María Teresa Hincapié: la cotidianidad nunca tuvo tanto sentido

La galería Casas Riegner presenta la exposición ‘Respuestas a una época: María Teresa Hincapié 1987-2006’, la primera muestra póstuma de la artista con la recolección de su archivo personal. Un recorrido por la historia de la pionera del performance en Colombia.

“Soy una mujer sin corazón
Soy una mujer azul
Soy una mujer q’ vuela
Soy una mujer puta
Soy una mujer”

Se observa en una vitrina del centro de Bogotá. Frente a las letras escritas con pintalabios color sangre hay una mujer que viste una bata azul clarito. Está despeinada. 

Limpia el vidrio con papel periódico y jabón. La espuma espesa se fusiona con las letras que ahora están corridas y poco a poco eliminadas. La mujer completa ocho horas de trabajo (las reglamentarias de la jornada laboral) y se alista para repetir la acción el día siguiente.

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Así es Vitrina (1989), una de las acciones más conocidas de María Teresa Hincapié, la pionera del performance en el país y la mujer que sentó un precedente no solo en las artes nacionales sino en la vida de quienes aún, después de más de diez años de su partida, la seguimos admirando.

Esta y otras de sus acciones se descubren en la exposición Respuestas a una época: María Teresa Hincapié 1987-2006, de Casas Riegner*, la primera muestra póstuma realizada en Colombia dedicada a la práctica artística de la artista colombiana.

María Teresa Hincapié. Registro Vitrina (1989)
Registro Vitrina (1989)

La exposición nace a partir de una revisión del archivo de María Teresa, quien antes de su muerte, en 2008, entregó sus registros personales a la galería.

Paula Bossa

Esta revisión de archivo se hizo en paralelo con una investigación y también con entrevistas de personas cercanas que tuvieron alguna relación con María Teresa.

En un trabajo conjunto con Mira Bernabéu, fundador y dueño de la galería 1Mira Madrid, ubicada en España, Paula Bossa, curadora de la muestra, organizó, clasificó y encontró negativos, archivos digitales, papeles, fotografías y escritos de Hincapié que se pueden conocer en Casas Riegner.

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“El proceso se inició en el 2018/2019. Nosotros teníamos planeado hacer esta exposición el año pasado pero llegó la pandemia. Se pensó hacer una muestra digital pero era muy difícil dada la esencia y la naturaleza del trabajo de la artista”, comenta Paula Bossa a Diario Criterio.

El legado trasciende

María Teresa inventó su propio mundo. Un mundo lento, que amaba la naturaleza y valoraba las riquezas naturales. Un mundo sin prejuicio hacia la mujer, que disfrutaba lo cotidiano, los ritos, la comida, la cama, caminar, respirar.

Nació en Armenia en 1954 y conoció el poder de su cuerpo sobre las tablas. En 1978 se vinculó a Acto Latino, una agrupación de teatro dirigida por Juan Monsalve, y durante nueve años estudió las teorías de Jerzy Grotowski y Eugenio Barba. Gracias a los actos teatrales, viajó a Francia, Indonesia, India, Dinamarca, México y Japón.

Con esta formación, que se acercaba más al teatro oriental y a acciones que involucraban plenamente el cuerpo, María Teresa abandonó las artes escénicas y emprendió el camino independiente que la llevaría a crear su primer performance, aún desconociendo lo que venía para su carrera artística.

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“Ella se desvincula de este teatro en 1986 y un año después colaboró con José Alejandro Restrepo en una acción que se llama Parquedades. Ese mismo año hace su primer performance, del cual solamente hay un registro que se encuentra en la muestra”, explica Bossa.

Hincapié pidió prestado el Teatro Cuba (un edificio en pésimas condiciones) para llevar a cabo Si esto fuera un principio de infinito. “Hasta allí llevó sus pertenencias más indispensables para desarrollar en este espacio -como un planteamiento artístico concreto- su vida cotidiana mediante movimientos, ritmos y velocidades diferentes a los habituales”, explica Álvaro Robayo Alonso en La crítica de los valores hegemónicos en el arte colombiano.

Durante tres días (30 de noviembre, 1 y 2 de diciembre) María Teresa ejecutó estas acciones en un horario de 8:00 a.m. a 8:00 p.m. Y aunque no hubo casi público (pues no tuvo el dinero suficiente para hacer la difusión), este fue el inicio de una vida consagrada a los objetos y a lo cotidiano.

Cartel que anuncia el primer performance de María Teresa
Cartel que anuncia el primer performance de María Teresa. Foto: Cortesía Casas Riegner y Santiago Zuluaga, fotografía Oscar Monsalve.

Un tiempo inexistente

Hincapié no medía el tiempo. El afán, la rapidez y la ansiedad de llegar con prontitud parecían no estar en su vida. La forma de entender los segundos era tan brillante que no le importaba tener performances de 12 horas seguidas. De hecho, es una de las artistas con registros performáticos más largos del país. Sus horas favoritas: de 8 a 8. 

Una vez más en este rango de tiempo y durante tres días consecutivos, la artista presentó en 1989 Punto de Fuga, la que sería su primera gran acción dentro del contexto de las artes plásticas. 

En esta retomó los actos cotidianos como levantarse, lavar, barrer, cocinar y los realizó “no con una intención de representar la cotidianeidad, sino con el fin de transgredir a través de un tiempo ‘subjetivo’, de un tiempo ‘interior’, de una acción diacrónica realizada con un movimiento lento, pausado, enfatizando a veces instantes de quietud, como clímax de una acción y en otras ocasiones repitiéndola insistentemente, explica la curadora Marta Rodríguez.

Ninguna acción era corta. Se dejó llevar en Una cosa es una cosa, obra con la que ganó el premio del XXXIII Salón Nacional de Artistas en 1990 y que marcó un hito: fue la primera vez que una artista obtuvo este reconocimiento por un performance.

Paula Bossa

Fue fundamental y sentó un precedente con ese premio porque nunca le habían dado el premio a un performance en el país y por otro lado era una mujer haciendo performance: ambas cosas escandalosas y controversiales

El tiempo tampoco fue su preocupación en Divina Proporción, cuando caminó descalza sobre un piso de concreto, con una lentitud extrema, durante varias horas, lo que la hizo merecedora del primer premio del Salón Nacional de Artistas en 1996. Ni tampoco en Vitrina (1989), Estiramiento de amor (1991), El espacio inexistente (2001) ni en ninguna de sus acciones performativas. Incluso podría asegurar que el tiempo nunca la preocupó en su vida cotidiana.

Divina proporción, 1996. Foto: Cortesía Casas Riegner y Santiago Zuluaga, fotografía Oscar Monsalve.
Divina proporción, 1996. Foto: Cortesía Casas Riegner y Santiago Zuluaga, fotografía Oscar Monsalve.

Lo cotidiano, lo femenino y lo sagrado

Su presencia era auténtica. Aun sin haberla conocido, percibo la energía y el carácter en sus obras, en los registros de sus performances e incluso en su voz.

Hablaba pausado, con un tono suave, sereno. No era egoísta. Por el contrario, le gustaba trabajar en colectivo aunque toda su vida el cuerpo fue su principal obra de arte: su vida era su obra y su obra era su vida.

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“A mí no me interesa el arte muerto. Creo que la vida es el arte y mi cuerpo es mi arte vivo. Mi cuerpo es aquel que tiene que moverse, que está mirando, que está cansado, que está agotado. Esta es mi propuesta”, aseguraba María Teresa.

Era delgada, con cabello abundante y grueso. Cargó a cuestas su hogar durante años de performance en performance, y encontraba fascinación en cada elemento que la acompañara: tazas de café, platos, cubiertos, frutas, servilletas y los miles de objetos que conformaron su vida.

Subía a Monserrate casi todas las mañanas, no se bañaba con jabones comunes para no contaminar. Buscaba alimentarse sanamente de la forma más orgánica posible y caminar o montar bicicleta eran sus mejores formas de transportarse.

Paula Bossa

La práctica de María Teresa se sostiene en una búsqueda espiritual que yo creo que sin eso no hubiera podido hacer lo que hizo y siento que por eso es tan relevante su trabajo en este momento.

María Teresa hablaba de sus acciones como “actos de amor silenciosos”. Se entregaba en cuerpo y alma, hacía que las personas reflexionaran sobre el tiempo y la velocidad. Era una artista sin pretensiones, sin deseos de fama, sin ganas de aplausos o riquezas.

María Teresa Hincapié

Ningún detalle de la vida era ajeno para María Teresa. A veces me gustaría ver con sus ojos: ver lo simple y lo complejo. Cada uno de sus performances es auténtico. Invita a detenerse a contemplar y sentir. Hincapié incita a vivir plenamente con lo poco, con lo simple.

Bien lo dice Paula Bossa en su texto curatorial: “Hincapié nos recuerda que la pausa y la soledad nos conducen a la conciencia, que lo austero es sinónimo de belleza, que la congruencia del hombre y su entorno es imprescindible, que el maltrato a la madre tierra genera desequilibrio, que caminar es una poderosa herramienta de conocimiento, que lo cotidiano se puede convertir en un ritual revelador, y que la búsqueda de lo sagrado nos permite encontrarle sentido a la vida”.

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No importa en qué momento llegue a María Teresa Hincapié. Nunca será tarde para descubrirla, escucharla, verla y hasta encariñarse. Las palabras y los sentires se quedan cortos para expresar la huella que la artista colombiana dejó en muchos. Solo queda seguir contemplando y difundiendo su legado sin importar el tiempo, sin importar la prisa.

*La exposición de Casas Riegner estará abierta hasta el 4 de noviembre del 2021, de lunes a viernes de 9:00 a.m. a 5:00 p.m. y sábados con cita previa.

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