Las putas Putamente Poderosas de Medellín

Diario Criterio estuvo en Medellín para conocer el trabajo de Putamente Poderosas, una organización que dialoga, incómoda y resignifica la palabra puta, a la vez que ayuda a las trabajadoras sexuales y a sus hijos. 

Esta es una historia de putas. De las putas que bailan, que cantan, que celebran. De las putas que se juntan, que dialogan y tejen. 

Este es el relato de las amigas de las putas que, cansadas de la violencia, la desigualdad y la falta de apoyo estatal, decidieron crear Putamente Poderosas, la primera organización registrada en Colombia con la palabra puta, esa que durante años se ha usado despectivamente y que ahora se convierte en la mejor forma de describir a las mujeres empoderadas. 

Diario Criterio estuvo en Medellín para conocer de cerca el trabajo de este colectivo que durante más de dos años ha visibilizado a las trabajadoras sexuales de la capital antioqueña y ha demostrado que, con compromiso y amor, hasta los sueños más lejanos se pueden lograr. 

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¿Qué es Putamente Poderosas?

La calle le da vida a Putamente Poderosas y mediante talleres, proyectos y gritos poderosos en redes sociales, son un puente que conecta a la ciudadanía, a las trabajadoras sexuales y al Estado para lograr una transformación social, política y cultural. 

“Nosotras buscamos resignificar y reivindicar la palabra puta -sacarla debajo del tapete- porque creemos que el lenguaje es la forma más adecuada para transformar algo y queremos cambiar esa palabra que ha estado cargada de violencias, señalamientos y estigmas durante años”, aseguró Melissa Toro, directora general de la organización. 

Aunque estudió diseño de vestuario y durante años se dedicó a crear piezas para teatro,  danza, óperas y producciones audiovisuales, Toro es consciente de que la verdadera misión de su vida está en las calles y en el servicio.  “Yo siempre digo que el diseño de vestuario es mi pasión, pero el estar, acompañar y trabajar por los derechos humanos de las mujeres es mi misión y es con lo que vine a conectar en mi vida”.

La comunidad del tejido es una de las iniciativas de Putamente Poderosas.
La comunidad del tejido es una de las iniciativas de Putamente Poderosas.

Aunque Melissa trabaja de la mano con Tatiana Cano, directora de marca de Putamente Poderosas, con cada iniciativa buscan despersonalizar a la organización para que no sea solo dos nombres relevantes. Esto es una causa que nos debe pertenecer e importar a todos porque es de la única forma que se va a dar una transformación”, asegura Melissa. 

“Tenemos un equipo ‘putamente poderoso’ que está trabajando porque la causa se dé a conocer y llegue a todas las personas”, expresa Toro. 

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Como toda organización, tienen grupos de trabajo: comunicaciones, proyectos, convocatorias, entre otras, que se han ido fortaleciendo y ya suman cerca de 17 personas del equipo base, más 20 mujeres (trabajadoras o extrabajadoras sexuales) en procesos continuos con los proyectos que adelantan.

Melissa Toro

“Queremos mostrar que las mujeres son putas, pero con P de poderosas, que son mujeres valientes y que es un acto político estar ahí paradas día y noche frente a su cuerpo”

Son enfáticas en que el trabajo sexual es trabajo y que es necesario generar condiciones dignas para que ellas puedan ejercer libremente su profesión, no de manera precaria, como sucede en la actualidad. 

Para ellas, la palabra puta no es escandalosa; al contrario, la dicen con frecuencia en sus conversaciones, en los talleres que dictan y en los mensajes que comparten con sus seguidores. 

Putamente Poderosas. Durante la marcha de trabajadores informales en Medellín, 2020.
Durante la marcha de trabajadores informales en Medellín, 2020.

Puta, tejedora y empoderada 

Incluso las mismas trabajadoras sexuales han entendido que la palabra puta, más allá de la estigmatización, significa ser “una mujer sensual, sexy y empoderada de sí misma, que puede ejercer el oficio o vender esos servicios de amor que muchos hombres necesitan por diferentes motivos”. Así lo explica Jacqueline Duque, una extrabajadora sexual de 54 años que “ya no le hace el amor a los hombres, sino al tejido” y que está vinculada con Putamente Poderosas desde hace más de dos años. 

“Desde el tejido recibo mis ingresos, soy tallerista, he enseñado crochet, macramé. Todo eso me tiene enamorada y entretenida, ya no me queda tiempo ni para malos pensamientos”, expresa entre risas. 

Jacqueline Duque durante un taller de tejido con trabajadoras sexuales.

En Putamente no importa si hay mujeres que siguen ejerciendo la prostitución o que ya se retiraron: todas tienen voz y participación en los proyectos: “aquí somos voluntarias por las buenas, no hay condiciones de nada”, dice Jacqueline.

Ella es víctima del conflicto armado. Después de que mataron a su esposo encontró en su cuerpo una forma de sobrevivir y mantener a sus hijos. Sin embargo, al ver que estos salieron adelante y después de conocer a Melissa en un performance que realizaba en el Museo de Antioquia, recordó los oficios manuales que de niña aprendió de su mamá, con quien además descubrió el trabajo sexual. 

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“Ella fue una maestra para mí, porque además de aprender a tejer aprendí lo que es la calle, lo que es luchar la vida. Ella me enseñó que podía ser independiente”, expresa. 

Sin tiempo para malos pensamientos ni para pararse en el atrio de la iglesia La Veracruz, Jacqueline trenza sus ideas en aretes, bolsos y hasta trajes de baño que vende o enseña en los talleres que imparte en la organización. 

“Yo decidí retirarme porque no es fácil estar al sol y al agua en la calle. También por el peligro de enfermedades. Quiero seguir adelante con esto y que haya muchos proyectos productivos, por mejores derechos y por un trabajo mejor remunerado”. 

Durante estos años de trabajo, Jaqueline ha sido la muestra de que se pueden recibir otros ingresos y está convencida de que su labor es una reivindicación a la mujer “de que no solamente sabemos estar por ahí como dice la gente para ‘abrir las piernas y ya’, sino que también somos mujeres berracas y podemos aprender otros oficios y hasta poder vivir de eso”, aclara con orgullo. 

‘Puta, cadeneta y chisme’, cuando todos caben en la misma mesa 

Putamente Poderosas ofrece diferentes oportunidades y conocimientos para que las mujeres se conecten con lo que ellas sienten que las hace poderosas, además de generar espacios que normalicen la presencia de las putas en el día a día junto al ciudadano de a pie.

Para ello, crearon ‘Puta, Cadeneta y Chisme’, un espacio donde el collage, el bordado y otras técnicas manuales son la excusa para hablar del trabajo sexual, humanizar a las prostitutas y, sobre todo, para resignificar la palabra puta. 

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Mediante una convocatoria abierta a estudiantes, jóvenes, mujeres y a cualquier ciudadano, escogen a varias personas que compartirán la misma mesa con mujeres Putamente Poderosas. 

“Vienen y nos acompañan mujeres que son o eran trabajadoras sexuales, que están dispuestas a contar sus experiencias y a recibir preguntas o comentar las cosas que viven a las personas del común”, explicó a Diario Criterio Indira Gizé Goyes, artista visual y tallerista de la organización.

Mientras recortan, pegan o pasan el hilo por el lienzo, las personas dialogan, se hacen preguntas y se conocen. Es entonces un espacio de empatía y respeto de los unos a los otros. 

Hay que prestar atención a las ideas que se expresan, a las opiniones que se forman y a las creaciones manuales de los participantes de ‘Puta, cadeneta y chisme’ para entender que la escucha y el diálogo son herramientas eficaces para despojarse de prejuicios y reconocerse como pares, sin importar las diferencias. 

Para Jaqueline, abrir ese espacio fue bueno “para que la gente entendiera que no somos peligrosas, que estamos llenas de historias pa’ contar y enseñar”. A su vez, Melissa asegura que gracias a esta iniciativa incomodan con amor. “La gente se va con una reflexión, una incomodidad, conmovidos; salen de su zona de confort”

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Y no solo genera un impacto en los contextos de los paisas, también deja huellas imborrables en la vida de las putas. “A través del bordado hemos hablado de cómo esto les toca su pensamiento y su situación emocional. Muchas cuentan la catarsis que han hecho. Se les ha mostrado que esto, más que una técnica manual, es un proceso de introspección que les permite entrar a estados de plenitud y conciencia”, asegura Indira. 

La pandemia que azotó a las putas

La pandemia cambió la vida de todos, pero permitió visualizar problemáticas profundas. La pobreza, la desigualdad, el hambre, la muerte, el desempleo y la crisis se sintieron más fuertes que nunca y las trabajadoras sexuales no fueron ajenas a esta situación. 

El 17 de marzo del 2020, Putamente Poderosas lanzó, a través de sus redes sociales, una campaña para recaudar fondos con el objetivo de donar mercados y artículos de aseo a trabajadoras sexuales. 

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Cuatro días ya habían recaudado más de 27.000.000 de pesos. A finales de abril, esta cifra ascendió 105.000.000 de pesos con los que se vieron beneficiadas 1.000 familias, se entregaron 864 mercados familiares y 490 auxilios de alojamiento (pago de noches de arriendos o inquilinatos). 

Hicieron ollas comunitarias, entregaron más kits de aseo que las entidades de gobierno de la ciudad, dicen ellas, y los números de donaciones parecían no tener freno. Sus redes se convirtieron en piezas gráficas de denuncias, informes de gestión de recursos, testimonios vivos de las trabajadoras sexuales y un grito claro para los indiferentes: “Estamos Putas”

Con más de 300 millones de pesos recaudados y un impacto que superó todas las expectativas, el colectivo empezó a planear otro proyecto que, además de vincular a las putas, impactará a sus hijos, de los que poco se habla en el país. 

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Putas e hijos de putas, el lazo que la calle no pudo callar 

Durante el encierro por la pandemia, las integrantes de Putamente Poderosas visitaron los inquilinatos de Medellín y se encontraron con un problemático hacinamiento que les impedía a hijos e hijas de las trabajadoras sexuales tener espacios de recreación y distracción.

Esta iniciativa buscaba que las trabajadoras sexuales se convirtieran en gestoras culturales para liderar un encuentro con los niños donde la lectura y la escritura fueran los pilares del proceso. 

“Empieza a evolucionar ‘Expresiones poderosas’ y empezamos a ver que las actividades que llevamos a estos inquilinatos generaban un vínculo verdadero entre la mamá y el hijo. Empezaron a tener ratos de calidad, porque las mujeres tienen tiempo y espacio para sobrevivir, no para vivir ni disfrutar”, explica Melissa. 

Durante el taller de yoga de poderes clandestinos. Foto: Juan Felipe Valencia @juan.fvo.

La acogida de ‘Expresiones poderosas’ dio pie a las ‘Vacaciones superpoderosas’, una idea para que los niños siguieran fortaleciendo su creatividad. Conciertos navideños, entrega de regalos, talleres científicos, muralismo, siembra y todo un conjunto de actividades que los pequeños disfrutaron durante dos semanas en diciembre del 2020. 

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Actualmente están recaudando fondos y pensando en lo que viene para una Navidad y un fin de año ‘del putas’, un momento para que más ‘hijos de putas’ puedan disfrutar de su infancia y se olviden por un momento de sus duras condiciones sociales. 

Más poder en ‘Poderes Clandestinos’

Para darle continuidad a los talleres con los niños se creó ‘Poderes Clandestinos’, un proyecto que según Toro nació a raíz de viajes clandestinos que hacían con ellos a instalaciones de Comfama. 

Semana tras semana, entre 15 y 20 hijos de trabajadoras sexuales se reúnen para trabajar con pintura, arcilla, yoga, dibujo y otra serie de actividades creativas que estimulan su aprendizaje y los conectan con otras realidades. 

“Yo voy por ellos a los inquilinatos y siempre son felices. Nos rodeamos todos de mucho amor. Hacemos talleres didácticos que reflexionan sobre la relación con el cuerpo, con el entorno y los amigos”, asegura Laura Sánchez, diseñadora gráfica de Putamente Poderosas. 

Durante el taller de yoga de poderes clandestinos. Foto: Juan Felipe Valencia @juan.fvo.

“Esta va a ser la primera generación de hijos de puta que tenga acceso a una educación, pero sobre todo que tenga acceso a soñar. Nosotras nos peleamos el sueño de que los niños tengan el derecho a soñar”, Melissa Toro. 

“Queremos que el otro año ‘Poderes Clandestinos’ pueda fortalecer sus enseñanzas para que los niños no vengan solo una vez a la semana, sino que los podamos tener dos o tres veces y tener aliados que empiecen a generar otros encuentros con ellos”.

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Los enviados especiales de Diario Criterio participaron en un taller de yoga y meditación con los hijos de las trabajadoras sexuales que quedó registrado en la siguiente pieza audiovisual:

Hace falta un censo

Las únicas cifras oficiales que se tienen de las trabajadoras sexuales en Medellín corresponden a un censo de 1963. De acuerdo con Putamente Poderosas, para el 2010, un estimado realizado por expertos, y partiendo de las cifras de hace más de 50 años, afirmaba que el número de putas visibles llegaría a los 25.000.

De hecho, la misma Alcaldía de Medellín afirmó en un informe de 2016 que “no se cuenta con censo ni es factible realizarse”. Esto es alarmante, ya que la falta de cifras actualizadas le impide a la ciudad crear políticas públicas para dignificar el trabajo de las prostitutas. 

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A pesar de esta problemática, la organización dedica sus esfuerzos para que desde la Alcaldía se realice un censo actualizado de las trabajadoras sexuales que habitan las calles de Medellín y se les garantice sus derechos humanos básicos. 

Yo siento que putamente me ha cambiado la vida porque me dio la capacidad de enseñar lo que aprendí de mi madre, que fue el tejido. Este grupo me ha dado el puesto que merezco y me ha empoderado. Nos muestran desde otras facetas, no solamente como la puta que se para en esa esquina y no sabe hacer más nada”, asegura Jaqueline. 

Putamente Poderosas ha sido esa mano amiga que, además de abrir un abanico de posibilidades laborales para las trabajadoras sexuales, ha sensibilizado a parte de una sociedad mantiene machista, clasista, xenófoba e intolerante y que aún no cree en el poder de las putas. 

“Sabemos que en la denuncia, en el estallido y en los gritos es donde también hay una transformación muy poderosa y no la podemos perder. No queremos perder la esencia de que somos mujeres, que nos gusta la calle, que amamos lo popular y nos gusta la revolución”, enfatiza Melissa Toro. 

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