Laureano vive: estrategias para hacer invivible la república

Laureano Gómez Castro es, tal vez, el dirigente que ha tenido mayor influencia en la cultura política colombiana. Sus estrategias aún son empleadas por los partidos más ultramontanos.

El primer gran aporte de Laureano consistió en cambiar la relación entre violencia y política. Antes de que él apareciera como dirigente máximo y vocero de la fracción llamada “histórica” del Partido Conservador, la violencia se usó para ganar las guerras e imponer gobiernos. Laureano, en cambio, la utilizó como método para oponerse al gobierno legalmente constituido, ganar las elecciones y convertirse en gobernante, por sí mismo, o por interpuesta persona.

En su muy famoso discurso del 15 de septiembre de 1940, Laureano Gómez declaró que él y la fracción del partido que él representaba estaban dispuestos a usar la violencia para oponerse a las reformas que el Partido Liberal, en el gobierno, estaba llevando a cabo: “llegaremos hasta la acción intrépida y el atentado personal (…) y haremos invivible la república!”, anunció en el Senado.

A partir de ese momento, se multiplicaron los asesinatos y las masacres cometidas por razones políticas, sobre todo, contra gentes del campo. Por supuesto que no se ha probado, judicialmente, que el entonces senador Gómez hubiera dado la orden.

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Lo que está plenamente demostrado es que, después de ese discurso, sus copartidarios usaron, cada vez más, la violencia como instrumento para evitar que se implementaran las medidas reformistas, para atemorizar contendientes y para ampliar su propia base de votantes. Así, ganaron las elecciones de 1946 y lograron mantenerse en el poder hasta el 53.

Al mismo tiempo que usaba la violencia de esa manera, Laureano hizo su segundo aporte a la cultura política nacional: trastocó por completo la relación entre los dirigentes conservadores y la Iglesia Católica. Tradicionalmente, aquellos eran la expresión política y más terrenal de esta. Con Laureano Gómez al mando de “los históricos”, se invirtió la relación.

Él dejó de ser vocero de la jerarquía eclesiástica. Ella, al contrario, asumió que “el Partido Conservador lucha contra las potencias del infierno” y dedicó ingentes esfuerzos a propagar las ideas, análisis y propuestas del dirigente, como si fueran verdades incuestionables. Es en nombre de esas verdades que se desata la violencia.

Sobre la base de lo anterior, Laureano hizo un tercer aporte a la cultura política colombiana: transformó todo debate político en una confrontación radical entre la verdad y la virtud que, supuestamente, él encarnaba y el error o mala fe que atribuía a sus contradictores.

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Gómez Castro percibía y combatía a sus adversarios políticos no como humanos con quienes tenía desacuerdos sobre el manejo del Estado, sino como entes llenos de defectos y pecados, portadores de ideologías que él mismo calificaba de peligrosas y extrañas. Pretendía despreciarlos llamándolos comunistas, socialistas, anarquistas, protestantes, judíos o masones. Enemigos de la propiedad privada y de la fe católica. Para defenderse de ellos, dijo Laureano, eran necesarias la violencia y el triunfo electoral.

Los tres grandes aportes de Laureano Gómez se han asumido, en estos días, como guía de pensamiento y acción de un sector político. Lo que no hay es un hombre o una mujer que tenga la capacidad de Laureano Gómez de dirigir una sedición, desde la derecha radical, como él lo hizo.

Por eso, más bien, se dividen el trabajo entre varios individuos, o entre varios grupos de personas, que utilizan la ya probada y exitosa estrategia laureanista: usar la violencia física y verbal para oponerse y desprestigiar al gobierno reformista, ganar las elecciones y gobernar, una vez más, utilizando la violencia.

Laureano Gómez

Esa división de tareas opera como lo describo a continuación.

Mientras algunas personas construyen supuestas verdades basándose en hechos inexistentes o en interpretaciones que distorsionan la realidad, otras fustigan, con esas mismas mentiras, a altas y altos funcionarios del actual gobierno y los presentan como enemigos de la sociedad, de la propiedad privada, del emprendimiento y de la religión. Tal como lo hizo Laureano Gómez durante todos los gobiernos liberales a partir de 1932.

Personas de otro grupo, desde los medios de comunicación, las redes sociales y muchas iglesias, difunden esas mentiras y magnifican los logros que se obtienen con el acoso a funcionarios del gobierno progresista. Crean una especie de realidad paralela para influir en el pensamiento político y en la intención de voto de quienes las leen, ven o escuchan. Igual que Laureano, en debates parlamentarios, conferencias y artículos de prensa.

Con el apoyo de las mentiras, debidamente difundidas e instaladas como verdades en el imaginario social, hoy se hace un llamamiento a los civiles para que se armen y defiendan sus propiedades de una amenaza realmente inexistente y se insta a los militares de la reserva activa a preparar un alzamiento. Es una copia, casi exacta, de los clamores de Laureano Gómez cuando azuzó a sus copartidarios en contra de los presidentes López Pumarejo y Santos Montejo. 

Están preparados para hacer invivible la República, ganar las elecciones y recuperar el poder que perdieron hace poco. Tal como lo hizo Laureano hace más de 70 años. Pero, ahora, deberán vencer o convencer a quienes han sido sus víctimas.

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4 Comentarios

  1. Carmen Anachury Diaz

    Una vez más queda demostrado que hemos dado vueltas para llegar al mismo punto de partida y que el miedo a la libertad política es uno de nuestros sinos .

  2. El abanderado de la posverdad antes que ella hiciese irrupción en el mundo del pensar. Y vaya a ver cuánto sufrimos bajo su embate los que hoy somos mayores de setenta años,, cuánto recordamos los relatos de los mayores que nosotros y ya no son sino memoria. Se cumple el mito del eterno retorno: así también nos recordarán nuestros biznietos.

  3. La historia se sigue repitiendo….. el que no conoce la historia estara condenado a r e p e t i r l a…. gracias muchas gracias

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