Germán Castro Caycedo: adiós a uno de los mejores periodistas de Colombia

El reconocido escritor y periodista, que batallaba contra un cáncer de páncreas, falleció este jueves. Su legado en el periodismo colombiano es inmenso.

Muchos colombianos fueron periodistas gracias a Germán Castro Caycedo. No es una exageración: los más grandes leían sus crónicas en El Tiempo, donde estuvo diez años; los de edad mediana vieron sus reportajes en Enviado Especial, un famoso programa de RTI, y todos ellos, junto con los más jóvenes, leyeron alguno de sus más de 20 libros de no-ficción.

Por eso la noticia de su muerte, este jueves 15 de julio, llenó de luto al periodismo y a todos los colombianos. El autor de Mi alma se la dejo al diablo (1982), La bruja (1994), Sin tregua (2003) o El palacio sin máscara (2008) luchaba infructuosamente contra un cáncer de páncreas.

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Periodista desde pequeño

Nacido en Zipaquirá, Cundinamarca, en 1940, Castro Caycedo ejerció el periodismo toda su vida.

En una entrevista con El Espectador contó que su mamá, una gran lectora, recibía todos los días El Tiempo y El Espectador. Así que, desde los 14 años, se acostumbró a leer la prensa colombiana. Le gustaban especialmente las crónicas: esos textos en los que el periodista contaba algún episodio con mucho detalle, aludiendo a varias fuentes y narrando la historia como si se tratara de un cuento.

Interesado por el periodismo, y siendo bachiller, se acercó a La Voz de Cundinamarca, una emisora de su pueblo. Le pidió al dueño que le dejará hacer un programa. Este accedió y todos los lunes, a las siete de la noche, Germán Castro Caycedo salía al aire con Oro y grana, un programa de media hora sobre tauromaquia, su otra gran pasión.

En 1967, luego de estudiar en la Universidad Nacional de Colombia, y de trabajar en Deporte Gráfico, una antigua revista deportiva, entró al diario El Tiempo. Allí se desempeñó como cronista y recorrió varios lugares de Colombia y del mundo contando historias. Del mismo tipo de las que veía en los periódicos que llegaban a su casa cuando era pequeño.

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Pronto se dio a conocer por su forma particular de narrar la realidad del país. Y, diez años después, ya estaba publicando sus primeros libros: Colombia amarga (1976), una reunión de algunas de sus crónicas, y Perdido en el Amazonas (1978), la historia de un exmarinero colombiano que hizo contacto con una tribu indígena desconocida y desapareció en esa zona.

Su era en la televisión y su éxito como escritor

Por esa misma época, 1976, lo llamaron de RTI, la programadora de televisión, para dirigir Enviado Especial, un programa semanal de reportajes televisivos. Él solía contar que llegó allá gracias a Fernando Restrepo, uno de los dueños de Cromos y socio de la programadora, a quien le contó su idea de hacer un programa de televisión sobre reportajes periodísticos.

En esa época, estos espacios en la televisión consistían casi siempre en entrevistas en estudio. Enviado Especial, en cambio, se hacía afuera, en la calle, y en los lugares más recónditos, donde sucedían las historias.

El programa duró al aire 20 años y durante ese tiempo, Castro Caycedo siguió publicando libros: Mi alma se la dejo al diablo, El Karina, El hueco, El huracán, etc. Todas asombraron a una buena cantidad de lectores y aún hoy lo hacen.

Una vez terminado el programa, siguió en lo suyo: publicando libros, y escribiendo crónicas y reportajes para El Tiempo y algunas revistas. A lo largo de su carrera ganó once premios nacionales de periodismo y ocho internacionales. Pero pese a tantos reconocimientos, siempre fue un hombre humilde y sencillo.

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En los últimos años aún seguía opinando de política nacional e internacional. De hecho, fue un gran defensor del acuerdo de paz con las Farc e hizo campaña a favor del ‘Sí’, en el plebiscito de 2016. Su último libro, Huellas, de 2019, fue una recopilación de 33 crónicas que hasta entonces no había publicado.

Hoy, a los 81 años, falleció dejando un legado enorme en los periodistas, y en sus millones de lectores y televidentes.

Algunos de sus libros más importantes

Colombia amarga (1976)

Germán Castro Caycedo, tras una pregunta en Cerosetenta, dijo: “Colombia amarga fue mi primer libro en el que recopilé mis crónicas para El Tiempo. Creo que ese libro llenaba un vacío en la narrativa de no-ficción, que por entonces era muy poca en libro”.

Perdido en el Amazonas (1978)

Es la historia del exmarinero Julián Gil Torres, un hombre que luego de haber hecho contacto con una tribu hasta entonces desconocida, desapareció en el corazón de la selva. Germán Castro Caycedo, en 2010, 32 años después de publicado el libro, según le dijo a Caracol, encontró dos cosas: la primera, que era una historia tan real como buena y la segunda, que estaba muy mal escrita. Y decidió volver a escribirlo por completo.

Mi alma se la dejo al diablo (1982)

Editorial Planeta reseña así este libro: “Mi alma se la dejo al diablo es la última frase del diario escrito por un hombre, Benjamín Cubillos, que murió abandonado en el corazón de la selva amazónica colombiana. El texto fue hallado por Castro Caycedo mucho antes de que el sitio fuera visitado por alguna autoridad, pese a que familiares del muerto denunciaron ante la justicia su sospechosa desaparición.

La apasionante historia es narrada por los mismos personajes que la protagonizaron en una selva, hasta entonces virgen, en inmediaciones del río Yarí.

El Karina (1985)

Germán Castro Caycedo

La historia de un viejo buque repleto de armas con destino al, entonces grupo subversivo, M-19, que partió de Alemania y fue hundido por la Armada colombiana en el Pacífico, en 1981.

Castro Caycedo dijo de este libro que “desborda la ficción, desfilan innumerables personajes de una realidad que no ha perdido vigencia en nuestro país, como guerrilleros, negociantes de armamentos, narcotraficantes y policías corruptos”.

La bruja (1994)

Germán Castro Caycedo

El desaparecido periodista Tom Quinn escribió en El Tiempo: “Es un país en que la realidad supera la ficción, insiste el cronista Germán Castro Caycedo mientras imprime el autógrafo en su libro La Bruja: coca, política y demonio. De cierto modo, esta Colombia fantástica parece un sueño de Hollywood intenso, dramático, lleno de colorido y de personajes exóticos, con la excepción de que esta realidad no cabe dentro de las fórmulas facilistas del final feliz. A diferencia de Hollywood, donde todo es pasteurizado o de plástico, las rosas aquí conservan su aroma y la mierda todavía huele de verdad”.

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