Las violaciones a varias niñas que acorralan al paramilitar Hernán Giraldo

Alianza 360-grados.co y Diario Criterio

“Por miedo, le dije que sí, porque la verdad era que yo no quería estar con él. Yo tenía apenas 11 años, no sabía nada de novios, yo me la pasaba todo el día jugando en la finca con los otros niños, yo no me había desarrollado. Tuve mi primera menstruación cuando ya tenía 12 años y fue así como inicié una relación con él y me comportaba como su mujer”.

Este es el relato de una de las niñas que, durante tres años, entre los 11 y 14 años de edad, fue abusada sexualmente da por el exparamilitar Hernán Giraldo Serna. Ella, fue obligada a ir a las cárceles de Itagüí y La Ceja (Antioquia), y Modelo, en Barranquilla, donde Giraldo, ya estaba desmovilizado, esperaba ser extraditado a los Estados Unidos para afrontar un juicio por narcotráfico.

Aunque las autoridades iniciaron una investigación y algunas de las niñas, que hoy tienen 25 y 29 años, dieron su testimonio a funcionarios de la Fiscalía, el exparamilitar nunca fue procesado. Solo hasta ahora, y después de regresar deportado a Colombia y pedir su libertad tras 12 años, el ente investigador dio a conocer estas violaciones para frenar su liberación.

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Los crudos testimonios de las víctimas tienen al excabecilla paramilitar al borde de perder los beneficios como postulado a Justicia y Paz. De ser así, alias el Patrón, el Viejo o el Taladro tendrá que purgar todas las condenas que pesan sobre él por las decenas de crímenes que confesó, ocurridos en la Sierra Nevada de Santa Marta.

La gravedad de los relatos es tal, que el magistrado de Conocimiento de la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla, José Áxel De la Pava, acaba de confirmar el auto con el que un juez de Ejecución de Sentencias le negó a Giraldo la libertad, en abril pasado. 

Según cita el fallo conocido por 360-grados.co, los vejámenes llevaban engavetados desde enero de 2016, cuando una de las jóvenes instauró la denuncia por el delito de acceso carnal o acto sexual abusivo con persona incapaz de resistir.

La rueda de la justicia empezó a andar solo después de que, el 7 de febrero anterior, la víctima contó su dolorosa historia a Noticias Caracol. 

Noralba, la clave

Los abusos comenzaron en enero de 2008, a la edad de 15 años, luego de que llegó a una casa en Santa Marta donde vivían una mujer llamada Noralba y dos niñas. Fue contratada para trabajar allí de empleada doméstica y cuidar a las menores: una de 11 años y otra con “una condición especial”. 

A los pocos días, investigadores de la Fiscalía descubrieron que Noralba era la encargada de llevar a la menor de 11 años a la cárcel Modelo de Barranquilla “para que tuviera relaciones sexuales” con Giraldo Serna, según cuenta el reporte del ente investigador. 

“Posteriormente fue obligada a acompañarlo los siguientes domingos a ese establecimiento para ser sometida a la misma práctica, hasta cuando ese hombre fue extraditado”, reseñó la Fiscalía.

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Este martes, la Fiscalía dio a conocer que capturaron en las últimas horas en Cali (Valle del Cauca) a Noralba Vasco, la empleada de Giraldo Serna señalada de reclutar niñas para que fueran violadas por él. 

“Esta mujer habría ejercido la actividad ilícita entre 2005 y 2008, mientras desempeñó varios oficios, inicialmente como trabajadora doméstica en fincas en las que se ocultaba el exjefe paramilitar en la Sierra Nevada de Santa Marta. Luego de la desmovilización de alias el Patrón, supuestamente, cuidó a algunas víctimas, les proporcionó ropa y otros elementos, y realizó gestiones para que pudieran ingresar a los diferentes centros carcelarios”, informó la fiscal Deicy Jaramillo Rivera, directora de la Unidad contra violaciones a los Derechos Humanos.

Las violaciones que acorralan al paramilitar Hernán Giraldo
Las violaciones que acorralan al paramilitar Hernán Giraldo

Al cotejar el testimonio con el listado en Justicia y Paz de más de 150 víctimas de abusos de Giraldo, también apodado el Taladro por su aberraciones sexuales contra menores de edad, se supo que violó a las dos hermanas antes y también después de su desmovilización, el 3 de febrero de 2006, al mando del Bloque Resistencia Tayrona.

Una de las niñas declaró que los abusos empezaron en julio de 2005, cuando tenía 13 años, en una finca llamada Casa Nueva, en el corregimiento de Guachaca (jurisdicción de Santa Marta). 

“Conducta que permitió por miedo a que atentara contra su abuelita. Después de su desmovilización, a finales de febrero de 2006 en Guachaca, donde él se movilizaba con personal privado, y los últimos días de agosto de 2006, cuando lo trasladaron a la zona de ubicación temporal de La Ceja (Antioquia), la mandó a buscar con Luis Édgar Medina Flórez, alias Chaparro, para que ingresara a esa reclusión, donde también fue abusada”, dijo en un aparte del testimonio que entregó a la Fiscalía.

Para probar sus señalamientos, la víctima entregó fotos en las que aparece sentada en las piernas del exparamilitar en La Ceja y se ve a otros desmovilizados que estaban recluidos con él. Y añadió que, entre marzo y agosto de 2006, cuando el Patrón fue llevado a la Modelo de Barranquilla, también ingresó a ese penal, en donde también fue obligada a tener relaciones sexuales con el exparamilitar.

Al año siguiente, entre agosto y septiembre de 2007, el excabecilla mandó a que la buscaran de nuevo. Esta vez con Daniel Giraldo Contreras, alias el Grillo, uno de sus hijos, para que se la llevaran a la Modelo de Barranquilla.

“Hasta el momento hay indicios de, por lo menos, cinco menores de edad que habrían ingresado a los centros de reclusión de Antioquia y Atlántico, donde el excabecilla estuvo privado de la libertad desde su desmovilización, hasta mayor de 2008 cuando fue extraditado a Estados Unidos”, agregó la fiscal Jaramillo.

¿En las cárceles nadie vio?

Según la investigación, otro de los casos que compromete a Giraldo Serna es la víctima que posee “una condición especial”. Ella, al igual que su hermana, aparece en el listado de víctimas reconocidas por él. Cuando fue violada por primera vez, tenía 11 años. 

La víctima aseguró a una investigadora del CTI que, mientras el exlíder del Bloque Resistencia Tayrona estuvo detenido en La Ceja, Itagüí y Barranquilla, ingresó obligada y fue abusada. Los ataques sexuales sucedieron hasta el traslado de Giraldo a Estados Unidos, en mayo de 2008.

Después de la extradición, le señaló la víctima a los investigadores, los hijos de Giraldo le dejaron una razón con su suegro. Debía cambiar “la versión de los hechos y únicamente se refiriera a los acontecidos antes de la desmovilización y no a las visitas que realizó a las cárceles donde estuvo privado de la libertad, por lo que instauró una denuncia penal por amenazas”.

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La indagación por las amenazas está archivada y, como se negó a retractarse, tuvo que salir de Santa Marta. 

“Yo no fui a retractarme, por ese motivo salí desplazada en el año 2016 cuando la Fiscalía nos acogió en protección de testigos y salimos para Pereira. Estando en Pereira también nos fueron a buscar los hijos de Hernán Giraldo Serna”, señaló.

En un registro de las visitas carcelarias a Giraldo Serna durante su paso en 2006 por la cárcel de La Ceja, el CTI confirmó que al menos una vez, en menos de 72 horas, las hermanas, que lo señalan de ser su violador, entraron a verlo en dos ocasiones: el 26 y el 28 de noviembre.

Hace casi tres años, en noviembre de 2018, una de ellas ratificó sus denuncias ante agentes del CTI de la Fiscalía de Bucaramanga sobre lo acontecido en La Ceja.

“Después que lo capturaron, nos fuimos para Medellín, a La Ceja, a una casa donde nos recibió el hijo de Hernán Giraldo, de nombre Daniel, le decían ‘Grillo’. Ahí nos quedamos varios meses mientras estuvo preso, ahí fue donde (Noralba) sacó el documento que mi papá le firmó, donde nos había dejado a cargo de ella y con ese ingresábamos a la cárcel a visitar a Hernán Giraldo Serna”, recordó una de las niñas.

“Allá en las visitas –continuó la niña–, siempre que iba, abusó de mí. A mí siempre me entraban a un cuarto con él. Noralba se quedaba con mi hermana afuera. A mí me tocaba obligada permanecer en el cuarto con él, hasta que se acababa la visita. Ingresábamos tipo 9 de la mañana y salíamos como a las 4 de la tarde. Yo tenía en mente que tenía que dejarme, no gritar nada… Ese señor ahí demoró como un mes y fue cuando lo mandaron para la cárcel de Itagüí”.

“Luego nosotras nos mudamos para Itagüí. Ella (Noralba) decía que éramos hijas de ella y que Hernán Giraldo Serna era su esposo. Lo trasladaron para Barranquilla, ahí eran las visitas todos los domingos y tocaba lo mismo de siempre. Todos los meses me aplicaban la inyección para evitar el embarazo, el señor nunca utilizó preservativo, él siempre que abusó de mí estaba en sano juicio”, concluyó. 

Medidas urgentes

El magistrado De la Pava señala la tardía respuesta de la Fiscalía a estas denuncias, a pesar de que sabían de ellas hace más de cinco años, sin que de manera inmediata se hubiesen adelantado las labores de verificación correspondientes y puesto en conocimiento a esta Sala de Conocimiento de Justicia y Paz a fin de evaluar la situación y tomar las medidas que en derecho resultaren procedentes”.

En la decisión dejó claro que, además de confirmar que Giraldo no puede quedar libre porque es un inminente riesgo, no puede pasar más tiempo sin que la Fiscalía “con carácter urgente tome las medidas de protección para con las víctimas referenciadas y adelante las gestiones que le asisten dentro del ámbito de su competencia a fin de evitar la impunidad de estos hechos, lo que de por sí también representaría un acto de revictimización”.

La vuelta a la libertad del exjefe paramilitar, señalado de ser un depredador sexual, era una posibilidad latente porque ya superó los ocho años de cárcel que se fijó como pena alternativa a los desmovilizados de las AUC que se postularan a Justicia y Paz, confesaran delitos y aportaran al esclarecimiento de hechos impunes.

Sin embargo, si llega a corroborarse que siguió delinquiendo tras la desmovilización, ni un día de los 15 años que lleva detenido le servirán para evadir las condenas que tiene a cuestas, como la de 38 años que le impuso un juez de Santa Marta en 2009 por el asesinato de Julio Henríquez Santamaría, defensor de los derechos humanos y del medioambiente.

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