“Me parece raro que haya gente que crea que hay esperanza”

El escritor Mario Mendoza publicó su nuevo libro ‘Bitácora del Naufragio’, en el que hace un recorrido por el primer año de la pandemia del coronavirus que ha llenado al mundo de desesperanza y pesimismo.

Diario Criterio Habló con él sobre su nueva obra y sobre lo ocurrido en el país en las últimas semanas. Mendoza afirma que después de varias semanas de paro, de marchas y de estar en la calle, se debe pasar a la organización de grupos para ganar las elecciones legislativas y la presidencia en primera vuelta.

Diario Criterio: A un año de la pandemia han empezado a salir libros sobre el tema: crónicas, reflexiones, vivencias… ¿En qué se diferencia su libro de todos estos? ¿Cuál es la novedad?

Mario Mendoza: Creo que hay un género que no es preciso. Si uno le pregunta a un académico o a un crítico literario qué es mi libro, se le dificultaría definirlo. Creo lo que hay en estas páginas es una escritura que va buscando en la medida que va avanzando. Mientras va entrando en los imaginarios y las historias de otros, va pensándose a sí misma. Y eso es fascinante para el lector, o eso es lo que espero. Que diga: “¡Carajo, esto para dónde va!” “Será inventado o real” “Este tipo me está contando un relato con un personaje literario o me está contando una crónica de la vida real”. Y que al final, en la medida en que va navegando y va avanzando, se le vaya mezclando todo al lector.

Diario Criterio: Entonces, ¿en qué género cataloga el libro?

M.M.: Cuando pensé que debía escribir, dije: “Si uno lleva un diario, sería una cosa testimonial. Si uno hace relato entraría en la ficción. Si uno escribe un ensayo o un reportaje sería algo real”. Esas opciones no me satisfacían. Una novela me parecía algo fatigante y agotador. Al final terminé creando un género mixto, como una cosa rara en donde uno no sabe si es un relato, es ficción, si son minireportajes o minicrónicas. A mí me gustó ese experimento de escritura. Me pareció que era la clave para entrar en lo que estaba pasando ahora.

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Diario Criterio: El libro deja ver una visión apocalíptica no solo de la actual situación sino del futuro, ¿Por qué tiene esa percepción?

M.M.: Yo creo que esta crisis era fácil de predecir. Hemos hecho las cosas tan mal. A mí lo que me parece raro es que haya gente que crea que hay esperanza, que hay un futuro mejor, prometedor, que vamos a recuperar la vida idílica que tuvimos (los que la tuvimos porque hay gente que nunca la ha tenido), que era posible regresarnos a un mundo de progreso. ¡No! Yo creo que hemos hecho todo muy mal y hay que reconocerlo.

Ahora, estamos por pagar el precio de lo que han sido las malas decisiones a nivel climático, a nivel de ecología. Esa factura nos va a llegar y vamos a tener que pagarla. A mí me encantaría que hubiera datos que dijeran lo contrario, pero no, los grandes especialistas saben que se avecina una cosa terrible.

Diario criterio: Según lo que usted dice, ¿se podría decir que la pandemia es la señal de un futuro apocalíptico o distópico?

M.M.: Cuando entras en una línea de entropía no hay cómo frenar, es un punto de no retorno. Es como entrar por un agujero negro. Ahora vienen las consecuencias económicas de la pandemia. Ya las estamos viviendo en la calle con todas las protestas acá en Colombia. Esto en los demás países se va a ir presentando lentamente. En nuestro caso, se suman más cosas. El Gobierno abusó de la población, las masacres de líderes no dieron tregua, el acorralamiento, todo eso influyó en el estallido social.

Por otro lado, Naciones Unidas sacó un artículo en donde anticipa lo que va a ser una consecuencia de la pandemia: una hambruna y ellos usaron el término “proporciones bíblicas”. Eso es muy extraño porque ellos no suelen usar ese lenguaje. ¡Cómo será lo que viene para usar esa expresión! Si la crisis del 2008 y 2009, solo en América Latina, dejó cerca de 42 millones de personas en la pobreza que antes estaban en la clase media, la pandemia podría triplicar esa cifra. Vamos hacia una distopía.

Diario Criterio: La pandemia desnudó cosas malas: la voracidad de las farmacéuticas, la desigualdad mundial, el desastre de los sistemas de salud…pero también hechos esperanzadores: la caridad. La entrega de los médicos, los conciertos en los balcones. En sumas y restas, ¿ganó lo bueno o lo malo?

M.M.: La pandemia ha traído sobre todo problemas, conflictos y crisis y esos momentos que detectamos algo de solidaridad, esos pequeños gestos de afecto, de empatía, fueron mínimos. De ahora en adelante lo que va a primar es un sálvese quien pueda, cada quien pensando en los suyos y en su familia. Va a haber una exacerbación de la individualidad, del egoísmo e, incluso, un retorno al pensamiento tribal. Va a haber pequeñas congregaciones o tribus a las que la gente entrará según sus afinidades y esas tribus se van a enfrentar constantemente.

Diario Criterio: Dentro de este análisis pesimista, en su libro usted también dice que el nuestro es un Estado fallido, pero lo que uno ve es que el Estado funciona, no para todos, pero funciona…

M.M.: Cuando uno ve estados modernos, uno no ve lo que pasa en Colombia desde los encomenderos. Las oligarquías se fueron tomando la tierra a las malas y se apropiaron de más del 80 por ciento del país a sangre y fuego. Nuestra oligarquía es muy violenta, agresiva y beligerante. En ese sentido, el proceso 8.000, en donde los dineros de la mafia llegaron al ministro, a la Casa de Nariño al presidente, debió haber sido un hecho para revisar ese Estado, pero no se hizo.

Cuando Joe Toft salió del país diciendo que esto era una narcodemocracia, casi lo crucifican. Los medios que decían que eso no era así. Todo el mundo salió en defensa del Estado. “Nosotros no somos esos”, “Nosotros sí funcionamos”, decían, y unos años después estábamos en la parapolítica. No recuerdo ningún país del mundo que haya tenido o a la mitad del congreso investigado o en la cárcel. Es escandaloso. Significa que el pensamiento delincuencial prima por encima de otros. Al ver los grados de corrupción y que la mafia está asociada con el Estado, un se da cuenta de que hay una democracia en apariencia, un Estado que funciona para tres analistas, para ciertos periodistas, para una elite que está feliz, pero tienes una enorme masa de la población que no tiene acceso a la justicia.

Diario Criterio: ¿Y ese Estado fallido lo vemos en la actualidad?

M.M.: Sí, y en las prácticas de las últimas semanas nos hemos dado cuenta de que el Estado no toma buenas decisiones. No se reúne con la manga. De tiempo atrás venimos con ese conflicto desde hace tres años. No se reúne con los jóvenes. No se reúne con los obreros, con los lgbti. Aquí no hay un Estado moderno, sigue siendo piramidal.

Diario Criterio: ¿Qué lectura hace del paro?

M.M.: La rabia y la indignación son legítimas. Es una sociedad que ya no podía más, pero me parece que un paso a seguir es entrar en la democracia participativa. Yo creo que continuar con un desgaste en las calles y una apología a la fuerza sería lamentable. Toca ahora recurrir a la inteligencia. Cómo capitalizar la rabia sorda en aras de algo más inteligente. La inteligencia es más peligrosa que la fuerza. Seguir en las calles midiendo fuerzas es muy desgastante y puede generar una escalada de violencia. Creo que debemos pasar a una revolución de las urnas, de grupos minoritarios entrando a la democracia participativa. Las elecciones al congreso vienen en pocos meses. Es muy posible que demos un golpe democrático. Y tres meses después vienen las elecciones a la presidencia. Si llegamos unidos a primera vuelta podemos dar esa sorpresa. Eso es lo que está por verse.

Diario Criterio: Entonces, ¿llegó la hora de dejar a un lado las demostraciones de fuerza?

M.M.: Como digo, hay que pasar a estrategias más inteligentes, sobre todo porque también se radicaliza a la derecha que es algo peligroso. En este país, con un Estado mafioso, con viejas prácticas que vienen de los carteles de la droga y el narcotráfico, se puede venir un baño de sangre recordemos los muchachos de Tlatelolco. Aunque ya hay violaciones sistemáticas y hay víctimas, creo que hay conductos regulares para llevar a los culpables a juicio y a la cárcel.

Diario Criterio: ¿Qué opina y qué les dice a esos jóvenes, a aquellos que no han tenido oportunidades de estudio ni trabajo que han sido protagonistas de las marchas?

M.M.: Que sí es posible organizarse. Que el paso siguiente es asociarse. Ellos han hecho una demostración de fuerza nos han convocado a todos los colombianos en torno a una indignación. Es un movimiento de indignados y los hemos acompañado en estas semanas, pero no podemos quedarnos meses y meses en esto. Además, hay una pandemia. Toca ser inteligentes sin ser menos peligrosos, sin acallarse, sin empezar a silenciarse y sin moverse a una franja de tibieza. Yo nunca voy a llamar a bajar la guardia, al contrario, tenemos que presionar. ¿Cómo presionamos? ¿Cuáles son los conductos con los que nos tendrían más miedo? Con los canales de la asociación política. Yo llamaría a los jóvenes a inscribir la cédula, muchos de ellos no han votado.

Diario Criterio: Veo en su libro una visión apocalíptica, pero al mismo tiempo tiene esperanza en que el país puede dar un cambio de 180 grados el próximo año. ¿No es una contradicción?

M.M: A nivel macro hay una línea que no vamos a poder cambiar. Esa línea de entropía general nadie la puede cambiar, pero yo creo en la resistencia en lo minoritario. En ese sentido si todas estas protestas logran llegar una democracia participativa, representativa y horizontal, vamos a hacer un saldo interesante. Si no somos capaces de hacerlo vamos a generar un caos que podría terminar en una escalada de sangre.

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Diario Criterio: Volviendo al libro, ¿por qué escribir en torno a la muerte y a la desesperanza si se supone que en este momento lo que más necesita el ser humano es esperanza? ¿No es desahuciar aún más a los lectores?

M.M: El libro está escrito desde una perspectiva catártica, para generar una catarsis individual. Yo estaba pasando por un duelo. Acababa de sufrir un accidente. Quedé prácticamente con medio cuerpo paralizado. Era la pandemia, el encierro, las cuarentenas. Encima de eso, tuve que empezar a hacer unas terapias. Todo alrededor era nefasto. Entonces fue una escritura para liberarme de las fuerzas oscuras. de las fuerzas oscuras que me atravesaban. Y espero que esa escritura le sirva también al lector como catarsis. Cuando uno necesita hacerlo no necesita cosas alegres, festivas o celebrativas. Uno necesita lo contrario. Lo similar cura lo similar. Si uno tiene mucho dolor lo que uno necesita es más dolor para liberarse. ¿A qué va al teatro griego?, a ver sufrir a Edipo, uno va a liberarse del dolor interno. Muchas veces el éxito de las telenovelas es la catarsis que logra. La gente llora y sufre y así se libera de su propio dolor.

Diario Criterio: ¿Por qué leer el libro?

M.M.: Yo creo que lo primero es curiosidad por explorar lo que nos ha sucedido. Todos hemos estado muy encerrados o ensimismados y ver una película o leer un libro o una representación por fuera de nosotros nos puede iluminar un poco. Uno puede decir: “no soy el único”, “yo pensé que estaba deprimido, jodido, confundido, irascible, que veo todo de manera nefasta, que pienso en la muerte, pero al leer el libro me doy cuenta de que no soy solo yo”. Si leo el libro, paso del pronombre personal de primera persona del singular al pronombre impersonal de tercera persona del singular. Paso de decir “yo sufro” a decir “se sufre”. “No soy solo yo, se sufre, a todos nos toca”. Pasar al pronombre impersonal es liberador.

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