La Marea Verde en América Latina y la lucha por los derechos reproductivos

Esta semana se le vence el plazo a la Corte Constitucional para tomar una decisión sobre el aborto. En caso de lograrse la despenalización, Colombia se uniría a países como Argentina y Uruguay. ¿Qué es la Marea Verde y qué alcance ha tenido en la región?

En la Corte Constitucional se debaten dos demandas que piden la despenalización del aborto. La ponencia para la primera, interpuesta por el abogado Andrés Mateo Sánchez, está a cargo del magistrado Alberto Rojas. La segunda, presentada por el movimiento Causa Justa, es estudiada por Antonio José Lizarazo.

Esta semana es crucial. El alto tribunal tiene hasta el viernes 19 de noviembre para pronunciarse al respecto. Por eso, no se descarta que ambos proyectos de fallo se unifiquen.

Desde 2006, Colombia permite el aborto solo en tres causales: cuando la vida o la salud de la mujer se encuentran en peligro, cuando hay malformación del feto o cuando es fruto de violación o incesto.

En caso de que se logre despenalizar el aborto, el país se uniría a Uruguay, Argentina y México.

El panorama en América Latina

Uruguay legalizó el aborto en 2012. Allí, las mujeres pueden acceder a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) hasta la semana 12 de gestación.

En Argentina, la legalización se logró en 2020, después de un amplio debate en el Senado y gracias a que movimientos por los derechos de la mujer lograron movilizar una gran corriente favorable de opinión. Así mismo, influyó la elección de Alberto Fernández como presidente, pues él siempre se mostró partidario del aborto.

En el caso de México, la Corte Suprema de Justicia lo despenalizó en el estado de Coahuila en septiembre de este año. Aunque la decisión solo se aplica para Coahuila, pues cada estado mexicano tiene leyes distintas, abre las puertas para que el resto del país pueda seguir la misma línea.

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En ese sentido, en los otros estados de México, las mujeres que aborten fuera de la normativa local continuarán siendo enviadas a los tribunales. Sin embargo, el proceso judicial no dejará que sean enviadas a la cárcel. Esto también implica que las mujeres que abortaron y quienes facilitaron este proceso podrán salir de la cárcel.

Aborto legal
La lucha de la Marea Verde no solo encuentra su centro en lo legal, pues también se trata de esfuerzos para hacerle frente a la estigmatización que sufren las mujeres que acceden a este proceso. Foto: AFP.

¿De dónde surge la Marea Verde?

Antes de la legalización del aborto, en Argentina solo podían interrumpir su embarazo si había peligro para la vida o salud de la mujer o si el embarazo estaba relacionado con una violación. Estas restricciones empezaron un problema de salud pública. En ese país, la principal causa de mortalidad materna era el aborto clandestino y al año se estaban realizando unas 500.000 intervenciones ilegales, según datos del Ministerio de Salud.

De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo se practican alrededor de 25 millones de abortos inseguros, la mayoría en países en desarrollo. Estos abortos, de acuerdo con la organización, provocan unas 47.000 muertes al año.

En este contexto nació la Marea Verde, que surgió de ‘Ni Una Menos’, la consigna bajo la cual cientos de mujeres se movilizaron en Argentina contra los feminicidios y las violencias luego del asesinato de Chiara Páez en 2015, una joven de 15 años.

En 2018, la Marea Verde obtuvo su nombre luego de que miles de mujeres y activistas también se tomaran las calles para exigir la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en las dos cámaras del Congreso.

Y así adoptaron el verde para distinguirse. Miranda González Martin, integrante de la campaña, explicó a La Nación que el color fue escogido puesto que no estaba ligado a ninguna otra campaña o posición política. “El violeta es el color del feminismo y está muy extendido; el naranja lo suele usar la Iglesia; el rojo, los partidos políticos de izquierda, y el azul lo ha usado históricamente el justicialismo. En ese espectro de colores visibles, el verde era un color que no estaba usado”, aseguró.

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Despenalización del aborto
En México, como en muchos de los países en los que las luchas por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres han tenido frutos, la decisión llegó luego de masivas protestas.

Una marea que parece ‘tsunami’

La Marea Verde busca visibilizar los casos de miles de mujeres y niñas alrededor del mundo que son obligadas a completar un embarazo no deseado.

A estos esfuerzos también se han unido organizaciones como Human Right Watch y la red European NGOs for Sexual and Reproductive Health and Rights (ONG europeas para la salud y los derechos sexuales y reproductivos, en español), que han hecho eco sobre las consecuencias de la penalización del aborto, que no son solo de salud pública sino sociales.

De hecho, Human Rights Watch (HRW) ha realizado investigaciones en las que demuestra que la penalización del aborto no acaba con este procedimiento, sino que, por el contrario, impulsa a las mujeres a buscar otras formas en las que sus vidas terminan corriendo peligro.

A estas voces se han sumado incluso expertas de las Naciones Unidas, quienes esperan que lo sucedido en Argentina se convierta en un modelo para toda la región. Al igual que (HRW), las expertas de la ONU recordaron, a finales del año pasado, que el impedir de forma legal el aborto solo lleva “a las mujeres a abortos clandestinos e inseguros”.

La marea también avanza en Colombia de la mano de cientos de activistas y organizaciones como la Mesa por la Vida y la Salud de la Mujeres, organización pionera en la defensa de la despenalización del aborto, y Viejas Verdes, un colectivo que lucha por los derechos de las mujeres.

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Un arduo trabajo que va más allá de la despenalización

La lucha de la Marea Verde no solo encuentra su centro en lo legal, pues también se trata de esfuerzos para hacerle frente a la estigmatización que reciben las mujeres cuando acceden o quieren acceder a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). Este estigma, de acuerdo con los expertos, es experimentado en diferentes niveles: la opinión pública, el gobierno, en los servicios de salud, en la comunidad y a nivel individual.

Nina Zamberlin, miembro del Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia del Ministerio de Salud de Argentina, quien ha centrado su trabajo en salud sexual y reproductiva, explica cómo se manifiestan cada uno de estos en América Latina. De acuerdo con Zamberlin, en la cultura masiva,“el discurso dominante plantea el aborto como un evento indeseable”, y a nivel institucional, hay una separación de la prestación del servicio del aborto de otros servicios.

Sobre los dos últimos, la autora indica que el miedo al rechazo lleva a las mujeres a abortar en soledad, “sin animarse a buscar apoyo”. Finalmente, Zamberlin asegura que el estigma individual tiene que ver con “el impacto del estigma a nivel psicológico y emocional de la mujer que interrumpe un embarazo”. En este sentido, explica la autora, las mujeres que se sienten avergonzadas o cuestionadas tienden a sufrir estrés psicológico luego del procedimiento.

Ese estrés psicológico ha sido usado “para fundamentar la patologización del aborto bajo el supuesto síndrome posaborto sin identificar su origen en la vivencia estigmatizada”, dice la experta.

Por esta razón, las organizaciones de la región coinciden en que hay que trabajar en la pedagogía alrededor del aborto: incluso en los países donde ha sido despenalizado existe mucha confusión y desinformación alrededor del tema, advierten.

Además, según explican, hay que resolver el acceso a los sistemas de salud y sus profesionales. Un asunto que ya ha tenido complicaciones en España. Allí, si bien el aborto es legal, las mujeres no pueden acceder al procedimiento a través del servicio público de salud, pues muchos médicos se niegan a practicarlo bajo la objeción de conciencia. Por esto, España busca opciones para lograr un equilibrio entre objetar y garantizar el acceso al aborto.

Hay otros países en los que el camino es aún más espinoso y complejo. En Honduras, a inicios de este año, el Congreso aprobó una reforma a la Constitución para evitar que el aborto pueda ser legalizado en el futuro, sin importar que el embarazo haya sido producto de una violación o cuando la vida del bebé y la mujer se encuentran en peligro.

En El Salvador el panorama es similar. Hace un par de meses, fue descartada cualquier modificación a las leyes sobre el aborto en la reforma constitucional que adelantará el país. De hecho, en mayo de este año, el Parlamento archivó una propuesta para despenalizarlo, impulsada desde 2016 por un grupo de feministas.

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