La lista al Senado del Pacto Histórico, un verdadero revolcón político

La lista del Pacto Histórico al Senado es un buen comienzo para disminuir la enorme deuda histórica con las mujeres y los sectores marginados”.

Como estamos a pocos meses de las elecciones al Congreso, el mundillo de la política electoral vuelve a enseñar su falsa sonrisa y el hampa electoral afila sus garras predadoras.

Se pondrán al orden del día la compra de votos, el constreñimiento a los electores, la financiación de campañas con dineros del narcotráfico o de los contratos públicos, la venta de paquetes electorales, el salto del canguro, la adulteración de las actas electorales, y el fraude electrónico. En esta última modalidad, no dejarán que se le haga auditoría al software electoral, aparecerán las listas victimarias, las listas víctimas, las rutinas fantasmas y muchas otras modalidades delictivas. Aquí siempre ha sido así: toda una historia de chanchullos, exclusión, arbitrariedad y misoginia que aún no termina.

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Por allá, en La Patria Boba, aunque el voto era público, no podían votar ni los analfabetos, ni los esclavos, ni las mujeres.

La Constitución de Cúcuta llevó a límites demenciales las restricciones para votar. Solo podían hacerlo los casados o mayores de veintiún años que tuvieran “alguna propiedad raíz que alcance al valor libre cien pesos. Suplirá este defecto el ejercitar algún oficio, profesión, comercio o industria útil, con casa o taller abierto sin dependencia de otro en clase de jornalero o sirviente”. Las mujeres, por supuesto, no podían hacerlo.

Con la reforma constitucional de 1853, cuando la liberación de los esclavos, al voto lo volvieron secreto y lo envolvieron en papeletas. Podían votar los hombres mayores de 21años que supieran leer y escribir, así como los descendientes de los esclavos, pero, eso sí, las mujeres tampoco.

Con la Constitución de Núñez de 1886, podían votar “los ciudadanos que sepan leer y escribir o tengan una renta anual de quinientos pesos, o propiedad inmueble de mil quinientos”, y claro, continuaron las mujeres por fuera del mundo electoral. 

En la reforma constitucional de Reyes, en 1910, solo podían votar los colombianos varones mayores de 21 años, que supieran leer y escribir; y los que “careciendo de esta condición, sean propietarios de finca raíz de valor de mil pesos o tengan renta anual de 300 pesos”.  ¿Y las mujeres? Ni elegir ni ser elegidas.

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Solo en 1954, en plena dictadura de Gurropín, las mujeres obtuvieron el derecho a votar y también a ser elegidas. Así las cosas, las mujeres votaron por primera vez en el plebiscito de 1957, cuando se instauró el Frente Nacional.

A partir de ahí, en las listas electorales aparecen un buen número de mujeres, que no alcanzan los votos efectivos para acceder a una curul, pues, en la práctica, al género femenino lo relega la mano de hierro de una sociedad arbitrariamente machista, excluyente en lo económico, en lo social y en lo político.

Incluso, se expidió en épocas de Pastrana la Ley 581 de 2000, que otorgó a la mujer una participación mínima del 30 por ciento en los cargos de máximo nivel decisorio, que es “el que corresponde a quienes ejercen los cargos de mayor jerarquía en las entidades de las tres ramas y órganos del poder público, en los niveles nacional, departamental, regional, provincial, distrital y municipal”. Pero, en las excepciones, la misma norma dispuso tajantemente que “tampoco se aplica a la provisión de los cargos de elección”.

Queda claro, entonces, que no se han incorporado cambios de fondo en favor de las mujeres, que siguen encontrando obstáculos insalvables para acceder a las curules.

Como prueba de ello, en las pasadas elecciones al Congreso de 2018 se eligieron102 senadores, de los cuales 79 son hombres y solo 23 mujeres, el 22 por ciento.

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Ante toda esa historia de discriminación e injusticia, el Pacto Histórico plantea un verdadero revolcón con la confección de una lista única al Senado, tipo cremallera (mujer-hombre) cerrada, es decir, con “un orden específico inmodificable”. Además, con inclusión de etnias cada cinco puestos, lo cual aseguraría no solo que las mujeres obtengan una representación mínima del 50 por ciento, sino que también empiecen a aparecer en el panorama político muchos sectores discriminados. Todo un pastel para los nuevos electores.

Gustavo Petro, en Popayán, en un evento del Pacto Histórico
Gustavo Petro, en Popayán, en un evento del Pacto Histórico

Esto significa que los votantes, partidarios de Petro, apoyarán la lista y no a un candidato en particular de esta. Por lo tanto, es imprescindible, para un buen resultado, que la lista que se oferte se parezca al país nacional con toda su diversidad, y no al país político, responsable del descrédito monumental del Congreso que, según una firma encuestadora, llega al 86 por ciento.

La lista del Pacto Histórico al Senado, con las características señaladas, con seguridad se constituirá en la primera fuerza política del país, y es un buen comienzo para disminuir la enorme deuda histórica con las mujeres y los sectores marginados. Apoyarla ayudará a desdibujarle esa falsa sonrisa al mundillo de la política electoral y también a limarle las garras al hampa electoral.

9 Comentarios

    1. elizabeth ospina

      Muy bien a trabajar por una Colombia mejor, siendo consientes que les va a tocar muy duro, los corruptos no cesarán de persecución y artimañas para o staculizar el buen trabajo.

  1. Como siempre, un recorrido relámpago, sucinto y eficaz por los hechos históricos y un puntillazo monumental.
    Muy bueno tu escrito, estimado Pedrloluis.

    1. Daniel Rojas Alcalde

      Hay que apoyar la lista del pacto histórico y promover entre los abstencionistas para que salgan a botar y logremos cambiar este país sumido en la corrupción

      1. Alfonso Díaz Bonilla

        Que gran columna mi querido amigo y familia con el Pacto Histórico saldremos a derrotar a todos los clientelistas y corruptos de nuestro amado país gracias Pedro Luis un gran abrazo

  2. En el papel el Estado Social de Derecho garantiza.un orden social, económico y político justo. Pero como el Estado Social de Derecho y la Constitución de 1991 están secuestrados desde el 1 de enero de 1992, continúa la exclusión de Caro y Nuñez en lo social, lo económico y lo político, orden vigente desde el siglo XIX. Ese Congreso en manos de mercachifles, yerbateros, sacamicas y prepagos/as TIENE que ser renovado. A la carga, Pedrín!

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