Los colombianos preferirían trabajar ‘miti-miti’: unos días en la casa y otros en la oficina

Según la Encuesta Polimétrica, muy pocas personas quieren seguir 100 por ciento en la virtualidad. Sin embargo, los expertos dicen que hay que mirar los resultados con lupa. 

Con la pandemia del covid-19 el mundo cambió y el trabajo también. 

Los últimos dos años han implicado, para muchos, una experiencia laboral totalmente novedosa. Atrás quedaron las rutinas de oficina, los recorridos en transporte público y los almuerzos calentados en microondas.

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Ahora, con el trabajo en casa, muchos aprendieron a manejar su propio tiempo, a cocinar, a asistir a reuniones virtuales por Zoom o Teams y a aprovechar los tiempos libres para hacer ejercicio, leer, ver series o meditar y hacer yoga. 

El cambio, que al inicio parecía temporal, ya lleva varios meses. Y ahora, justo cuando el regreso a la presencialidad parece una realidad para la mayoría, muchos celebran, mientras que otros se lamentan. Algunos preguntan si no será mejor mantener por lo menos parte de las condiciones de la virtualidad. 

Justo en ese contexto, se acaban de publicar los resultados de la Encuesta Polimétrica de la Universidad del Rosario y Cifras y Conceptos, que consultó entre 1.115 personas mayores de 18 años sus preferencias entre la presencialidad y el trabajo en casa.

Justo cuando el regreso a la presencialidad parece una realidad para la mayoría, muchos celebran, mientras que otros se lamentan.

En términos generales, la mayoría (55 por ciento) preferiría que en el futuro haya un modelo híbrido, con unos días en la oficina y otros en la casa. Menos personas (31 por ciento) optarían por un trabajo totalmente presencial y solo unos pocos (14 por ciento), por algo totalmente virtual. 

Sin embargo, al indagar un poco más en los resultados salen algunas conclusiones interesantes.

Entre más grandes, menos virtuales

“En principio, al mirar los resultados de la encuesta, la conclusión más general es que la gente quiere ambas cosas. Pero si uno mira un poco más de cerca, se da cuenta que el tema está muy estratificado y depende de aspectos sociales”, explica el sociólogo Carlos Charry, director del doctorado y de la maestría en Ciencias Sociales del Rosario.

De hecho, los resultados varían por el estrato, el nivel de estudios o la edad de los encuestados.

Entre las personas de más de 65 años, por ejemplo, la mayoría (60 por ciento) preferirían volver totalmente a la presencialidad. Mientras que en las personas entre 26 y 35 años, el 67 por ciento apoyan un modelo híbrido. 

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Claudia Dulce Romero, directora de Proyección Social del Rosario y quien apoyó la realización de la encuesta, dice que esos resultados diferentes “dependen de las vivencias que ambas poblaciones han tenido”

Los menores tienen una experiencia digital mayor, y muchos son nativos digitales. “Mientras que los mayores están más acostumbrados a las rutinas de oficina y les ha costado más la tecnología”.

El trabajo en casa: un privilegio

En ese mismo sentido, también hay una gran diferencia entre las personas de estratos más altos o con mayor nivel de formación, y las personas con menos escolaridad y de estratos bajos. 

La encuesta muestra algo evidente: la mayoría de los que actualmente trabajan de forma presencial son personas de nivel socioeconómico bajo, o poco nivel de estudio. Esto puede deberse a que sus trabajos no siempre se pueden hacer desde la casa. 

Unos días en la casa y otros en la oficina
Muchas personas extrañan las interacciones con sus compañeros de la oficina, pero le temen al virus y al transporte público.

Eso influye en las preferencias para el futuro. Las personas con mayores grados de escolaridad (posgrado y pregrado) se inclinan más por el modelo híbrido (67 por ciento). 

En cambio, quienes más prefieren seguir de manera presencial son los que no pasaron de primaria (85 por ciento) o de bachillerato (65 por ciento).

“La gente desearía tener un mayor control sobre su tiempo y sus actividades, tomarse una siesta o levantarse un poco más tarde algunos días, pero no todos pueden acceder a ese modelo”, concluye Charry.

Lo mejor de ambos mundos 

La gente que no quiere regresar a la presencialidad da varias razones. La mayoría aún teme contagiarse de covid-19 (39 por ciento) y otros no quieren exponerse al transporte público (30 por ciento) o esperan a ser vacunados (30 por ciento). 

Algunos, por otro lado, ya se acostumbraron a trabajar desde casa (26 por ciento) o tienen que cuidar niños o adultos mayores (15 por ciento). 

Quienes quieren volver, en cambio, dicen que desean separar el espacio familiar del de trabajo (53 por ciento), encontrarse con colegas y compañeros (50 por ciento) y volver a las rutinas prepandemia.

“La gente desearía tener un mayor control sobre su tiempo y sus actividades, tomarse una siesta o levantarse un poco más tarde algunos días, pero no todos pueden acceder a ese modelo”.

“Por eso la mayoría están en la mitad. Quieren volver a la oficina y retomar las rutinas de antes, pero no tanto, porque le tienen miedo al virus y le tienen pereza a los trancones eternos, al transporte público. Y aunque rescatan lo que trajo la virtualidad, extrañan las interacciones”, dice Romero. 

De hecho, la encuesta deja claro que trabajar en casa tiene tanto cosas buenas, como malas. Muchos destacan que la experiencia les ha dejado hábitos positivos como comer bien, hacer ejercicio, dormir más y tomar siestas. Pero también negativos como subir de peso y trabajar 10 horas o más.

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Sobre este último punto, el del exceso de trabajo, Romero destaca que eso no significó un aumento de la productividad. De hecho, un 57 por ciento de los encuestados dijeron que el año pasado se sintieron poco productivos.

Por eso, también muchos prefieren mezclar lo mejor de ambos mundos. Uno en el que puedan volver a la oficina, verse con sus compañeros y retomar algunos de los hábitos que traían antes, pero en el que también puedan tomarse unos días para trabajar en la comodidad de su hogar y tener más tiempo para ellos mismos y sus familias. 

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