Paramilitares y «paralíneas»

La manera como el paro se dilata y robustece es algo que nadie esperaba y apenas empezamos a dimensionar. ¿Quiénes son los que realmente están chocando en las calles y barricadas?

Los grupos armados que chocan en Cali pueden alinearse en dos bandos: de un lado están la Policía, los paramilitares y una tercera facción que podemos llamar los «pistoleros de bien». Los paramilitares cumplen a cabalidad su papel: hacer un trabajo más sucio que el de la Policía sin comprometer a la institución. Bueno, a veces la comprometen, como sucedió la tarde del 6 de mayo, cuando un grupo de hombres armados irrumpió en la zona de la Portada al Mar (oeste de Cali) y disparó sobre los manifestantes. Como vestían de civil y descendieron de un camión de la Policía, podemos llamarlos paramilitares, con todas sus letras, y evitar la gaseosa expresión «presuntos paramilitares».

Nota: la Portada al Mar es un punto clave: por allí se mueve buena parte del comercio del país y del abastecimiento de Cali, y marca el límite (el abismo) entre los exclusivos barrios del oeste de la ciudad y los barrios de ladera de la ciudad.

Lea más en opinión: Bloqueos

Los pistoleros de bien

Los «pistoleros de bien» hicieron sus primeros tiros muy temprano, las noches del 29 y 30 de abril, desde las ventanas de los pisos altos de los confortables edificios de la zona. Su performance más ruidoso tuvo lugar en el sur, en la rotonda de entrada al barrio Ciudad Jardín (carrera 105 con calle 18) el 9 de mayo. Fueron virales los videos de una camioneta arrollando a un indígena de manera premeditada y el de un señor de camiseta blanca que dispara por encima del hombro de un policía). A esta facción la llamo «pistoleros de bien» porque habitan en barrios de estrato 6 del sur, y sobre todo porque el grueso de la gente de bien de la zona no ha repudiado el infame safari de ese domingo. Pero quizá lo más deplorable vino después: ni las autoridades civiles, ni la Policía, ni la Fiscalía censuraron los actos de los pistoleros, y hoy, corridas ya dos semanas largas, todos siguen guardando un silencio que más parece una larga ovación a los pistoleros.

Existe otra versión: los pistoleros se estaban defendiendo del ataque de los indígenas. El problema es que las cifras no cuadran: saldo final de ese domingo macabro, indígenas heridos: 8, mestizos heridos: 0.

Lea más en opinión: El casco de la empatía

Las líneas

En el lado de los «rebeldes» hay por lo menos tres facciones ofensivas: está la línea 2, que es la encargada de lanzar piedras y explosivos caseros a la Policía, y recoger y relanzar bombas lacrimógenas. Están los vándalos, cuyo trabajo complica la ecuación: es verdad que colabora con la línea 2, porque distrae la atención de la Policía, pero también desvirtúa la legalidad del paro y lo vuelve antipático en un amplio sector de la sociedad. En defensa de los manifestantes pacíficos, entre estos muchos de los jóvenes de las «líneas», debemos recordar que el control del vandalismo es asunto de la Policía, no de los manifestantes, y que hay momentos en que la línea 5 colabora con la Policía para evitar que las marchas sean infiltradas por los vándalos.

Para nadie es un misterio que también hay vandalismo oficial: policías encubiertos que quiebran cristales, pintan grafitis, disparan armas de fuego y hasta queman sus propias motos policiales. Obviamente, es imposible separar con claridad las obras del manifestante pacífico, de las «líneas» organizadas y pacíficas, del vandalismo oficial y del vandalismo particular.

Como si fuera poco, está entrando un tercer actor en las filas rebeldes: las «oficinas» de cobro y del microtráfico. Como entre los manifestantes hay jóvenes que trabajan para estas «oficinas» (porque allí hay de todo, como en el Congreso) y los capos están preocupados porque la Policía les está matando sus jíbaros y sus cobradores, entraron al paro para defender a los jóvenes de las «líneas». ¡Esto puede escalar la confrontación hasta niveles de vértigo!

Todo esto configura, sobra decirlo, un cuadro muy inflamable. Si ya la desigualdad social y la falta de oportunidades configuraban la bomba de tiempo que muchos analistas habían advertido, la entrada de estos nuevos actores, y los sentimientos clasistas, racistas y aporofóbicos que están aflorando multiplican por mil la complejidad de la ecuación social que vive Cali. Es muy probable que situaciones semejantes se estén reproduciendo en otras ciudades del país. 

 ¿Qué hacer? Nadie lo sabe. La manera como el paro se dilata y robustece es algo que no se esperaba y apenas empezamos a dimensionar. Solo antier (escribo esto el 27 de mayo) Claudia López pidió perdón a los manifestantes por haber confundido el estallido social con un vulgar desmadre vandálico.

La primera tarea es entender lo que ha sucedido en las últimas cuatro semanas, hablar con los actores (líderes gremiales, jóvenes de las líneas, estudiantes, artistas activistas, policías, veedores de derechos humanos, periodistas) y reflexionar sobre el asunto.

De manera paralela habrá que negociar el espinoso asunto de los bloqueos, la más gruesa de las líneas rojas de los diálogos.

11 Comentarios

  1. Todo indica, que lo tenían bien planeadito
    Solo falto los anuncios en algunas, redes , sobre la presencia de grupos
    ex y guerrilleros
    y que sólo se han salvado los la up .
    Perdón están exterminados
    Y si alguno que repire,
    esta exiliado nuestra Colombita que mientras alguien recibia premio Nobel de paz

    ,

    redes redess