar como ‘verdadero’. Es decir, se trató de una voluntad expresa de desinformar, y de una violación fragrante del derecho de ser informado verazmente, fundamental para la democracia. El canal nos dice que su negligencia fue confiar en una periodista afiliada. No basta. Habría que investigar más a fondo lo que pasó, y que los medios abrieran el debate sobre cuántas veces ha pasado, en lugar de cubrirse la espalda.

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La discusión sobre la democracia es larga y no la puedo abordar aquí. Pero algo que le resulta fundamental es que los ciudadanos puedan tomar decisiones sobre asuntos de la vida pública, que les conciernen, teniendo a disposición información verificable sobre estos.

Por supuesto, hoy en día este es uno de los derechos menos garantizados. Los medios hegemónicos responden a los intereses de sus dueños y ponen el foco de atención allí donde a estos les conviene, narrándola con énfasis unilaterales, invisibilizando aquello que ponga en cuestión o amenace sus intereses, haciendo valer ciertas voces y acallando otras. Estos marcos resultan claves porque toda información se narra siempre de un cierto modo, es decir, se interpreta. Y hay por supuesto formas de encuadrar lo que pasó que resultan más justas con su compleja facticidad. 

De hecho, los medios de comunicación hegemónicos son expertos en servir de caja de resonancia de las versiones oficiales, sin verificarlas. También saben cómo simplificar lo que pasa, al encuadrarlo en narrativas dicotómicas, al usar el lenguaje que le conviene a la preservación de su statu quo; conocen asimismo a la perfección cómo hacer pasar posiciones antidemocráticas como una opinión aceptable más de la esfera pública, vendiendo un pluralismo falaz, pues está claro que no se puede acoger la pluralidad admitiendo -como si nada- puntos de vista que la niegan. 

Pero una cosa es desfigurar y simplificar un evento, lo que ya es muy grave, y otra, de nuevo, es inventarlo por completo. Y, más grave aún, hacerlo en la “línea editorial” que le conviene a un partido político, que ha querido vincular a Petro con el gobierno de Venezuela. La noticia apuntaba a confirmar estos rumores para afectar la elección presidencial. 

Las élites más autoritarias en este país parecen hoy en día desesperadas. Saben que sus narrativas contra el castrochavismo, y su apelación al miedo a la izquierda, ya no tienen la tracción que tenían. Les aterra perder el poder, pues es mucho lo que han ganado con él y lo que podrían perder. Por eso están dispuestas a todo: no sólo a fabricar hechos sino, al mejor estilo del totalitarismo analizado por Arendt, a hacer cumplir como sea los hechos fabricados. No es la primera vez que lo harían, y de la prensa también depende, en parte, que no se vuelva a repetir.

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3 Comentarios

  1. Es de los mejores análisis que he leído sobre la noticia falsa de Noticias Caracol. No se si es pertinente que la periodista que transmitió la noticia también se hubiera ofrecido disculpas publicas, pero de eso nada se dice.

    1. Desde que vi la retractación de caracol , dije que no se trataba de una rectificación correcta , porque el directamente afectado y único. No se menciona. Falas ese canal .

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