Vida después de la muerte y la vacuna del covid-19

Vengo del otro lado y comprobé que hay vida después de la muerte. Ese es el milagro logrado por la vacuna contra el covid-19. Llegué a California a mediados de junio en un viaje multipropósito que incluía visitar a mi hermana y su familia; vacunar a mis jóvenes hijos (de 12 a 21 años); experimentar la posibilidad de trabajar “desde cualquier parte del mundo”; ver, escuchar, oler, saborear y sentir el mar; aprender de la industria biotecnológica; alejarme durante un tiempo para recuperar la perspectiva sobre Colombia y descansar con mi familia.

Tenía otro objetivo relacionado con la pandemia que ha atravesado el mundo durante estos casi 500 días y era conocer la situación de un país como Estados Unidos, donde el 55 por ciento de la población ha recibido al menos una dosis de la vacuna (Canadá, el Reino Unido, Israel, Italia, Alemania, Estados Unidos y Francia han superado esta marca).

Me sorprendí al encontrarme con un mundo que creía perdido para siempre: una realidad donde los abrazos, los apretones de mano, los besos al saludar, las sonrisas de cara entera (no con los ojos), ya no son actos clandestinos que ponen en peligro la vida de todos; sino que por el contrario son estos gestos las muestras de afecto y cariño que nos distinguen como especie gregaria y sociable del resto de las especies del reino animal.

También le puede interesar: Cacaos y medios de comunicación

Esa es la esperanza que nos espera en Colombia en el corto plazo. Si seguimos vacunando al paso que vamos, en cuestión de un mes podríamos estar llegando al 50 por ciento de la población colombiana (hoy, alrededor de un 25 por ciento de los colombianos ha recibido al menos una dosis de alguna de las vacunas, lo cual verdaderamente es un muy buen resultado en el contexto global donde la puja por acceder a las vacunas ha sido despiadada). Hace unos pocos días el ministro de Salud, doctor Fernando Ruíz, twitteaba que habíamos sido capaces de aplicar 438.438 dosis en un solo día —medio millón de personas—.

Las vacunas no son una invención reciente, de hecho, son unas de las intervenciones que más vidas ha salvado en la historia de la humanidad. Una vacuna puede describirse como una manera de enseñarle al cuerpo a reconocer a un enemigo para preparase, para combatirlo cuando este se presente; o como poner al cuerpo a estudiar para preparase para un examen.

La historia de las vacunas se remonta a la antigua China, donde textos del siglo XI hablan de una forma primitiva de vacunación contra la viruela, la “variolización” es la inoculación del pus de la viruela para provocar esta enfermedad de forma atenuada y así inmunizar al paciente. Generalmente, así se provocaban casos leves de viruela y la persona quedaba protegida contra la viruela durante el resto de su vida.

Sin embargo, en ocasiones los resultados eran fatales y entre el 2 y el 3 por ciento de quienes eran tratados o virulados morían (en contraste con un tercio que moría después de contraer la viruela de manera natural). Solo en el siglo XX se estima que 300 millones de personas murieron de viruela.

En las palabras que me quedan, quiero hacer un homenaje a las mujeres en la ciencia y el conocimiento relatando brevemente la historia de una mujer excepcional, valiente, que no tuvo temor a juicios, represalias ni escándalos; y que, sin ser una científica, se comportó como tal; salvando tantas vidas como pocos en la historia de la medicina con sus aportes.

Lady Mary Wortley Montagu fue una aristócrata, viajera y escritora británica quien vivió en Constantinopla (actual Estambul) como esposa del embajador británico ante la corte otomana. Gracias a su curiosidad natural, logró sumergirse en la vida oriental y conocer de cerca las costumbres turcas, entre ellas la inoculación, que de China había pasado a India y al resto del continente asiático.

En una de sus cartas a una amiga, Wortley relata: “La viruela, tan fatal y frecuente entre nosotros, aquí es totalmente inofensiva gracias al descubrimiento de la inoculación, (así es como la llaman). Existe un grupo de mujeres ancianas especializadas en esta operación. Cada otoño, en el mes de septiembre, que es cuando el calor se apacigua, las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela… Soy lo bastante patriota para tomarme la molestia de llevar esta útil invención a Inglaterra y tratar de imponerla”.

Puede leer: Providencia: entre el despojo, el huracán inmarcesible y la dignidad de un pueblo insular

Lady Wortley era una mujer influyente con gran tenacidad y valentía. Al regresar a su país, hizo inocular a sus propios hijos y se enfrentó a los poderosos prejuicios que había contra tal práctica, usó sus influencias y convenció a la esposa del futuro rey Jorge II para inocular a su hijo. La influencia de Mary llegó a la corte francesa con la aprobación del rey Luis XV (quien no se inoculó e irónicamente murió en 1774 durante un brote de viruela que estaba atacando Europa). María Antonieta había sido inoculada en Austria y convenció a su esposo, Luis XVI, y a sus dos cuñados de inocularse. La reina también hizo inocular a todos sus hijos, protegiéndolos a todos del contagio.

A pesar de no ser una científica en el término más estricto, su mente inquieta le permitió estudiar los efectos de la inoculación a través de dos ensayos clínicos, uno con condenados a muerte en la prisión de Newgate y otro con niños de un orfanato de Westminster (algo impensable hoy). Gracias a estos experimentos, la inoculación o variolización se difundió y comenzó a salvar vidas por toda Europa.

El crédito del descubrimiento de las vacunas se le ha dado al médico inglés Edward Jenner (1749–1823), quien en 1796 desarrolló la primera vacuna de la historia; sin embargo, es Lady Mary Wortley Montagu quien sentó las bases para ganarle la partida a la viruela y a la muerte por enfermedades infecciosas. Lady Montagu fue independiente, se rodeó de intelectuales, escribió, viajó y defendió los derechos de las mujeres. Se dice que, antes de morir, sus últimas palabras fueron “ha sido todo muy interesante”.

Termino donde empecé: Vengo del otro lado y comprobé que hay vida después de la muerte, regresé a Colombia viendo mi país más hermoso que nunca. En Colombia estamos llenos de problemas, pero también estamos llenos de humanidad y llenos de posibilidades y de oportunidades; entre ellas, y solo como uno de muchos ejemplos, la de desarrollar la industria biotecnológica, tal como Sura lo ha anunciado con VaxThera en días recientes.

Vivimos tiempos excepcionales porque hoy tenemos más poder como individuos y como sociedad para enfrentar los grandes desafíos de este planeta… que puede hacer cada uno de nosotros para construir un mejor país y un mejor futuro y que al morir nuestras últimas palabras puedan ser “ha sido todo muy interesante”.

Lea otra columna de Gabriel Mesa: Seamos el cambio que queremos ver en el mundo

2 Comentarios