Históricas: la lucha de las mujeres por la reivindicación de sus derechos

Este 8 de marzo, miles de mujeres saldrán a la calle a exigir un mundo justo y respetuoso de sus derechos. Es una ocasión para recordar que las reinvindicaciones del movimiento feminista han sido muchas y han estado a la cabeza de mujeres valientes que incomodaron, hicieron ruido y sortearon obstáculos y burlas.

Cada 8 de marzo miles de mujeres se vuelcan a las calles y las pintan de púrpura con camisetas, carteles, bombas, pañuelos y pancartas. También las alegran con bailes, arengas, cantos y abrazos. Pero no es una celebración, es otra cosa. 

En los últimos años, el Día de la Mujer se ha convertido en una fuerza reivindicadora, en una ocasión para conmemorar la lucha que las mujeres han dado durante años para exigir sus derechos, la igualdad en lo social y en el ámbito laboral, y combatir los feminicidios y el sistema patriarcal que todavía busca tener control sobre sus decisiones y su cuerpo. 

También se ha convertido en una oportunidad para derribar los estereotipos de género, esas características y roles excluyentes que se le han atribuido a la mujer, y rechazar la discriminación relacionada con la orientación sexual diversa. 

El movimiento de mujeres viene trabajando por un mundo más justo, digno, diverso, porque el feminismo no ha sido uno solo y no se ha centrado en una sola lucha. Son múltiples. El feminismo las ha abrazado a todas: a las mujeres negras que han luchado contra el racismo y la opresión de clases, a las mujeres indígenas que le han hecho frente a la segregación y han peleado por la preservación de sus tradiciones, a las putas que han alzado su voz para exigir los derechos que les han sido negados, a las que han pedido la facultad a decidir sobre su propio cuerpo.

En esa diversidad, en lugar de una división, las mujeres han encontrado un impulso, un megáfono. Como lo expresan las mujeres que marcharán este martes en el país: “Aquí estamos las mujeres diversas defendiendo lo que es nuestro, no negociamos nuestros derechos, ¡resistimos por ellos!”. 

Las reinvindicaciones del movimiento feminista han sido muchas y han estado a la cabeza de mujeres valientes que incomodaron, hicieron ruido y sortearon obstáculos y burlas.

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El derecho al voto

La Constitución Política de 1832 establecía cuatro requisitos para poder ejercer el voto: ser hombre, tener más de 21 años, estar casado y poseer bienes. Por ningún lado figuraban las mujeres. Más adelante se promulgaron otros acuerdos, pero la situación de las mujeres era la misma: no había espacio para sus opiniones. Esto llevó a que algunas empezaran a levantar su voz.

Este es el caso de Ofelia Uribe de Acosta, Bertha de Ospina, Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia, mujeres que pertenecían a familias políticas tradicionales y que abanderaron la lucha por la reivindicación de los derechos civiles, políticos y económicos de las mujeres. 

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De izquierda a derecha: Ofelia Uribe, Lucila Rubio de Laverde y Aydée Anzola.

Algunas de ellas formaron la Unión Femenina de Colombia (UFC), una de las organizaciones de mujeres más importantes de ese entonces y que centró sus esfuerzos en la alfabetización de las mujeres así como en poner sobre la mesa la necesidad del voto femenino. También formaron parte María Currea de Aya, Aydée Anzola, Rosa María Aguilera, Josefina Canal de Reyes y Lucila Rubio de Laverde. 

Como la UFC, varias organizaciones también trabajaron arduamente para poner el derecho al sufragio de las mujeres en el debate público. La batalla dio finalmente sus frutos en 1954, cuando el Congreso aprobó el voto femenino, tras un duro debate, durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla. 

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Por el derecho a decidir

El Día de la Mujer de este 2022 tiene una celebración especial para algunas: la despenalización parcial del aborto hasta la semana 24. La decisión, que se dio luego de una serie de trabas e impedimentos que alargaron el debate, condensó el trabajo de muchas mujeres que, años atrás, ya venían llamando la atención sobre sus derechos sexuales y reproductivos. 

Una de ellas es Florence Thomas, escritora y activista feminista colombofrancesa que llegó a Colombia a finales de 1967 y, desde entonces, abordó conversaciones alrededor del aborto y la educación reproductiva. En ese entonces, cuando hablar del aborto parecía prohibido, ella ya alzaba su voz para señalar: “Mi cuerpo es mío y sobre mi cuerpo decido yo”. 

Florence Thomas
Florence Thomas. Foto: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte.

Varias mujeres apoyaron esta lucha y le dieron los impulsos que hicieron posible la histórica decisión del pasado 21 de febrero. Es el caso de, por ejemplo, la abogada Mónica Roa, quien, en 2006, en representación de la organización Women’s Link Worldwide, presentó una demanda que logró la despenalización del aborto en tres causales: cuando hay malformación del feto, cuando la vida o la salud de la mujer se encuentran en riesgo o cuando el embarazo es fruto de violación o incesto. 

Ese gran paso permitió que en 2020 varias colectivas se unieran bajo el nombre de Movimiento Causa Justa para ir más allá y exigir la eliminación del delito de aborto del Código Penal, con el fin de evitar que más mujeres, sobre todo las más vulnerables, siguieran perdiendo la vida en procedimientos clandestinos pues, como señalaban, la sentencia de 2006 ya no era suficiente.

Mónica Roa
La abogada Mónica Roa. Foto: Front Line Defenders.

Aunque la despenalización parcial no era lo que buscaban, sí fue una gran victoria. Ahora, la lucha se centrará en hacer veeduría a la política pública en la que el Congreso y el Gobierno deben trabajar para garantizar el acceso al servicio.

 La igualdad de género

La igualdad para las niñas, mujeres y personas con identidades diversas ha sido también una lucha histórica y en la que todavía queda mucho trabajo por hacer, pues las mujeres siguen incorporándose al mercado laboral en condiciones de desventaja, reciben menos salario por sus labores, trabajan más horas que los hombres y se les sigue imponiendo el rol del trabajo doméstico, entre otras cosas. 

No obstante, no se pueden desconocer los avances que se han hecho en esta materia, como es el caso del desarrollo de leyes encaminadas a garantizar la igualdad de género y los derechos humanos de las mujeres, y de la ratificación de los tratados internacionales vigentes también sobre derechos de la mujer. 

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Y, como en las otras luchas, para que esto fuera posible, en el pasado, varias mujeres empezaron a incomodar, a hacerse preguntas. La revolucionaria Betsabé Espinal fue una de ellas. En 1920, y con solo 24 años, lideró la primera huelga feminista en Colombia. La hilandera fue la líder sindical de más de 400 obreras que se tomaron las calles de Medellín, para protestar contra la desigualdad en los horarios, las precarias condiciones, los malos tratos y el acoso sexual por parte de sus jefes. 

Betsabé Espinal
Betsabé Espinal. Foto: Biblioteca Pública Piloto.

“No tenemos ahorros para sostener esta huelga, solo tenemos nuestro carácter, nuestro orgullo, nuestra voluntad y nuestra energía”, dijo en ese entonces Betsabé. La huelga tuvo una duración de 21 días y terminó con un acuerdo que les dio la razón a las mujeres. 

La lucha continuó y otras mujeres siguieron tomando la batuta. Por ejemplo, por allá en 1975, nacieron distintos grupos de mujeres de sectores populares. Uno de estos fue la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja, la ONG de mujeres más antigua del país, que trabajó por la independencia económica de las mujeres y por condiciones laborales igualitarias, además de resistir a los grupos armados ilegales que, por ese entonces, se extendían desde Antioquia hasta Barrancabermeja.

Yolanda Becerra, fundadora y directora de la Organización Femenina Popular (OFP)
Yolanda Becerra, fundadora y directora de la Organización Femenina Popular (OFP)
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Contra la violencia

En el país, la violencia contra la mujer ha sido utilizada como una forma de dominación y poder. En distintas épocas, surgieron organizaciones encaminadas a proteger a la mujer. Estas, no obstante, surgieron precisamente por situaciones que vulneraron la dignidad y los derechos de las mujeres. 

En 1996, por ejemplo, nació la Ruta Pacífica de Mujeres, una organización feminista que trabaja por la visibilización del impacto del conflicto armado en las mujeres y por el alcance de la justicia, la paz y la equidad, y que cobró vida por la violencia sexual que se estaba ejerciendo en el Urabá antioqueño. De hecho, para ese entonces, en Pueblo Nuevo, un pueblito de esa subregión, el 70 por ciento de las mujeres habían sido violadas por algún grupo armado. 

Otro de los grandes logros a nivel normativo también se dio con un hecho aterrador: el feminicidio de Rosa Elvira Cely, una mujer de 35 años, el 24 de mayo de 2012. Un excompañero de la escuela pública en la que estudiaba para terminar su secundaria la asesinó. El crimen movilizó a las mujeres y a distintas organizaciones, las cuales trabajaron por una ley que castigara los asesinatos de mujeres a razón de su género. Esta se hizo realidad en 2015, cuando se decretó la Ley 1761 o Ley Rosa Elvira Cely, que tipificó el feminicidio como “un delito autónomo”. 

Un año después, se promulgó la Ley 1773 o la Ley de Víctimas de Ataques de Ácido, la cual endureció las sanciones contra los agresores. Esta normatividad también surgió a causa de la violencia de género, luego de que Natalia Ponce de León fuera atacada con ácido en 2014, por parte de un hombre que se hizo pasar por su exnovio y que le provocó quemaduras de tercer grado en su rostro y cuerpo. 

Natalia Ponce de León
Natalia Ponce de León. Foto: International Women of Courage awardee.

A pesar de los avances que se han hecho, las mujeres siguen siendo víctimas de violencias y las altas cifras de feminicidios dan cuenta de ello. En 2021 se registraron 622 feminicidios y en enero de este año la cifra fue de 55, según el Observatorio Feminicidios Colombia. 

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Estos hechos demuestran que el 8M no es una celebración, es otra cosa. Es también una oportunidad para recordar que la prevención y la erradicación contra las mujeres es un trabajo de todos, que acabar con las barreras es un trabajo de todos. Lo han dicho en las calles y lo repetirán este 8 de marzo: “Ninguna es libre hasta que todas seamos libres”.  

11 Comentarios

  1. Elizabeth MORALES VILLALOBOS

    Que recuento del feminismo colombiano tan sesgado! Por fin le vi el caracter arribista de este diario, que en sus paginas contemplan los puras visiones de machos de otra época.
    Olvidan, los que hacen este articulo, la importancia de las mujeres revolucionarias en la lucha de un mejor porvenir por sus hijos. Mientras el mundo siga dirigido por Patriarcas y su ideoligia mortifera. Los conflictos y las guerras seguiran azotando nuestro mundo.
    Ni la paz en Colombia, ni en el medio oriente, ni en Ucrania, seran durables sin no se cuenta con la participacion de las mujeres.
    A todas las mujeres que enterramos hijos, padres, hermanos, companeros. Que el 13 de marzo sea un dia de Gloria para nuestra pais. Venceremos el Patriarcado de hoy para construir un manana un mundo mejor.

  2. No estoy de acuerdo con el comentario anterior
    El artículo plantea las ideas como son y han sucedido
    No es sesgado ni con carácter arribista

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