“Mi papá murió como una estrella de rock, en un viaje de drogas”: Matador

En su sexto aniversario, el caricaturista Matador recuerda la eutanasia de su papá y los obstáculos que sortearon para hacerla realidad.

A mí me gusta hablar del tema, a mí me gusta hablar de la eutanasia de mi papá. Incluso en uno de los tantos programas radiales deberíamos rifar eutanasias a los oyentes. Deberíamos decir: ‘Esta mañana vamos a regalar dos eutanasias a las dos primeras llamadas’, y listo. Y se las gana sin tanto complique. No hay que tenerle miedo a morir dignamente. Mi papá falleció como todos como los cantantes de rock de 27 años: en un viaje de drogas. Eso es una berraquera”.

Muchos colombianos podrán tomar estas palabras del caricaturista Matador como una falta de respeto con quien padece una enfermedad terminal. Podrán calificarlo de indolente, de burletero o de asesino.

Pero lo que dice, entraña una reflexión sobre la muerte que nació a raíz de la eutanasia que le practicaron a su papá. Un procedimiento que estuvo a punto de no llevarse a cabo porque en el camino se interpuso el procurador de la época, Alejandro Ordóñez.

La historia de don José Ovidio

El pasado 3 de julio se cumplieron seis años de la muerte de José Ovidio González Correa, primer paciente en Colombia en recurrir a la eutanasia luego de que el Ministerio de Salud emitiera el protocolo para llevarla a cabo (abril de 2015).

Coincidencialmente, este aniversario ocurrió en medio del caso de Yolanda Chaparro de Andrade, a quien en un primer momento le negaron la eutanasia. “Es una casualidad que, luego de varios días de una batalla legal, a doña Yolanda le hayan practicado la eutanasia el 25 de junio. Si retrocedemos en el tiempo, esa misma fecha, pero hace seis años, que también era un viernes, le negaron la eutanasia a mi papá. Es una coincidencia bonita”, dijo el caricaturista a Diario Criterio.

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Matador comprende la angustia y la frustración por la que pasó doña Yolanda porque él vivió hace seis años una situación similar cuando, junto con su padre y su familia, enfrentó una batalla legal que duró nueve días: la lucha de don José por obtener su derecho a morir dignamente, la misma que decenas, cientos de colombianos han tenido que pasar para enfrentar barreras morales, burocráticas y legales para acceder a un derecho que la Corte Constitucional tuteló en dos sentencias.

La historia de don José comenzó en 2010, cuando le apareció un cáncer en el hueso izquierdo de su cara. Los médicos lo operaron y le sacaron el pedazo afectado. “Su rostro quedó un poco deforme, pero él quedó funcional y con sus órganos vitales buenos. Mi papá se fue para la finca y durante cinco años vivió su vida ligeramente tranquila. Tuvo pocas recaídas y venía a la ciudad para los procedimientos propios de un cáncer”, cuenta Matador.

No había más remedio…

La situación se complicó en 2015 cuando el cáncer reapareció con mayor fuerza y los médicos determinaron que no había nada que hacer y que “mi papá se iba a morir”. Don Ovidio llamó a Matador para darle la noticia y comentarle que quería morir dignamente, quería la eutanasia.

Nosotros no sabíamos que la eutanasia era legal. Y lo primero que hice fue llamar al doctor Quintana, que practicó cientos de estos procedimientos. Pero una abogada amiga de mi hermano, que se convirtió en mi abogada en todos los procesos que me agobian, nos dijo que la eutanasia era legal”.

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Cuando don José tomó la decisión de recurrir a ese derecho, dos meses antes, el Ministerio de Salud, en cumplimento a una sentencia de la Corte Constitucional, la había reglamentado. Pese a la legalidad del asunto, y como él sería el primer paciente en solicitarlo en el país, tuvo que afrontar varias trabas.

Empezamos -relata Matador- un camino tortuoso. Con tutela en mano mi papá fue a donde el notario para que le certificara su deseo de morir por eutanasia. El notario no quiso firmar. ¡Algo absurdo porque los notarios están para dar la fe pública de un acto, no para impedirlo! Superado ese obstáculo vinieron las reuniones con los médicos y los abogados de la clínica. Como era la primera eutanasia, el proceso se demoró más de diez días. Nosotros no nos desesperamos porque entendíamos que mi papá era un pionero en el asunto”.

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Ordóñez entra en escena

Una vez le fue aprobado el procedimiento, el 25 de junio, mi papá se despidió de los vecinos. Me acuerdo de que era un viernes en la tarde y la Selección Colombia jugaba. En esas llamaron a mi hermano Diego y le dijeron que cancelaban el procedimiento. Todos nos emputamos. No estaban cancelando una cita odontológica sino la más importante de la vida: la cita con la muerte. Daba mucho empute porque mi papá padecía dolores que la droga no calmaba y pasaba unas noches de mierda”.

Matador y su familia no hicieron pública la decisión de su padre, pero, luego de un mes de trámites burocráticos, él decidió emprender una campaña mediática.

Mas aún, al enterarse de que el que estaba detrás de esa cancelación era el procurador Ordóñez. Según el caricaturista, un “médico camandulero y ultracatólico que se oponía a la eutanasia” le llegó con la noticia al actual representante de Colombia ante la OEA.

Cuando se refiere a Ordóñez, Matador lo hace con epítetos de grueso calibre. Durante ocho días, el exprocurador hizo hasta lo imposible para frenar la voluntad de don Ovidio. “Este señor, que está acostumbrado a tomar sus decisiones con Biblia en mano, envió varios procuradores a presionar a la clínica. A la jueza que llevaba el caso le exigió entregar la historia clínica. Afortunadamente ella se negó, pues soportar la presión de alguien tan poderoso no es fácil. También contábamos con la unidad familiar, mis caricaturas y el apoyo de la gente y de muchos periodistas. Fue tan grande ese apoyo que mi casa parecía una campaña política”.

Un final “doloroso, pero bonito”

Haberle apostado a la opinión pública y llevar el caso de manera mediática obtuvo frutos. En la noche del jueves 2 julio, autorizaron el procedimiento. Ahora don José solo tenía que decidir qué día quería morir. En medio de risas, Matador recuerda la conversación que tuvo minutos después de recibir la noticia: “Yo le pregunté que para cuando programaría la fecha y él me dijo que entre dos o cuatro días. ¡Mentiras! El viejo güevón habló con mi mamá esa tarde y decidieron irse esa misma noche para la clínica”.

La cita con la muerte” quedó programada para las ocho de la mañana del 3 de julio. Como el caso había sido tan mediático la revista Soho le propuso a la familia documentar fotográficamente el procedimiento. “Daimer Naranjo se encargó de hacerlo y quedaron unas fotos dolorosas, bonitas”, dice Matador.

El procedimiento que estaba programado para las ocho del mañana, comenzó a 8:05. El médico me dijo que, por el peso y estado de mi papá, su muerte se demoraba 15 minutos. ¡Pero, qué va! Mi papá aguantó hasta las 9:33. Hora cuando el monitor, al estilo de las películas hizo tuuuuuuuuuuuuu y se vio la línea recta”.

Reflexiones

Seis años después de la muerte de su padre y ante el caso de doña Yolanda, Matador sigue haciendo reflexiones sobre la eutanasia y sobre la doble moral de la sociedad “pacata, camandulera y ultra religiosa colombiana”. Para él, la eutanasia sigue siendo un tabú en el país:

Desde la muerte de mi padre hasta ahora se han practicado un poco más de 200 eutanasias legales, y muy pocos familiares hablan en público sobre el tema. Es una decisión respetable porque eso hace parte de la vida privada, pero también no lo hacen porque todos estos camanduleros lo acusan a uno de asesino.

Me acuerdo que Ordóñez dijo que con lo de mi papá, de ahora en adelante las familias iban a llevar a sus abuelitos a morir. ¡Mucho hijueputa! Porque eso es falso. A mí me han tratado de asesino, pero yo estoy acostumbrado. Por eso. lo que hizo doña Yolanda fue muy valiente. Es un acto de mucho valor en un país tan camandulero”.

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Además, a él le parece hipócrita que mientras los colombianos se matan de la manera tan salvaje como lo hacen “brinquen por una decisión personal y que reafirma las libertades individuales y el derecho a morir dignamente”. Cree que estar a favor de la eutanasia no es cuestión de religión: “Tengo amigos creyentes que creen en el derecho a morir dignamente. Otra cosa es cuando religiosos radicales, como Ordóñez, quieren imponer su visón terraplanista del mundo. Contra eso hay que luchar”.

El episodio de su papá ha llevado a pensar a Matador que la muerte hay que aceptarla como parte de la vida y poder hablar con naturalidad, incluso en broma. A la larga “la muerte es algo bonito porque le da la posibilidad a otras vidas de florecer y porque la única forma de disfrutar la vida es sabiendo que uno tiene la muerte tras la espalda”.

Por estas reflexiones no es raro que hable de rifar eutanasias en un programa radial.

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