La ministra no tiene quien le escriba

Cuando se pretende hacer una reforma a la Ley 30, veo mucha parquedad de algunas universidades, rectores lacónicos, sindicatos universitarios ausentes y, lo que es más grave, un movimiento estudiantil tenue y casi que escondido.

Aunque se dio más tiempo para que quienes tenían reclamos o requerían aclaraciones sobre el texto de la reforma a la educación pudieran expresarse, la participación ha sido mínima y muy pocos sectores han escrito al Ministerio de Educación.

Las asociaciones de universidades han sacrificado mucho criterio para no pronunciarse sobre los riesgos que tiene la reforma referente al sistema de transferencias, la autonomía universitaria y el ambiente opaco que ha sembrado el Ministerio frente a las universidades privadas. 

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El asunto se parece tanto a aquel relato de Gabriel García Márquez en el que “el coronel no leyó los titulares. Hizo un esfuerzo para reaccionar contra su estómago. «Desde que hay censura, los periódicos no hablan sino de Europa», dijo. «Lo mejor será que los europeos se vengan para acá y que nosotros nos vayamos para Europa. Así sabrá todo el mundo lo que pasa en su respectivo país». —Para los europeos, América del Sur es un hombre de bigotes, con una guitarra y un revólver —dijo el médico, riendo sobre el periódico—. No entienden el problema.

El administrador le entregó la correspondencia. Metió el resto en el saco y lo volvió a cerrar. El médico se dispuso a leer dos cartas personales. Pero antes de romper los sobres miró al coronel. Luego miró al administrador. —¿Nada para el coronel? El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza: —El coronel no tiene quien le escriba”.

¿Nada para la ministra? El sector universitario debería sentir terror al estar inmerso en la incertidumbre. La participación es baja, los canales de comunicación, deficientes; los sistemas del Ministerio, obsoletos; y la preocupación por la educación y el sistema universitario, en una tensa calma que, al no entenderse lo que se está proponiendo en las reformas, veremos un sector de nuestra sociedad absorbido por la ineficacia.

Como, al parecer, la ministra no tiene quien le escriba, se presentará una reforma que no mira los problemas de fondo del sector educativo, el cual sigue desperdiciando recursos en mecanismos que no generan valor y sigue apostando a un modelo con el cual los colombianos no sienten identidad ni le tienen cariño.

¿A quién le gusta un modelo educativo poco flexible, integrador, desafiante y pertinente? ¿A quién le interesa una educación que se cree que calidad son formatos, matrices de riesgos y factores de los que no se da razón de la problemática del estudiante ni de los desafíos de los docentes?

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Querido amigos, cual sentencia macondiana, bajo el escenario en el que estamos, es fácil entender por qué a la ministra no le escriben.

«Ya hemos cumplido con esperar», le dijo esa noche su mujer. «Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años». El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos. —Hay que esperar el turno —dijo—. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés. —Desde que estamos esperando, ese número ha salido dos veces en la lotería —replicó la mujer…”.

Así como el coronel espera la carta de su pensión, los colombianos seguimos esperando que las comunidades académicas de las universidades tomen conciencia de la necesidad real de pensar en una reforma seria para la educación.

Que las diferentes asociaciones de rectores y estudiantes revisen con seriedad el problema, que entiendan los riesgos de ceder ante la autonomía y la financiación y que, como aquel reclamo de la mujer del coronel (“y, mientras tanto, ¿qué?”) este Gobierno no nos mande a comer lo que el coronel a su mujer al final de la novela.

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3 Comentarios

  1. Enrique farias Rincon

    Así como el coronel espera la carta de su pensión, los colombianos seguimos esperando que las comunidades académicas de las universidades tomen conciencia de la necesidad real de pensar en una reforma seria para la educación. Las universidades privadas en colombia están pensando en matrículas pero no piensan en el país.

    1. El columnista como que quería hacernos saber que leyó a García Marquez. Por lo demás no explica por qué la reforma es chistosa, mala y por qué no ataca las problemas de fondo. Casi raya en la injuria… sazonada con parrafadas de un libro que no parece tener relación…. el columnista muy educado pero toca adivinarle casi toda su crítica.

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