“La poesía no ha muerto”: Los festivales que mantienen viva la llama en Colombia

Aunque se dice que en Colombia no vende y no se lee, los festivales de Medellín, Cali y el Caribe demuestran que está más viva que nunca. 

Hablar en estos tiempos del lugar que ocupa la poesía en la sociedad no es fácil. A diferencia de la novela, los libros de no ficción o el mismo cuento, parece no tener un espacio en las grandes editoriales, en las conversaciones cotidianas ni en los medios de comunicación. Y solo los poetas más reconocidos encuentran un lugar allí, muy pequeño. 

Pero al mismo tiempo, y como en un espacio paralelo, los nuevos poetas y los lectores interesados han encontrado la manera de circular y de mover este género: revistas y grupos literarios, portales y blogs de internet, editoriales pequeñas e independientes y espacios presenciales que, sobre todo antes de la pandemia, ayudaban a llegarle a un público más masivo. 

Puede leer: La lista Granta y el nuevo panorama de la narrativa hispanoamericana

En Colombia esos espacios también existen. Si bien entidades como la Casa de Poesía Silva (que solía mandar la parada en tiempos de María Mercedes Carranza) ya no tienen el prestigio de hace décadas y ahora solo son noticia por su crisis económica, hay tres festivales que llevan décadas conectando a la lírica y a autores de todo el mundo con los territorios y que, con la pandemia, lograron aprovechar la virtualidad para acercarse a más público.

Se trata del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el Festival Internacional de Poesía en el Caribe PoeMaRío y el Festival Internacional de Poesía de Cali. Los tres tienen lugar entre agosto y septiembre de cada año, y aunque tienen historias diferentes y objetivos distintos, en el fondo buscan lo mismo: acercar la poesía a la sociedad. 

Medellín: una respuesta a la crisis

El más antiguo de todos, el de Medellín, nació en 1991 cuando Colombia vivía una de las épocas más difíciles de su historia: la década anterior había sido difícil por el exterminio de la Unión Patriótica, la toma del Palacio de Justicia y la guerra contra las guerrillas. Pero ahora se había sumado el narcotráfico y la figura de Pablo Escobar, con su cartel de narcotraficantes.

El poeta Gabriel Jaime Franco, cofundador y coordinador general del festival, lo recuerda:  “Esa guerra fue fatal y en Medellín tuvo unos efectos devastadores: estábamos aterrorizados, teníamos miedo, era como un toque de queda no declarado, era un verdadero estado de terror. La vida nocturna de la ciudad prácticamente no existía”. 

El Festival Internacional de Poesía de Medellín ha llegado a reunir a 3.000 personas para escuchar recitales de poesía. Foto: cortesía.

La respuesta de un grupo de poetas, liderados por Fernando Rendón y aglutinados en la revista Prometeo, fue salir a la calle y retomar la ciudad: el 28 de abril de 1991 convocaron a la gente para escuchar durante unas horas un recital con 13 poetas en el Cerro Nutibara. La respuesta fue impresionante: entre 800 y 1.500 asistentes.

Eso los impulsó a hacer una versión más grande en 1992 y 1993. Y ante la buena respuesta del público llegó el apoyo estatal y arrancó oficialmente el evento, que a hoy ya lleva 31 versiones. La más reciente, entre el 1 y el 29 de agosto, reunió 100 actividades virtuales que contaron con más de 820.000 visualizaciones.

Puede interesarle: Arrancó el Festival Internacional de Poesía de Cali, estos son algunos de los invitados

Franco explica: “El origen no fue tanto de carácter estético, aunque sí tenía ese componente, sino político, en el buen sentido de la palabra: fue una respuesta civil a la situación de la sociedad. Y nosotros de alguna manera seguimos fieles a ese estilo y por eso el festival siempre ha tenido un enfoque crítico”.

Barranquilla y Cali: a promover la poesía 

El festival del Caribe nació de la mano. Miguel Iriarte, su director, recuerda que en 1997 creó un espacio llamado Poetas del mundo en Barranquilla, en el que invitaba durante un día a poetas reconocidos internacionalmente para un recital. La mayoría de ellos llegaron gracias a una alianza con los organizadores de Medellín. Hasta que en 2007, con varios compañeros y el apoyo de la Biblioteca Piloto del Caribe, decidió que era hora de convertir el evento en un festival.

Al año siguiente nació PoeMaRío (unión de las palabras poesía, mar y río). A diferencia del de Medellín, su objetivo no era tanto político, sino estético: propiciar una relación de los barranquilleros con el mundo de las ideas poéticas.

“Un mundo que está más allá de la idea convencional de lo poético como una idea contemplativa, desgarradora y melancólica. Acá la poesía está concebida como un amplificador del horizonte del conocimiento y de la sensibilidad, porque nos remite a un pensamiento, a una manera de decir y de utilizar el lenguaje”, dice Iriarte. 

El festival de Cali, que este año llegó a su edición 21, nació en el año 2000. Y a diferencia de sus contrapartes, lo hizo como un evento estatal, pensando en aprovechar el potencial de la ciudad (la misma de Caliwood y de Andrés Caicedo) con las letras. 

En la diversidad está el placer 

Los tres festivales han mantenido, a lo largo de estos años, una agenda nutrida, con poetas internacionales y nacionales invitados. Cada uno desde su propio punto de vista. Así, el de Medellín (siempre con su carácter político y comprometido con la sociedad) ha organizado el evento en torno a temáticas como la paz, la protección del medio ambiente o la memoria, como el de este año.

El del Caribe, en cambio, siempre ha girado en torno a la poesía. Y aunque suele organizar conferencias y diálogos con personajes que no son necesariamente poetas, la idea es que ellos también hablen sobre poesía. 

Le puede llamar la atención: ¿Por qué vale la pena leer al poeta Charles Baudelaire?

El de Cali tiene una visión más amplia, que busca generar diálogos con la ciudad y la coyuntura. “El momento histórico del que somos parte y testigos nos demanda un compromiso más allá del mero goce estético -explica su directora, la poeta Betsimar Sepulveda-. Es por esto que esta edición busca el diálogo con los territorios a partir de una agenda incluyente, multicultural y diversa”.

Así, en la edición que comenzó la semana pasada y termina el sábado 4 de septiembre, participaron, además de poetas, líderes sociales, exmilitares, víctimas del conflicto, los jóvenes de la primera línea y personajes como León Valencia o Jesús Abad Colorado. Claro que también hubo espacio para otras expresiones poéticas: los cantos llaneros, poetas de San Andrés, cantaoras del Pacífico y un grupo de poetas indígenas. 

“La poesía no se vende, porque no es una mercancía

Estos festivales, que en épocas de presencialidad, reunían a 300 o 400 personas por evento (el de Medellín ha llegado a aglutinar a 3.000 personas en el Cerro Nutibara) son la prueba fehaciente de que la poesía no está en crisis, y nunca lo ha estado. Ni siquiera con la pandemia, que con la virtualidad ha propiciado que estos eventos lleguen a más gente y conecten a más poetas, que antes no podían venir. 

“La poesía no se vende, porque efectivamente no se vende, no es una mercancía y está por fuera de la dinámica comercial. Y eso es, al mismo tiempo, una desgracia y una virtud”. dice Iriarte. Franco está de acuerdo: “en el fondo es una ventaja, porque permite que la poesía mantenga cierta dignidad frente al comportamiento del mercado”.

Los festivales demuestran que hay mucha gente interesada en la poesía. Foto: cortesía.

Para él, parte de las razones por las que la poesía no se lee tanto en Colombia es por la academia, que la tiene en una especie de olvido y que la enseña mal. “La gente piensa que un poeta es un ser superdotado, marcado por una luz divina y no. Con este tipo de festivales, nosotros buscamos mostrarle a la gente que no es así, que la poesía no es como ellos la imaginan y que es mucho más cercana”

Pero más allá de las cifras de ventas y de lecturabilidad, las personas detrás de los tres festivales creen que la poesía nunca ha estado en crisis y no lo está ahora: las editoriales pequeñas y universitarias la publican, las revistas literarias la mueven a través de internet y se fortalece a través de los poetas, de sus reflexiones y de eventos como este. La poesía se mueve sola y se vende sola. 

Puede interesarle: El top en ventas de la literatura LGBT

Como dice Franco: “Nosotros creemos que los bienes del espíritu, como la poesía y el arte en general, no le pertenecen a nadie y deben ser para todos. La gente tiene derecho a acceder a su propia historia. Y la poesía es eso: no es más que la historia del alma humana. La idea de estos festivales es permitirle a la gente acceder a eso”.

10 Comentarios

    1. Es un gran placer leer un artículo-ensayo donde se exalte con mucha profundidad los momentos por los que atraviesa la poesía desde el punto de vista de su organización a escala nacional, como una forma de darle estatus social a una expresión artística, que a través de los tiempo, siempre ha sido una manifestación abierta y de estirpe popular.
      Es necesario recordar los orígenes de la poesía, lo épico y lo lirico, su nacimiento, al igual que las fiestas bacanales o tradicionales de Grecia, donde se realizaban encuentros o “juegos florales” en los cuales la poesía era la principal invitada… por lo tanto, los festivales poéticos no son nuevos y seguirán existiendo mientras haya motivos para cantarle, al amor, a la vida y a la muerte.

  1. Que bueno saber que existen festivales dedicados a la poesía, que han perdurado a través del tiempo y se mantienen .
    Este tipo de arte Alimenta el Espíritu y despierta sensibilidad
    Gracias 👍

  2. Échenle una ojeada al festival internacional de poesía “Luna de locos” que se realiza cada año en Pereira y cuyo gestor falleció recientemente a causa del covid. Pero no dejaremos morir el festival. En Pereira también amamos la poesía.

Deja un comentario

Diario Criterio