Con las listas al Congreso, el petrismo sigue en deuda con las mujeres

La escogencia de mujeres cercanas a políticos tradicionales y la alianza con Alfredo Saade ponen en tela de juicio la paridad de género que el Pacto Histórico se propuso defender.

A mediados de agosto, el Pacto Histórico, con Gustavo Petro a la cabeza, anunció que sus listas para las elecciones del 13 de marzo de 2022 serían cerradas, paritarias y en mecanismo de cremallera, es decir, con alternancia de hombres y mujeres, y por eso invitó a “mujeres, jóvenes y simpatizantes” a postularse para hacer parte del proyecto político. 

“Nuestra lista no solo es la única comprometida con garantizar la participación real de las mujeres y los pueblos ancestrales, también asegura el cumplimiento del acuerdo político y programático para construir la nueva nación”, expresó la coalición en su momento.

Con esta promesa, que el mismo pacto alzó como una “expresión de diversidad, amplitud y unidad”, se unieron mujeres como Juana Afanador, María Fernanda Carrascal, Imelda Daza, Sara Tufano, Cielo Rusinque, la líder indígena wayúu Arelis Uriana, y la líder social afrodescendiente y precandidata a la Presidencia Francia Márquez. 

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Sin embargo, con los nombres que se han ido posicionando hoy en las listas, quedó claro que el petrismo sigue en deuda con las mujeres. Por un lado, se conoció que Gustavo Bolívar será cabeza de lista al Senado, a pesar de que muchos pedían que fuera la representante María José Pizarro y que, en caso de no ser ella, se considerara igual la posibilidad de que fuera una mujer. Por otro lado, mientras unas mujeres renunciaron por falta de garantías, otras fueron escogidas por sus acercamientos a políticos tradicionales.

Las que desertaron

La unidad, que fue bandera del Pacto Histórico, empezó a resquebrajarse en septiembre, después de que Alfredo Saade, líder del movimiento cristiano Levántate, se reunió con Gustavo Petro para aliarse. Aunque Saade hizo un amago de apartarse, en noviembre confirmó su adhesión a la coalición, con la bendición de Petro.

La llegada de Saade generó fuertes críticas entre sectores feministas. Este líder cristiano se ha expresado públicamente en contra del aborto y del matrimonio igualitario, banderas que supuestamente representan los partidos progresistas.

Entre las mujeres que cuestionaron la alianza con Saade estaba la socióloga Sara Tufano, que entonces seguía firme con su intención de llegar al Senado con el aval del Pacto Histórico.

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Juana Afanador, también socióloga y aspirante a la Cámara por Bogotá, se unió a las críticas y pidió que se escuchara a las mujeres que no estaban de acuerdo con haberse unido a Saade.

Las críticas de ambas, y de otras integrantes del Pacto Histórico, arreciaron cuando ya era inminente la alianza con el exgobernador de Antioquia Luis Pérez.

Así que el pasado 9 de diciembre las dos sociólogas renunciaron a su aspiración de llegar al Congreso, al alegar que se estaban presentando movimientos desafortunados y falta de garantías a la hora de escoger los puestos de las listas. 

Para Afanador, la insistencia de ir con una lista cerrada “se convirtió en privilegio de fidelidades, promoción de delfinazgos y estímulo a mecanismos propios de la vieja política”. 

El “privilegio de fidelidades” y la “promoción de delfinazgos” que menciona Afanador estarían relacionados con algunos avales que les dieron mujeres que están allí como representación de varios miembros de la alianza. Este sería el caso, por ejemplo, de Gloria Arizabaleta, exesposa de Roy Barreras, segunda de la lista a la Cámara en el Valle, y de Esmeralda Hernández, candidata al Senado por el pacto y cuñada de Camilo Romero, exgobernador de Nariño y precandidato presidencial.

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Por su parte, Tufano, en su columna en El Tiempo, explicó que su decisión de apartarse está motivada porque en la lucha política “no todo vale”, y que a pesar de haber apoyado férreamente la campaña de Petro y de Ángela María Robledo en 2018, no puede hacer lo mismo en este momento, luego de la llegada de Saade y Pérez.

(Petro) está justificando estas adhesiones sin creer que es necesario darle explicaciones a su electorado. Me parece una falta de respeto con las personas que hemos votado por él. ¿Si es así en su propio proyecto político, cómo pensar que será distinto en su eventual gobierno?”, escribió.

Las Madres de Soacha y su aspiración política

En agosto, el senador Gustavo Bolívar dio luces sobre quiénes serían las mujeres que podrían conformar la lista al Senado por el Pacto Histórico. Uno de los nombres que mencionó fue el de Luz Marina Bernal, una de las fundadoras del movimiento Madres de Soacha, quien anunció su adhesión a la coalición un mes después. 

Ella manifestó que había aceptado la invitación del pacto con el fin de buscar justicia en los casos de los ‘falsos positivos’ y cambiar la situación de las familias que han sido víctimas de desapariciones, desplazamiento forzado y violaciones a los derechos humanos, en el marco del conflicto armado.

Y ahora Bernal también ha salido en defensa del pacto y la conformación de sus listas, e incluso dice que así no salga elegida como candidata seguirá apoyando la alianza. “Veo mucha incomodidad por la lista del Pacto Histórico […]. Si salgo seleccionada, trabajaré como lo he venido haciendo desde hace varios años. De no ser así, los apoyaré y estaré en todo lo que me sea posible”.

Sin embargo, el colectivo Madres de Soacha, al que Bernal no pertenece desde 2014, sí mostró una posición dura frente al Pacto Histórico, pues denunció haber sido ignorado en sus aspiraciones políticas. “El pacto no tenía la obligación de aceptarnos en su lista, pero sí de respondernos. Hicimos todo el proceso y sin embargo varios del equipo de Gustavo Petro nos dejaron en visto. Dilatando todo. Sin dar la cara”, escribió la organización en su Twitter. 

Las madres también manifestaron haber sido “utilizadas y burladas”, y recalcaron que desde el pacto “no tuvieron la delicadeza de contestarnos y de decir que no había espacio para nosotras”.

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¿Una muestra más de machismo?

Este fin de semana, cuando la coalición preparaba las listas para el Congreso, la excongresista Ángela María Robledo llamó la atención sobre la renuncia de las candidatas a la alianza y cuestionó la paridad en el Pacto Histórico.

“El cambio es con las mujeres o no será”, le dijo la excongresista a Petro desde su cuenta de Twitter. Su voz se sumó a quienes han señalado que en el movimiento han instrumentalizado a las mujeres. Una situación que, de hecho, se ve actualmente en el Gobierno, pues a pesar de que el presidente Iván Duque prometió un gabinete paritario, ha incumplido con la ley de cuotas.

El precandidato de la Coalición Centro Esperanza Carlos Amaya fue otro de los que hizo referencia a la participación de las mujeres en la consulta interna del pacto. “Nosotros hemos coincidido en algo y es que el cambio es con las mujeres o no será, pero eso no quiere decir que uno tenga que aparentar una competencia con una mujer. Yo creo que aparentar una consulta en la que ya se sabe quién va a ganar y tratar de acomodarla para que se vea bien la foto, me parece mal”, dijo en un debate político.

Francia Márquez, quien recibió el aval del partido indígena Aico y el Polo Democrático en su camino a la Presidencia, rechazó dichas afirmaciones y aseguró que si las mujeres eran un “relleno en el Pacto Histórico”, no entendía por qué la habían invitado a unirse a la Coalición Centro Esperanza. De igual manera, Márquez manifestó que las palabras de Amaya resultaban ofensivas “porque niegan nuestra capacidad e independencia para tomar decisiones”. 

Paridad

Estos escenarios reflejan una vez más el machismo que domina a la política colombiana, pues las mujeres no solo reciben comentarios misóginos y machistas en su ejercicio político, sino que también ven cómo se les niegan espacios de participación.

De hecho, hasta el momento, en las cabezas de las listas al Senado, la mayoría son hombres y solo hay cuatro mujeres. Un hecho que no sorprende: en Colombia, a pesar de que las mujeres son el 51,2 por ciento de la población, solo representan el 19,7 por ciento del Congreso de la República, de acuerdo con el estudio ‘Balance de la Igualdad de Género en Colombia‘, de Dejusticia, la Universidad de los Andes y la organización Gender Justice y Security. La cifra está por debajo, en 11 puntos porcentuales, del promedio de mujeres en parlamentos del continente.

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