Los imanes del fútbol

La plata es la puerta del fútbol, y muchas veces los sobornos son la llave. Las personas de esta industria ya se malacostumbraron a que sin plata no pasan cosas y eso, tristemente, lo estamos viviendo en el fútbol colombiano.

El 28 de noviembre de 2017, durante el ya casi eterno proceso del Fifagate en una corte de Nueva York, Luis Bedoya fue interrogado en pleno juicio por los sobornos recibidos por la plana mayor del fútbol suramericano en los últimos años. El zar del fútbol colombiano hasta 2015, año en el que renunció para presentarse a la justicia de Estados Unidos, fue testigo en los juicios contra Juan Ángel Napout, Manuel Burga y José María Marín, sus pares de Paraguay, Perú y Brasil, respectivamente, y tras contar detalles de cómo pedían coimas y se las repartían, y negar haber recibido varias tentaciones, la abogada de Napout le tiró un bombazo: “¿Entonces usted es más o menos un imán para los sobornos?”.

Bedoya, quien hasta el día de hoy no ha sido juzgado y ha recibido nueve aplazamientos de la corte, que sigue esperando información sobre el paradero de la fortuna del fallecido Julio Grondona y cuentas pendientes de Marín, le respondió a la abogada bajo juramento: “Desafortunadamente el fútbol tiene un ambiente que se presta a todos estos tipos de situaciones”.

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Y sí, el fútbol se mueve con plata, y no necesariamente con negocios limpios. Acá no importan los hinchas a menos de que sean clientes, la pasión es solo una herramienta para que los dirigentes cuiden su patrimonio, y el negocio es tan, pero tan jugoso, que las empresas privadas necesitan estar en él y han estado dispuestas incluso a pagar sobornos para lograrlo, como lo ha demostrado el Fifagate.

La plata es la puerta del fútbol, y muchas veces los sobornos son la llave. Las personas de esta industria ya se malacostumbraron a que sin plata no pasan cosas y eso, tristemente, lo estamos viviendo en el fútbol colombiano.

“Somos una cofradía y decidimos a quién dejamos entrar”, dijo en su momento el entonces presidente de Dimayor Jorge Perdomo, cuando Juan Carlos Restrepo, padrastro de James Rodríguez, quiso armar un equipo nuevo llamado Tolima Real. La cofradía le tiró la puerta en la cara por más que Restrepo llegara con la bandera de su hijastro, para esa época estrella del Real Madrid, y una propuesta para desarrollar la cantera futbolística del Tolima.

Esa plaza era (y es) de Gabriel Camargo y ni se mira ni se toca, y a Restrepo le dijeron que no. El problema para la Dimayor es que Restrepo tenía armado un caso legal que llevó a la justicia: él compró el Real Sincelejo en 2015 y con esa ficha quiso armar el Tolima Real ese año, pero la Dimayor no solo rechazó su propuesta sino que le dio la ficha de ese equipo al club que hoy conocemos como Atlético FC y que ha cambiado de sedes y de nombres desde entonces. 

Restrepo acudió a la justicia y en diciembre pasado la antigua Sala Jurisdiccional Disciplinaria de la Judicatura (hoy llamada Comisión Nacional de Disciplina Judicial) amparó los derechos al debido proceso, dignidad humana e interés superior de Restrepo y ordenó afiliar de manera inmediata al Real Sincelejo al fútbol profesional colombiano, pero la Dimayor no solo hizo caso omiso a esta orden, sino que movió sus fichas judiciales para que en septiembre pasado la Corte Constitucional suspendiera provisionalmente el trámite del reconocimiento deportivo a este club.

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Cuando digo que la dirigencia movió sus fichas me refiero al organigrama de altos magistrados y funcionarios de la justicia colombiana que hacen parte de comisiones varias del fútbol. No es que reciban sobornos, no, pero como integrantes de la Federación o la Dimayor reciben prebendas envidiables: viajes y boletas para los partidos de nuestra amada Selección Colombia. Nunca olviden que en plena pandemia, con la orden de realizar partidos sin públicos, el ministro de Justicia Wilson Arias, integrante de una de esas comisiones varias de la FCF, fue invitado al Metropolitano con su familia y sus hijos pudieron tomarse fotos con los jugadores en el camerino. Insisto, no es soborno, pero qué rico tener al ministro de esa cartera con la camiseta de la selección puesta mientras tienes problemas con la justicia.

Retomando, Restrepo se ha dado la pela, ha buscado recursos legales, ha peleado por lo suyo, pero ya se dio cuenta de que en el fútbol lo que funciona es la miel y no la ley, y ya empezaron los acercamientos y las reuniones con las altas cabezas del fútbol colombiano, siempre dispuestas a que la cofradía crezca acorde con el patrimonio de sus integrantes.

En las reuniones que se están dando por estos días entre los directivos de clubes para definir cómo va a ser el FPC en 2022, año atípico con un Mundial a finales de noviembre y una Copa América Femenina en mitad del calendario, la posibilidad de recibir al Real Sincelejo está sobre la mesa si paga su nueva ficha (aunque la ley haya dicho que la del Atlético FC ya es suya), e incluso están abiertos a darle la bienvenida al Cúcuta Deportivo, club histórico del fútbol colombiano que la Dimayor dejó morir para respaldar al tipo que lo quebró, José Augusto Cadena.

Lo del Cúcuta es el epítome de cómo solo les importa la plata, no una ciudad futbolera o una afición enorme o un club que ya fue campeón: si los amigos que están tratando de mantener vivo al rojinegro le responden al patrimonio de Cadena, la Dimayor les vuelve a abrir la puerta. Así son las cosas: hoy la Dimayor son 35 clubes y Cadena, mientras el Cúcuta está por fuera. Y si quiere volver tiene que pagar, no importa su estrella en el pecho ni sus leyendas futboleras.

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El panorama está dado para que a punta de plata, de respondámosle a este por esto y aquel por aquello, la B del próximo año pase de los 15 equipos que tiene en este momento (otra vergüenza de nuestro fútbol: somos la única liga del mundo con más equipos en la A que en la B), a 18 con el regreso del Cúcuta, del Real Sincelejo y la llegada de un nuevo equipo que Cadena quiere montar.

Porque el fútbol es tan buen negocio, deja tanta plata, que nadie se quiere ir. Ni siquiera los que lo han quebrado.  

Foto de apertura: AFP 

7 Comentarios

  1. Recibir dádivas, regalos, viajes, etc se llama cohecho, soborno o corrupcion, asi insista el periodista que hace la nota que no lo es. El ministro de Justicia aparte de ser un abogado mediocre es un corrupto e inepto.

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