La muerte de Santrich confirmaría la guerra de las disidencias de las Farc en Venezuela

Si había dudas sobre qué tan reales podían ser el distanciamiento y los enfrentamientos de las dos grandes disidencias de las Farc en Venezuela, la muerte de Jesús Santrich demuestra que son ciertas y que la guerra es a muerte.

Tal y como lo mostró DiarioCriterio hace un par de semanas, la arremetida militar que el régimen de Nicolás Maduro comenzó el 21 de marzo en el estado de Apure, y que ha generado miles de desplazados hacia Colombia, era la demostración más clara de esa guerra entre antiguos comandantes de las Farc.


En ese mapa de operaciones quedaba claro que en el vecino país estarían en choque, por un lado, las disidencias de las Farc Nueva Marquetalia, lideradas por Iván Márquez, Jesús Santrich, Romaña y Hernán Darío Velásquez Saldarriaga, el Paisa. En el otro bando, estarían las disidencias de Gentil Duarte, Néstor Gregorio Vera Fernández alias Iván Mordisco y Géner García Molina alias Jhon 40, buscando sacar del país o desmantelar, con la ayuda de la Fuerza Armada Bolivariana a la Nueva Marquetalia.

El origen de la guerra


Como se sabe, después de las negociaciones de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc, algunos comandantes y guerrilleros se negaron a desmovilizarse y a integrarse al nuevo partido político. Por esa razón, en diciembre de 2016, las Farc expulsaron oficialmente a Gentil Duarte, Euclides Mora, John Cuarenta, Giovanny Chuscas y Julián Chollo.


Estos nuevos disidentes pertenecían en su mayoría al conocido y temido Bloque Oriental, presente con fuerza en departamentos limítrofes con Venezuela.


Estos grupos empezaron a controlar, tanto en Colombia como en Venezuela, varios territorios fundamentales para explotar rentas ilícitas e ilegales, como el tráfico de gasolina o la minería ilegal de oro y coltán en el conocido Arco Minero del Orinoco venezolano. Sin embargo, generan la mayor parte de sus recursos a partir del narcotráfico, gracias a que controlan un corredor que comienza en el Pacífico, donde cultivan y procesan la coca hasta llevar la cocaína hacia Brasil y Venezuela.


Duarte y Mordisco, aliados con miembros de la fuerza armada de Venezuela, se hicieron fuertes en los estados Bolívar, Amazonas y Apure. Compartían algunas zonas con el ELN, especialmente cerca de Arauca, donde ese otro grupo ejerce una gran influencia desde hace más de 30 años, pues allí ha tenido un refugio y un sitio de aprovisionamiento.
Solo desde comienzos de la década de 2000 Gustavo Aníbal Giraldo, alias Pablito, decidió empezar a financiar a sus hombres con el narcotráfico, negocio al que esa organización veía con recelo por lo que le había pasado a las Farc y por principios políticos.


Esto le permitió a Pablito tener una potente caja para sostener y fortalecer otros frentes con hombres y armamento, que a la postre, lo posicionaron como uno de los comandantes más poderosos e influyentes del ELN y del Comando Central (Coce) de esa organización.


Las relaciones territoriales y de poder, que en cierta medida mantenían el ELN y las disidencias de Duarte y Mordisco (en alianza o protección de las fuerzas del orden venezolanas) empezaron a cambiar en abril de 2018.
En ese momento Iván Márquez y el Paisa dejaron el Espacio Territorial y de Reincorporación de Miravalle (Caquetá) con la intención de reorganizar el grupo guerrillero frente a la posibilidad de que el exnegociador de ese grupo pudiera salir extraditado a Estados Unidos.


En junio de 2019, Santrich dejó su esquema de seguridad en Tierra Grata, días antes de que la Corte Suprema de Justicia considerara la posibilidad de enviarlo a Estados Unidos para responder por el supuesto delito de narcotráfico, tras la libertad que le concedió la Corte Suprema de Justicia a finales de mayo de 2019.
El rumor se hizo realidad a finales de septiembre pasado: la mayoría de los líderes del movimiento Nueva Marquetalia estaban en Venezuela. Lo confirmó la publicación de una foto en la que aparecen Márquez, Santrich y el Paisa, junto a otros guerrilleros, vestidos y armados con indumentaria made in Fuerza Armada venezolana.

Sin embargo, con la consolidación de las disidencias Nueva Marquetalia en Venezuela comenzaron los conflictos con las de Duarte.


Márquez, el preferido


El grupo de Márquez, según agencias de inteligencia en Venezuela, habría recibido la mayor protección y privilegios del régimen venezolano. En efecto, Márquez como negociador de las Farc en varios procesos fallidos, pasó largas temporadas en Venezuela, especialmente en Caracas y hasta en Fuerte Tiuna, donde gozó de la amistad y el apoyo de Hugo Chávez.


El medio venezolano El Estímulo publicó recientemente un texto en el que muestra algunos capítulos de esa relación. Titulado ‘El sueño febril de Hugo Chávez era llevar a las FARC al poder en Colombia’, el texto muestra el pacto firmado entre el comandante y ese grupo guerrillero en 2007 en Miraflores y cómo Márquez, actual jefe de las Farc-EP “Nueva Marquetalia”, fue una pieza clave para posicionar a Chávez como líder continental. Esta larga relación, heredada por Maduro, explica en buena medida lo que hoy pasa en el alto Apure.

A finales de 2019 el gobierno -cuando el gobierno venezolano firmó la orden de protección- y comienzos de 2020, Iván Márquez y su grupo ya tenía un duro enfrentamiento con el liderado por Duarte y Mordisco, quienes los habían recibido con distante recelo.


En una comunicación queda en claro que estos les dijeron que no llegaban al monte como comandantes ni superiores sino como subalternos en condiciones de inferioridad, debido a que habían pactado una rendición con el gobierno de Santos. En otras palabras, los consideraban unos traidores en desventaja militar.


Esto quedó en evidencia en los computadores de alias Rodrigo Cadete, un comandante de Duarte que murió durante un bombardeo el 2 de febrero de 2019. En los dispositivos en poder de las autoridades aparecieron comunicaciones enviadas por alias Alejandro Guevara, jefe político de Cadete. “(…) primero el camarada Gentil, segundo Iván del primero (Iván Mordisco), tercero Iván Márquez, cuarto Enrique Marulanda y quinto Paisa Óscar (el Paisa)”.
Este es uno de los apartes en los que Guevara le cuenta a Duarte todo lo que Cadete pensaba sobre la llegada de Márquez: “(…) que no se le soltara tanto poder porque él (Márquez) tenía mucha culpa (de la firma del acuerdo) (…) que así se haya sujetado a las órdenes de Timo (…) Si con el tiempo mostraba capacidad, no tenía ningún problema que fuera uno de los jefes”.


En otras palabras, Márquez, jefe en el pasado, debía llegar en condición de subalterno de Duarte. Algo que aquel claramente no aceptó y marcó la distancia entre estos dos grupos disidentes.


La realidad de las disidencias


Las disidencias de Duarte y Mordisco pueden tener, según informes de inteligencia, unos 3.500 combatientes entre Colombia y Venezuela, además de una infraestructura que genera recursos sobre todo a partir del narcotráfico.
A su vez Márquez, el Paisa y Santrich, cuentan con unos 400 efectivos que rechazaron cualquier posibilidad de subordinarse a sus antiguos compañeros. Toda una relación desbalanceada de fuerzas y de poder.


A raíz de varios roces, Márquez, quien había cruzado la frontera y estaba cerca al Guaviare y Vichada, decidió moverse al norte, al estado Zulia, y salir así de una zona con amplio dominio de Duarte y Mordisco. Con este desplazamiento, el ELN quedó en medio de las dos disidencias.

Estos enfrentamientos y diferencias también han generado divisiones y choques entre miembros de las fuerzas venezolanas con las que tienen alianzas.

Al tomar partido en favor de Márquez, el gobierno de Maduro envió a las Fuerzas de Acciones Especiales (Faes), a quienes los desplazados señalan de cometer todo tipo de abusos y violaciones de derechos humanos en busca de disidentes o combatientes colombianos.


El ministro de Defensa de Colombia, Diego Molano, le dijo a Diario Criterio que lo ocurrido al otro lado de la frontera aún le genera al gobierno varios interrogantes sobre el operativo.

“Es claro que los grandes grupos hoy involucrados con el narcotráfico en Colombia, como las disidencias de las Farc, ‘Narcotalia’, el ELN, el Clan del Golfo o los Pelusos que están generando inestabilidad en varias regiones, tienen fuerte presencia y operaciones en Venezuela. Desafortunadamente, el narcotráfico, que ha sido el motor para alimentar la guerra que vivimos hace más de 30 años, ahora pasa por Venezuela. De hecho, lo ocurrido en La Victoria estaría relacionado con ese negocio y los intereses de un alto oficial de ese país”.


En esta arremetida no solo estarían participando los combatientes de Márquez y su combo, sino que el propio ELN estaría ayudando, con información y acciones militares, con el fin de obtener más control territorial y respaldo de las fuerzas armadas de ese país.


Aún nadie puede pronosticar hasta dónde llegará esta guerra, más aún con la muerte de Santrich, y los efectos que tendrá en las zonas en Colombia, en las que las disidencias de las Farc pueden trasladar la guerra que ya libran en Venezuela. En esta historia queda clara una lección para el régimen venezolano: que es mejor no criar cuervos, porque sin importar si son negros o rojos, algún día te sacarán los ojos.

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