Mi pesadilla en el Palacio de Nariño

Fue toda una odisea entrar al Palacio de Nariño, esa fría mañana del 15 de noviembre de 2022. Como todos los días de la semana, una descomunal multitud copaba decenas de calles aledañas al palacio del barrio La Candelaria, donde se ha escrito buena parte de la historia del país desde 1908.

El nuevo presidente había determinado que solo lo ocuparía como oficina y no como residencia, por lo que más de la mitad del palacio era ahora un Museo gratuito, al que los ciudadanos asistían por millares, para admirar la arquitectura y el mobiliario de diferentes épocas de la historia colombiana, y las obras de arte, entre las que sobresalían decenas de óleos de nuestros emperifollados mandatarios.

A las seis de la mañana en punto, en la plaza de armas,  se realizó la ceremonia del cambio de guardia del Batallón Guardia Presidencial, que coincidía todos los días con la llegada, desde su residencia en el norte de la capital, del jefe de Estado y de Gobierno, suprema autoridad administrativa de Colombia y comandante supremo de la Fuerza Pública.

Por disposición del mandatario, la nueva jornada laboral para los empleados públicos, arrancaba de las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, con media hora para el almuerzo, de tal forma que no coincidiera “con las horas pico, en ninguna de las ciudades, para no incrementar el trancón que hay en todas partes”.  Los funcionarios habían tomado con extraordinario regocijo esta determinación del nuevo estratega.

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Una vez terminó la ceremonia matutina, la muchedumbre en estampida me entró por los aires al palacio.

Mi misión era entrevistar al presidente para conocer su gestión en los 100 primeros días de gobierno, costumbre que había instituido Alfonso López Michelsen desde la década del setenta del siglo pasado. Victorias tempranas que les llaman ahora.

Yo debería esperar en el “Salón de los Baúles” hasta que fuera por mí el doctor Manolo Azuero, el nuevo Jefe de Gobernanza Presidencial, quien me llevaría “al Salón Amarillo” en donde se desarrollaría la entrevista. Salón que, según rezaba la invitación con membrete del palacio, estaba “amoblado con fino gusto francés de la época de Luís XV “.

Tenía además dos razones adicionales para pegarme el madrugón: ese día la Corte Constitucional haría público el resultado de la revisión de los decretos emanados en virtud de la declaratoria de la conmoción Nacional, y también porque se rumoraba insistentemente que la Comisión de Ética de la Cámara de Representantes, no obstante las evidencias, no había encontrado ningún elemento de juicio para acusar al mandatario por el caso “Vitalogic” y que éste se archivaría inexorablemente.

Mientras esperaba al doctor Manolo, recordé que al otro día de su posesión, el ocho de agosto en la mañana, el presidente posesionó su gabinete ministerial en el que se figuraban viejos conocidos del uribismo y de la política tradicional

Además que, en la tarde, realizó su primer Consejo de Ministros para decretar la conmoción interior, bajo el argumento irrefutable de que las facultades ordinarias que le otorgaba la Constitución eran insuficientes para quitarle la chequera a los ladrones.

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El caso fue que el ministro de Cultura y Medio Ambiente, William Ospina, y el de Educación, Juan Manuel Galán, en un acto de imprudencia suicida, se atrevieron a advertirle, en plena sesión, que el decreto se caería en la revisión de la Corte Constitucional, pues no existían hechos graves de perturbación pública y que no se podían usar para enfrentar problemas estructurales, sino crisis sobrevinientes. El presidente estalló en furia, como era habitual, los paró en seco y les demostró quien mandaba: “y eso que importa.  No me importa que sea legal o ilegal. Uribe lo hizo y no pasó nada. Además, ustedes no han entendido la jugada, porque el decreto queda en firme mientras que lo tumba, si es capaz de tumbarlo, la Corte.”

Pero, presidente, eso no se puede hacer”, objetaron de nuevo -al unísono- ambos ministros, va contra la Constitución. Les respondió ido de sí: “¿Cómo que no se puede hacer? Ustedes si son complicados, uy, hijuep%&#s, me limpio el cu#& con esa constitución”.

Palacio de Nariño.

Por eso, justicieramente los echó ahí mismo, no sin antes acusarlos de corruptos y desleales. Los reemplazó por dos antiguos funcionarios de su alcaldía a quienes posesionó de inmediato. El resto de los ministros permanecieron discretamente callados y firmaron sin chistar. ¡Había presidente pantalonudo en el país, carajo!

El decreto de conmoción señalaba en los considerandos que, como las banderas del presidente de México, Manuel López Obrador, “no mentir, no robar, no traicionar” habían sido adoptadas por el pueblo colombiano, se constituían en un mandato popular de obligatorio cumplimiento.

En consecuencia, había que “hacer lo que fuera necesario hacer” para erradicar ese criminal flagelo.

Los decretos que se promulgaron en los primeros dos meses, versaron sobre diferentes temas de interés nacional: la creación de escuadrones de búsqueda y la fabricación de un paredón para corruptos de todos los pelambres; el aumento  de las magras dietas de los miembros del congreso; el procedimiento detallado para que, por medio de cartas cheques, 20 millones de hombrecitos y obreritos pudieran conocer el mar; la eliminación de varias embajadas pichurrias; el texto luminoso del otrosí al acuerdo con las FARC para aplicarlo automáticamente al ELN; más un centenar de normas de similar laya.

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La medida que produjo mayor beneplácito entre la población fue el “Plan 20 millones de Gentecitas y Obreritos Felices”. Desde las seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, se inscribían en las oficinas públicas de todo el país, millones de personas para ejercer el derecho fundamental a conocer el mar, cuyo único requisito era adquirir las “carta-cheque” que se obtenían en los directorios oficiales de la nueva coalición política. Se tenía previsto que el plan arrancaría en diciembre de este mismo año. El pueblo estaba dichoso.

Por fin, a las 10 de la mañana, el doctor Manolo me llevó hasta la entrada del Salón Amarillo y me dijo que lo esperara un momento. Picado por la curiosidad avancé unos pasos, cuando una luz resplandeciente de tonos azul claro y blanco escapó del salón a velocidad sideral. Acto seguido pude contemplar un espectáculo horripilante: una gigantesca bestia de alas gigantescas, le apretaba con sus garras el cuello al presidente, con fuerza tal que los ojos se le salían de sus órbitas.

Haciendo un círculo y vestidos de negro, conocidos miembros de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes le gritaban con furia al mandatario: “o haces lo que te ordenamos o te destituimos y te mandamos a la cárcel.” Otro reafirmó: “Te tenemos en nuestras manos. Eres como una vaquita lechera, toda una delicia”. Otro más grosero se atrevió a decirle: “te hacemos desgüe&%$ si no nos cumplís”.

Fue ahí cuando lo entendí todo: La clase política tradicional había rodeado, en la segunda vuelta, al entonces candidato para aprovecharse de que estaba imputado por el caso “Vitalogic”, y lo tenían a su merced. También a eso se debía el desmedido interés de muchos Representantes por pertenecer a esa comisión que tiene la función de enjuiciar al presidente. ¡Bellacos! Me dije para mis adentros y salí corriendo desesperado a buscar a Manolo. 

Pero no lo encontré. Terminé perdido entre la multitud que ansiosa miraba los oleos de nuestros emperifollados mandatarios.

Desperté de mi pesadilla aturdido y entrapado en sudor. Poco a poco fui saliendo de mi desconcierto hasta que entendí que, en realidad, hoy estamos a ocho días de las elecciones presidenciales del 19 de junio y que el país tiene la obligación de optar por un verdadero cambio, diferentosky al de reflotar a toda esa zurrapería politiquera que también por años le ha apretado el gaznate al pueblo colombiano.

5 Comentarios

  1. Ernesto Díaz Ruiz

    Pedroluis nos trae de nuevo un texto singular, ameno y, en este caso, premonitorio.
    Ruego a la santísima virgen y a sus amigas del barrio, que no se cumpla lo que soñó que, como todas las pesadillas, son una parte inspirada en la realidad y el resto, una angustiosa fantasía.
    Este, imagino, entrará a engrosar el tomo de cuentos de Pedro que ya son un montón, de los que he tenido el privilegio de disfrutar y atesorar en versión original.
    Fue una “delicia” leerlo. Me sentí más contento que un hombrecito mirando en chanclas el mar por primera vez. Hasta me olvidé de la hiju&p#ta hipoteca que pago hace 6 años…
    Gracias por el privilegio de leerlo de primera mano.
    ¡Abrazo y éxitos!

  2. Reinaldo Carvajal Velasco

    En la medida que lo iba leyendo confirmaba que ese relato afortunadamente imaginario, no podía terminar en algo distinto a ser una “ Crónica de una pesadilla anunciada”. Afortunadamente anoche tuve un sueño ese si premonitorio y feliz , porque estaba sentado frente al televisor, viendo la Plaza de Bolívar llena de pueblo y a Gustavo Petro posesionandose como Presidente de la República de Colombia.
    Te considero con aquella pesadilla que tuviste, pero el próximo domingo 19 tu pesadilla no será posible, pero nuestro deseo de que Petro sea Presidente, si. Luis Carlos Galán haciendo disidencia a sus hijos, estará esos días desde la eternidad acompañándonos en la celebración por el triunfo de Gustavo Petro y ojalá que este haga realidad el cambio por el que tanto luchó y ofrendó su vida. “ Hasta la victoria, ni un paso atrás, siempre adelante y lo que ha de ser menester que sea”. Viva Luis Carlos Galán, viva Gustavo Petro.

  3. HENRY MONTESDEOCA BARONA

    El 19 de Junio de 2022 será recordado en la Historia Universal como el día del Cambio “Colombia Estado Soberano Plurinacional.Vayamos todos Juntos Que nadie se quede Atrás,que todos tengamos de todo y que a nadie le falte nada . Dignidad Historica.Soberania Alimentaria

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