Cacaos y medios de comunicación

Para evaluar la calidad de los grandes medios de comunicación, mis “amigos” de redes sociales utilizan una “prueba ácida”: medio grande = negocio de cacao = medio malo, es decir, un medio de comunicación fatalmente facho. Nota: mis “amigos” no distinguen la derecha, una opción válida y exitosa, de la extrema derecha, esa cosa fétida; así como la gente de extrema derecha no distingue la izquierda moderna (economía social de mercado) de la extrema izquierda, monstruosa y anacrónica.

La “prueba” no funciona por la sencilla razón de que el “talento periodístico” de los cacaos varía mucho. El Grupo Santo Domingo (Caracol Televisión, El Espectador) y el Grupo Prisa, por ejemplo, no son ajenos al mundo de la cultura y han tenido la sensatez de poner al frente de Noticias Caracol, Blu Radio o de Caracol Radio a directores que observan un principio periodístico básico: La objetividad es una utopía, pero el equilibrio está al alcance de la mano: basta abrirles los micrófonos a la parte y a la contraparte. Con este elemental mecanismo, suben la credibilidad, el rating y la pauta.

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En El Espectador, el Grupo Santo Domingo ha tenido el tacto de respetar el criterio editorial de Fidel Cano, periodista hasta la médula, hijo, nieto y bisnieto de periodistas, y dueño de un talante progresista que se siente en cada página del periódico. No olvido el titular del editorial de El Espectador cuando el Congreso estadounidense aprobó el matrimonio igualitario: “Un triunfo del amor”. En los últimos meses, este diario ha estado en “primera línea” contra la brutalidad de la fuerza pública.

Carlos Ardila Lülle es un cacao rústico, debilidad que heredó su hijo mayor, Carlos Julio Ardila. Son conservadores, lo que no es delito, pero la polarización los arrojó en brazos de la extrema derecha, hasta el punto de que RCN TV endiosó, primero, a Carlos Castaño (recordemos las espectaculares entrevistas en horario triple A que le hacía al jefe paramilitar Claudia Gurisatti) y luego al ubicuo Álvaro Uribe.

¿Cómo explicar entonces la gran calidad de RCN Radio? Porque su directora de noticias es Yolanda Ruiz, quizá la mejor periodista de la historia de la radio colombiana, cuyo trabajo solo puede compararse con el que hacía Yamid Amat en los años 80 y 90. ¿Por qué la soportan los Ardila? Por su talento, por supuesto, y porque RCN Radio es altamente rentable. Y por su carácter: cuando unos directivos le sugirieron “mesura” en cierto tema, en el curso de un consejo de redacción caliente, ella les sugirió que buscaran otra directora de noticias, “una mesurada”.

La sensibilidad de Luis Carlos Sarmiento ocupa un nivel intermedio: no es tan culto como lo fue Julio Mario Santo Domingo, ni como lo es el hijo, Alejandro Santo Domingo, pero tampoco es tan básico como lo son Carlos Ardila Lulle y su hijo mayor, Carlos Julio Ardila. Algo ha aprendido Sarmiento de periodismo tras bambalinas en los últimos 40 años. Recordemos que Sarmiento empezó a incursionar en el negocio de la información a finales de los años 70, cuando compró un pequeño paquete de acciones de El Tiempo, proyecto que redondeó en 2012, cuando tomó el control total de esa Casa).

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El Tiempo de los Santos era un diario tan sólido que ha sobrevivido a la tutela del Grupo Planeta, a las dos presidencias de Juan Manuel Santos, a las dos vicepresidencias de Francisco Santos y a los enemil conflictos de interés que le significan estar bajo los tentáculos de un supercacao como Sarmiento. Hoy es inferior a El Tiempo del siglo pasado. La sección de opinión es lamentable, sobre todo el domingo, cuando la única columna ágil y bien escrita es la de María Isabel Rueda. (Mauricio Vargas era el otro buen columnista dominguero, pero se fue en junio. Últimamente vivía paranoico con dos entidades omnipotentes, Petro y el covid, pero escribía bien). Con todo, El Tiempo sigue siendo uno de los grandes diarios de Latinoamérica.

En el punto más bajo del “talento periodístico”, por debajo incluso de los Ardila, está Gabriel Gilinski, el propietario de Semana. Si exceptuamos sus portadas, el artículo central, las desastrosas columnas de opinión, los análisis políticos relacionados con Petro o Uribe (o sea todos), sigue siendo una revista legible, pero no pasará mucho tiempo antes de que se suma en la poderosa gravitación de agujero negro que generan Vicky Dávila, Luis Carlos Vélez y Sandra Suárez. Y el propio Gilinski, claro, ¡admirador de Rupert Murdoch y de Trump! Gilinski confesó que soñaba ser como Murdoch, principal accionista de Fox News y rey de los tabloides amarillistas. A juzgar por varias portadas recientes de Semana, lo está logrando.

¿Por qué Semana todavía no es pésima? Porque no es fácil destruir la gran escuela de periodismo que creó allí Felipe López, un señor con mucho olfato periodístico: es de centro-derecha pero trabajaba con un equipo de redacción de izquierda; entendió que Semana tenía que ser crítica, o naufragar en un mar de bostezos, y que los espacios de opinión debían estar en manos zurdas (Antonio Caballero, Daniel Samper Ospina, María Jimena Duzán, León Valencia) porque si descartamos a Mauricio Botero, María Isabel Rueda, Plinio Apuleyo Mendoza, Mauricio Vargas y Eduardo Escobar, los diestros no escriben bien.

Es verdad que los grandes medios de comunicación han sido gobiernistas en alguna medida. “Es peligroso tumbar presidentes, mijito”, les decía Hernando Santos a sus colaboradores de El Tiempo. “¡De pronto se nos caen encima!”. Pero es injusto echarlos todos en el mismo saco. En periodismo, como en todo, el examen de los matices es crucial. Lo demás es fundamentalismo. 

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7 Comentarios

  1. Señor Londono,
    Déjeme felicitarlo por su análisis. Es una de las mejores opiniones que he leído en torno al periodismo colombiano.
    Muy interesante.

  2. ¿Bluradio es equilibrado?,¿ofrece la contraparte?,¿la insustancial y modorrienta y acomodada Yolanda Ruiz es la mejor periodista de qué y de cuándo? Se olvida de Cecilia Orozco y de María Jimena Duzán, gigantes de la investigación y el seguimiento a los escándalos, comprometidas toda la vida con sacar la verdad de donde esté escondida. ¿La Rueda y el Vargas escriben bien?