¿Cómo se soluciona el fracaso de la OMS?

La actual crisis puso al desnudo la fragilidad de la Organización Mundial de la Salud

Hace unas semanas, 25 jefes de gobierno y directores de agencias internacionales hicieron un llamado para crear un nuevo tratado internacional que permita mejorar las respuestas globales a las pandemias. También estuvo el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

En el comunicado de la reunión quedó claro que habrá otras pandemias y otras grandes emergencias sanitarias. La cuestión es cuándo será y la imperante necesidad de estar mejor preparados para predecir, prevenir, detectar, evaluar y responder eficazmente a las pandemias de forma coordinada.

Si algo ha demostrado la covid-19 es la necesaria acción conjunta y organizada de todos, en la que prevalezca el interés público y el equilibrio entre las diferentes naciones.

La actual crisis puso al desnudo la fragilidad de la OMS y mostró que ese organismo no tiene o no utilizó los instrumentos y mecanismos legales necesarios para aplicar sus normas y orientaciones, tanto para responder al desafío del coronavirus como de futuras pandemias. Grave, si se sabe que ningún gobierno puede abordar por sí solo la amenaza de esta o futuras pandemias.

“Un tratado es un instrumento jurídicamente vinculante de derecho internacional. Un tratado internacional sobre pandemias adoptado en el marco de la OMS permitiría a los países de todo el mundo reforzar las capacidades nacionales, regionales y mundiales y la resiliencia ante futuras pandemias”, dice el comunicado.

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Un tratado basado en principios de equidad, inclusión y transparencia que garantice el acceso universal y equitativo a diagnósticos, vacunas y medicamentos. Un marco sanitario internacional más sólido, con la OMS como autoridad de gobierno en materia de salud mundial.

Estaríamos hablando así de una reforma de fondo de la gestión de la salud internacional. En otras palabras, hablaríamos de una reforma de la OMS (ver G. Velásquez, Las reformas de la OMS en la época de COVID 19″, SC RP No. 121, Noviembre de 2020), diferente a las muchas que se han hecho o intentado hacer.

Actualmente se está debatiendo una, impulsada por la crisis sanitaria. La comunidad internacional ha reconocido las insuficiencias estructurales jurídicas y financieras de la OMS para satisfacer sus expectativas.

Desde la creación de la OMS, sus estados miembros no siempre han apoyado a la organización. En diferentes momentos de su historia, algunos países la han debilitado, en lugar de fortalecerla. Sería importante no repetir los errores del pasado, como el de crear o auspiciar programas casi que privados para manejar el sida, la tuberculosis o la malaria.

Mal recuerdo, por ejemplo, el del Fondo Mundial creado en 2002, o la alianza mundial de vacunas “GAVI” que lidera la Fundación Bill y Melinda Gates, o el famoso Covax, que ya da muestras evidentes de su fracaso.
Parece que en cada crisis sanitaria, ya sea el sida, las vacunas o covid-19, los países miembros de la OMS optaron por asignar la financiación y el poder de actuar fuera de la OMS.

Por qué un tratado internacional

La propuesta de un tratado internacional plantea muchos interrogantes que deberían estar claros antes de empezar una eventual negociación.

Si se pretende negociar un tratado internacional, vía el artículo 19 de la Constitución de la OMS, o reformar el Reglamento Sanitario Internacional -RSI-habría que asegurarse de que el resultado de la negociación quede en la OMS.

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Hay temas urgentes que la covid-19 ha puesto en evidencia que no funcionan en tiempos de pandemias, a los que un tratado internacional debería abordar:

• Los diagnósticos, vacunas y medicamentos relacionados con pandemias considerados como bienes públicos mundiales y estar por lo tanto, en el dominio público.
• La investigación e innovación sean abiertas de tal forma que se puedan acelerar los resultados a costos no especulativos.
• La transparencia de los costos de I+D para productos farmacéuticos.
• El aumento de la capacidad de laboratorio y vigilancia necesarias para identificar las enfermedades animales en todos los países.
• Una mayor colaboración entre los centros de investigación en salud de todo el mundo.
• La coordinación con transparencia de la financiación internacional pública en el campo de la salud.
• La mejoría de alertas, con una comunicación científica independiente, fiable y precisa.
• El acceso a las tecnologías digitales para la recopilación y el intercambio de datos.
• El acceso sin restricciones a tecnologías para la producción de diagnósticos, vacunas, medicamentos.
• La transparencia e independencia de los ensayos clínicos.
• El intercambio de patógenos, muestras biológicas y datos genómicos.

Resulta, sin embargo, sorprendente, el que varios de los Estados que proponen hoy el tratado internacional contra las pandemias, como Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, España e Inglaterra se oponen hoy a la excepción al uso de patentes en tiempos de pandemia, propuesta por India y África del Sur y apoyada por más de 100 países en la Organización Mundial del Comercio -OMC-.

Una solución a las barreras que constituye el uso de los derechos de propiedad intelectual en periodo de pandemias sería sin duda un tema central al tratado que se pretende negociar.
Si estamos hablando de una urgencia mundial, por qué no empezar con aprobar la excepción al uso de patentes durante los periodos de pandemias, como lo proponen actualmente los países en desarrollo en la OMC.

Un tratado internacional contra las pandemias, teniendo claro cuáles son los problemas que pretendemos resolver, es sin duda el camino a seguir. Es urgente y bienvenido.

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