“En 80 años, el único título que rechazamos fue una biografía no autorizada sobre Álvaro Uribe”

La Librería Nacional cumplió 80 años y con Felipe Ossa, su librero por excelencia, Diario Criterio hace un recuento de sus grandes momentos y personajes.

Foto cortesía Colprensa.

Su voz suena lejana; su memoria, cercana y precisa en los detalles. Felipe Ossa ha contado muchas veces esta historia, la de la Librería Nacional, a la que llegó, en 1963, como ayudante de bodega.

Ni su papá, ni su abuelo, nada de parentela, montaron este negocio hace 80 años como podría creerse. Narra que fue un un santandereano llamado Jesús María Ordóñez, quien desde muy joven aventuró en La Habana (Cuba), donde encontró trabajo en la tradicional librería La Moderna Poesía.

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Y ascendería hasta asumir el cargo de administrador general. No era un hombre conformista. Alguna vez, unos colombianos lo buscaron y le pidieron que fuera socio de una librería en Barranquilla. Ordóñez -definido por Ossa como un tipo audaz- no dudó mucho; dijo sí.

En el puerto de Colombia, por donde entraba casi todo al país, abrió la Librería Nacional su primer local, el 7 de septiembre de 1941. Ossa dice (en una llamada telefónica en la que su voz suena lejana) que su comienzo fue especial, que tenía autoservicio y cafetería, algo auténticamente revolucionario. Y además de ofrecer tintos, vendían helados que el mismo Ordóñez preparaba.

Luego, tras la notoriedad, nuevos locales en ciudades intermedias como Santa Marta, Cartagena y, posteriormente, Cali, en 1961. Años después, la primera librería dentro de un centro comercial: San Diego, de Medellín, en 1972. A Bogotá llegó cuando se inauguró Unicentro, 1976. 

Libreria Nacional primera tienda
El primer local de la Libreria Nacional, ubicado en Barranquilla. Foto: Cortesía Librería Nacional

Ahora, el origen de la historia de Ossa: “Yo entré a trabajar a la Librería Nacional en 1963, cuando tenía 18 años, como ayudante de bodega, luego fui vendedor, después librero, lo que soy básicamente”.  Eran los años sesenta, los de la revolución hippie, del ‘boom’ latinoamericano, del marxismo, del psicoanálisis, de la minifalda.

Pero su relación con los libros se inició más atrás, en los años previos al Bogotazo. Su papá tenía una librería frente al Palacio de Nariño y, aunque liberal, no pudo evitar los estragos del 9 de abril, luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. El desolado centro de la ciudad fue cerrado y la familia Ossa regresó al Valle del Cauca, su origen.

Nunca terminó el bachillerato, dice que era desjuiciado, lo echaron del liceo en Buga, pero aprovechó la biblioteca de su progenitor que tenía más de 10.000 ejemplares, más nutritivos que el colegio, la educación cerrada y conventual. A la mano tenía, por ejemplo, autores griegos y latinos.

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“Por necesidades económicas –recuerda- tuve que empezar a trabajar y se me ocurrió que sería en una librería, pues sabía de libros”. Y su lugar fue la sede de Cali. Con el tiempo tuvo que liderar la apertura de Bogotá y Medellín.

En la Nacional encontró otro mundo, otros volúmenes, la literatura moderna y, además, empezaba el boom de escritores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges.

Y sería este movimiento uno de los que más vendió en la librería; porque a la vez se despachaban Cien años de soledad, El túnel, La ciudad y los perros o Rayuela. En aquella década también crecían otras librerías, la Buchholz, la Tercer Mundo, la Central y la Colombiana.

“Me convertí en el librero de la Nacional, el que pedía los libros, el que trataba con los editores,  el que atendía durante muchos años a la clientela, algo que dejé al ser una persona mayor y jubilada”, explica Ossa.

Fundador de la Librería Nacional
Jesús María Ordóñez, el fundador de la Librería Nacional en 1941.

En este siglo, en el que cree vendió unos 60.000 ejemplares de El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, surgieron nuevas librerías, independientes, que Ossa las define como de nicho y que celebra porque indican que hay interés por la lectura.

“Para todos hay un lugar bajo el sol”, dice. Sin embargo, según él, están muy lejos del espectro bibliográfico de la Nacional, que reúne 30 sedes, más la página online.

Cuando se le pregunta qué debe tener un buen librero, no tarda en responder: debe amar al libro, tener curiosidad por todos los temas, leer mucho y estar dispuesto a servir, como un consejero cultural o espiritual.

Así, como guía, conoció mucha gente e hizo amistades. Su mejor cliente fue Bernardo Ramírez, ministro de comunicaciones en el gobierno de  de Belisario Betancur (1982-1986), lector voraz que en una mañana podía escoger muchos libros, comprar cantidades, y en la tarde llamar a que le apartaran más y más títulos.

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Y afirma que Iván Duque Escobar, papá del actual presidente de Colombia (Iván Duque Márquez), era otro extraordinario cliente. 

Ossa, a pesar de permanecer entre tantos títulos, de tener una biblioteca de unos 10.000 ejemplares, siempre echa de menos un libro: “el que no tengo es el que anhelo tener. Y así llegó un momento en el que dije, bueno, dónde meto más libros y, además, a qué hora los voy a leer”.

Su trabajo también ha tenido momentos de alta tensión. En la Librería Nacional se ha vendido El libro rojo, de Mao, Mi lucha, de Hitler, como publicaciones sobre narcos y guerrilleros. El único libro que no quiso vender, que rechazó, fue El señor de las sombras, de Joseph Contreras, un biografía no autorizada sobre Álvaro Uribe Vélez, entonces candidato presidencial. Era mayo de 2002.

“Me negué porque era oportunista, poco documentado y escandaloso”, recuerda el librero. Tampoco olvida que el hecho fue un escándalo nacional.

El gran reto de los últimos años, como de todo el mundo, saber sobrevivir a los efectos del covid. ¿Y cómo les ha ido durante la pandemia? Ossa dice que esta crisis mundial demostró que el libro es un elemento fundamental para la motivación humana, para el alimento espiritual, que vendieron muchos libros por la página web.

El lector buscó temas espirituales, de superación, de resiliencia, biografías, perfiles de personas con mucho coraje. “Esta situación nos demostró que en estos  casos la gente busca respuestas  y tranquilidad con un libro. No se equivocan”.

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