Juegos Panamericanos Junior

De todos los eventos que han ocurrido en los últimos años en el Valle del Cauca, ninguno es tan trascendental, como la cita deportiva de los Primeros Juegos Panamericanos Junior, exactamente 50 años después que los Sextos Juegos Panamericanos transformaran a Santiago de Cali de un pueblo grande a una metrópoli.

Pese a los vientos adversos ocasionados por la pandemia de coronavirus, por el estallido social de los dos últimos meses y por los recortes presupuestales, los juegos siguen firmes y se celebrarán desde el 25 de noviembre hasta el 5 de diciembre de este año.

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La cita de los deportistas jóvenes del continente americano se había aplazado dos veces este año, primero de julio a septiembre y después a noviembre.

Estos juegos, conjuntamente con los olímpicos de Tokio, son los únicos de la ruta olímpica que se celebraran este año en el planeta. Simbolizan el carácter indoblegable tanto de los colombianos, como de los japoneses, para sobreponernos a las tragedias. En nuestro caso, encarnan el renacer económico y espiritual, después de casi 2 años de recesión económica. Además, constituyen una oportunidad para promover el empuje, el orgullo y el sentido de pertenencia de caleños y vallecaucanos.

Porque, si bien es cierto que hace 50 años, los Sextos Juegos Panamericanos de Cali dejaron un colosal legado en materia de sedes deportivas, en infraestructura urbana y en inspiración para que seamos la principal ciudad de Colombia en materia deportiva; los Primeros Juegos Panamericanos Junior, ahora, también dejarán un poderoso legado sustentable, amable con la naturaleza, que realzará la caleñidad y promoverá una ciudad más inclusiva, más humana y solidaria.

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Por eso, se requiere el concurso mancomunado de la comunidad y de todas las instituciones del sector público y privado (industrial, comercial, educativo y asociativo). El alcalde debiera pensar, para estos 5 meses restantes, en revivir la estrategia “Jugátela x Cali” de su anterior administración, que sirvió para difundir los juegos nacionales, pero que también fue una invitación para recuperar y hermosear la ciudad a partir del civismo.

La importancia deportiva de los Primeros Juegos Panamericanos Junior es superlativa: participarán 3.500 atletas, casi 600 más de los que compitieron hace 50 años, 1.050 oficiales de equipo, 1.400 oficiales técnicos, 11 hoteles, 25 escenarios, 3.000 voluntarios, y participarán los 41 países del continente americano.

La inyección de adrenalina monetaria, para reactivar nuestra maltrecha economía es formidable: El costo total de los juegos es de casi 120.000 millones, de los cuales la nación coloca una cifra cercana a la mitad, la gobernación una cuarta parte, y el distrito de Cali 32.000 millones; es decir poco más de la cuarta parte. Por cada peso que coloca la ciudad, recibe 3 adicionales.

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Por sectores, incluye 12.000 millones en transporte aéreo, que reactivan el sector del transporte aéreo nacional; más de 13.000 millones en hospedaje y alimentación que robustecerán el sector hotelero local; 6.000 millones en transporte terrestre que le caen bien al sector de transporte local; 13.000 millones en mejora de escenarios que reconfortan el sector de la construcción local; y 12.000 millones en implementación deportiva, parte del cual se adquiere en la ciudad, fortaleciendo ese naciente clúster local.

La consecución de los juegos fue toda una odisea que arrancó en solitario, el hoy director general de los mismos, el dirigente deportivo José Luis Echeverry Azcárate en el 2018. Con el apoyo del ministerio, la gobernación y las alcaldías, logró los votos necesarios para vencer las candidaturas de las ciudades de Monterrey (México) y Santa Ana (El Salvador).

Este logro fue posible, merced a que la ciudad ya contaba con la infraestructura deportiva necesaria, heredada de los Sextos Juegos Panamericanos de 1971, y a que somos, sin discusión, la capital afro de Colombia; hechos que inclinaron los votos de todos los países insulares del Caribe.

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En el desarrollo del trabajo preparatorio que realiza la familia panamericana, los inconvenientes han sido mayúsculos, pero es justo reconocer que nación, departamento y alcaldía, han venido cumpliendo sus compromisos.

Por eso, la proa del barco panamericano junior continúa firme señalando a su meta. Su carga está repleta de disciplina, esfuerzos y sueños de la juventud de todo un continente. Ahora nos corresponde a los caleños y vallecaucanos, hacer que los juegos brillen y nos catapulten hacia épocas mejores.

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