Los especuladores de libros

Una colección de 30 dibujos y acuarelas hechas en Colombia, entre 1824 y 1827, por el viajero Charles Empson, cayó bajo los precios especulativos de coleccionistas. Una mala noticia para el patrimonio nacional.

El 20 de abril de 2012, Sotheby’s puso en venta la biblioteca particular de Jacques Levy (1905-1980), un coleccionista de libros de viajeros, historia natural y atlas, especializado en documentos latinoamericanos del siglo XIX. La joya de la corona era una colección de treinta dibujos y acuarelas realizadas en Colombia, entre 1824 y 1827, por el viajero inglés Charles Empson (1794-1861) para su libro Narratives of South America, publicado en Londres en 1836. Los dibujos se vendieron por 53.125 dólares, una cifra récord para el arte colombiano del XIX. Cuatro meses después, el comprador, un marchante de libros antiguos, puso en venta (nuevamente) el conjunto de Empson por 285.000 dólares, quintuplicando el precio pagado. Lo curioso es que hoy, casi una década después, las acuarelas no han encontrado comprador y siguen disponibles por el mismo precio; un bien que, en vista de la maniobra, ha sido castigado por el mercado.

‘Tolyma’ (Tolima), de Charles Empson. Grabado. 22,1 x 16,3, centímetros, color

En un primer momento, los dibujos de Empson fueron tasados por los expertos de Sotheby’s con un estimado de 20.000 a 30.000 dólares. Como de costumbre, este rango se estableció teniendo en cuenta los estimados precedentes del mismo artista en otras subastas, como una de Christie’s, en diciembre de 2002, en donde se tasaron otras 31 acuarelas de Empson entre 20.000 y 30.000. En aquella ocasión, el estimado fue superado por una puja final de 65.725 dólares, hecha por el mismo comprador. Seguramente, Sotheby’s mantuvo un estimado conservador en vista de la crisis europea, región de donde proviene Empson y en donde estarían sus potenciales coleccionistas. Así mismo, el comportamiento errático de las ventas de arte latinoamericano del XIX y la casi ausencia de compradores colombianos, el mercado natural de esta pieza (la subasta no fue cubierta por ningún medio del país), llevaron a la cautela.

Hay consecuencias para el patrimonio de países en desarrollo como Colombia: para cualquier institución o colección local será más difícil nacionalizar sus primeros registros culturales, máxime cuando el precio de las piezas se ha duplicado por efecto de la devaluación del peso.

En todo caso, en la subasta de 2012, las pujas subieron frenéticamente. Un solo comprador jalonó los precios al alza: el estadounidense Walter Graham Arader III, quien se quedó con el lote. Desde 1974, Arader III es el propietario de una de las librerías-anticuario más importantes de Estados Unidos: especializada en mapas, impresos y acuarelas de viajeros e historia natural, y es el marchante de los libros de John James Audubon, el autor Birds of America (1827-1838), cuya primera edición completa se vendió en Sotheby’s Londres, en diciembre de 2010, por 11,5 millones de dólares, uno de los impresos más costosos de la historia. Como comparación, un ejemplar de la Biblia de Gutemberg (1450), el libro impreso (en tipos móviles) más antiguo, se vendió en subasta en 1987 por 5,4 millones de dólares, menos de la mitad del ejemplar de Audubon.

Puede leer de Halim Badawi: La memoria del futuro (sobre la convocatoria ReactivARTE).
‘Honda’, de Charles Empson. 15,8 x 24,4, centímetros, color

Como he mencionado, en diciembre de 2002, Arader ya había pujado y comprado en Christie’s una primera colección de 31 acuarelas (botánicas) de Empson relativas a Colombia, un negocio que no le salió bien: en su momento, fragmentó esta colección e intentó venderla al menudeo en Arader Galleries de San Francisco por alrededor de 11.000 dólares por dibujo, esperando un retorno total de más de 300.000 dólares (más de seis veces su valor de compra). Pero al marchante le fallaron los cálculos y luego de una década no hubo una respuesta afirmativa del mercado ni una tendencia inflacionaria en el arte de viajeros por Colombia: no sólo vendió muy pocos dibujos por ese precio sino que, de hecho, una buena parte de ellos, después de dos décadas, aún sigue en venta.

Para América Latina, estas jugadas son el costo adicional que habrá que pagar para recuperar, a destiempo, la memoria colectiva.

¿Qué intenciones subyacen bajo estos movimientos especulativos? Primero, hay consecuencias para el patrimonio de países en desarrollo como Colombia: para cualquier institución o colección local será más difícil nacionalizar sus primeros registros culturales, máxime cuando el precio de las piezas se ha duplicado por efecto de la devaluación del peso. Lo segundo, cada vez que alguien (o el mismo Arader) intente avaluar una pieza similar, compararán con los precios (ficticios) que Arader pide por el mismo tipo de objetos, generando una burbuja especulativa que dificulta la construcción del patrimonio cultural mueble latinoamericano y deja a su paso un rastro de objetos culturales invendidos, castigados y enjaulados (salvo que alguien decida pagar la “fianza”), continuando así la saga inflacionaria iniciada con Audubon. Quizá por esto, tantos libreros especializados internacionales piden precios exorbitados (por publicaciones similares) que no responden a una demanda real sino a una expectativa. Para algunos, que Arader acapare toda la obra conocida de Empson no podría considerarse especulación o una práctica monopolística, sino un modelo de negocio exitoso y altamente rentable. Sin embargo, para América Latina, estas jugadas son el costo adicional que habrá que pagar para recuperar, a destiempo, la memoria colectiva.

Halim Badawi: Crítico de arte. Autor de ‘Historia urgente del arte en Colombia’ (Bogotá: Planeta, 2019). En Instagram: @halimbadawi. En Facebook: www.facebook.com/halim.badawi

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