Bloqueos

Tenemos un gobierno que reproduce, a través de la negación, daños sociales en los que ha tenido responsabilidad.

Según registros de Indepaz, del 19 de mayo, en 2021 han asesinado en Colombia a 65 líderes sociales y defensorxs de DDHH, y a 23 excombatientes de las Farc. Eran personas que le apostaban a cambios significativos en el país, sobre todo a transformar dinámicas muy destructivas en sus territorios.

Frente a esta realidad brutal, la estrategia de un gobierno que efectivamente se comprometió a “hacer trizas el acuerdo de paz” ha sido la negación: son “líos de faldas”, ajustes de cuentas entre bandas criminales, acciones de las disidencias de las Farc.

Puede leer: La violencia del hombre bueno

Por otra parte, desde fines de 2019, era evidente el malestar ciudadano frente a las creciente precarización producida por programas neoliberales que han debilitado los derechos sociales. La protesta surgió y la respuesta del gobierno fue la criminalización de esta, su represión, y el llamado a una mesa nacional que terminó en promesas incumplidas.

Después de un año de pandemia, según cifras del Dane, de abril de 2021, 42,5 por ciento de la población del país está en pobreza extrema monetaria, 21 millones de personas (3,5 millones de personas más que en 2019).

Son vidas singulares al borde de lo invivible. Y sin hablar de las 83.719 muertes por covid-19 (al 20 de mayo de este año), sobre todo debido a un sistema de salud deficiente. Frente a esta situación crítica la respuesta del gobierno consistió en dos reformas (tributaria y de salud) que precarizaban aún más a los sectores medios y no resolvían los problemas de fondo de unos sistemas económicos y de salud inequitativos.

Vino entonces el “estallido social” que hoy vivimos. Y una brutal represión policial, visible sobre todo gracias a múltiples imágenes tomadas por ciudadanos, que ha intensificado la indignación expresada en la manifestación.

Frente a estas evidencias la respuesta del gobierno, y de los medios corporativos que lo apoyan, ha sido de nuevo: negar las violaciones de derechos humanos, presentar a los manifestantes como vándalos que han infringido la ley, y justificar su represión como un uso defensivo de la violencia necesario para garantizar el orden público.

Un uso defensivo, se dice, que quizá haya encontrado excesos “excepcionales”, cuando los informes muestran lo contrario: al 18 de mayo, según varias ONG, 43 asesinatos, 18 abusos sexuales, y cerca de 400 desparecidos, en 20 días de protestas; violaciones a los DDHH incentivadas también por discursos racistas, clasistas, patriarcales, de funcionarios y actores sociales, que han avivado justificaciones paramilitares de la violencia.

Ciertamente el gobierno ha llamado al diálogo, pero en un espacio de concertación que no representa a lxs jóvenes que han organizado primeras líneas para defenderse de la violencia policial, y asambleas en las que buscan articular sus exigencias, sin encontrar por ahora escucha.

Lo que escuchan, quienes ya no pueden más, es sobre todo que dejen de parar, de hacer bloqueos, y de afectar los derechos de quienes no protestan. El gobierno decide acabar los bloqueos militarmente y no aceptar “presiones”.

Le juega a que la ciudadanía se agote de la manifestación. “Omite” que los mecanismos de presión son importantes en las protestas, sobre todo cuando estas solo encuentran represión y negación; y hay mecanismos para que aquellos se ajusten a los derechos humanos.

Puede leer: Carta a Don Álvaro

Además, según la CIDH, “al momento de hacer un balance entre el derecho de tránsito y el derecho a la protesta social, hay que tener en cuenta que el derecho a la libertad de expresión es uno de los más importantes fundamentos de toda democracia”.

En todo caso, ¿cuál es ese bien común al que se apela cuando se habla de la inconveniencia general de los bloqueos? Uno que ha excluido a la mayoría de sus ciudadanos. ¿Cuáles son los derechos de quienes no protestan? Los derechos sobre todo de quienes no “entienden” las demandas de quienes ya no pueden más.

No “entienden” porque sí que han sufrido un bloqueo: uno afectivo tras años de formación en prácticas coloniales, de insensibilización hacia unos otros que se desprecian, y en ideales del individualismo posesivo que niegan nuestra codependencia, y las formas de violencia que nos han configurado. Empecemos entonces por desmontar este bloqueo.

Fotos: Daniel Muñoz / AFP y Luis Miguel Cepeda

2 Comentarios