Liberar las patentes de vacunas anticovid, un debate que debe abordar Colombia

El descubrimiento de una nueva variante de preocupación del virus Sars-CoV-2, posiblemente relacionada con las malas tasas de vacunación en países pobres, revivió la discusión sobre la liberación de patentes de los biológicos. Mientras para algunos es una medida de equidad que debe primar sobre los intereses económicos de las farmacéuticas, para otros es un acto de irresponsabilidad científica. ¿Qué dicen en Colombia al respecto?

A finales de 2020, cuando el mundo miraba con esperanza el desarrollo de las primeras vacunas contra el covid-19, países como Sudáfrica e India llamaron la atención sobre la necesidad de suspender temporalmente las patentes de estos desarrollos. Según la justificación de esas naciones, la medida permitiría realizar producción local y atender la enorme demanda de los países en desarrollo.

La propuesta contó rápidamente con el respaldo de médicos, científicos, organizaciones sociales y varios gobiernos. Para Tedros Adhanon, director general de la Organización Nacional de la Salud (OMS), se trata de un acto que nivela la balanza frente al acaparamiento de vacunas por parte de los países ricos. Cabe recordar que el mismo Adhanom dijo en 2020 que “los más pobres y vulnerables serían pisoteados en la estampida mundial por las vacunas”.

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Los datos le dan la razón. Según Naciones Unidas, el 75 por ciento de las vacunas disponibles se han destinado solamente a diez países, todos pertenecientes al G20. En contraste, continentes como África han recibido apenas el 0,6 por ciento de la producción mundial. “La distribución equitativa de las vacunas es la mayor prueba moral que enfrenta la humanidad”, dijo al respecto António Guterres, secretario general de la ONU.

El problema es que los países ricos fueron muy cínicos en el proceso. Ellos se comprometieron a abastecer con vacunas a los países del sur, a través del mecanismo Covax, pero ese compromiso es de carácter voluntario y fracasó. Entonces, los países industrializados terminaron acaparando las vacunas, especialmente las de Pfizer y Moderna“, le dijo a Diario Criterio Germán Velásquez, subdirector del instituto de investigación South Centre de Suiza.

Médicos y epidemiólogos a nivel mundial concuerdan en que esta situación afecta a todos en general, pues las bajas tasas de inmunización crean lo que han llamado un “caldo de cultivo para las variantes”. La cepa ómicron, detectada por primera vez en Sudáfrica y de la cual aún no existe suficiente información, sería un ejemplo de esta problemática.

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La noticia de esta nueva variante despertó el debate de la liberación de patentes, así como el lobby de varias farmacéuticas ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para impedirlo. Cerca de 100 países apoyan la liberación, entre los que se encuentra Estados Unidos, por decisión de Joe Biden. Sin embargo, grandes fuerzas como Reino Unido, Suiza, Noruega y Alemania se oponen férreamente.

En medio de este panorama, el Gobierno colombiano ha tomado una postura difícil de descifrar, debido a los pronunciamientos ambiguos y a los silencios prolongados. Esto, para algunos expertos nacionales, es una forma de ‘gambetear’ la discusión, lo que termina acrecentando el problema.

Los argumentos en contra de la liberación de patentes

Sin enfocarse en las millonarias pérdidas que supone la liberación de patentes para las farmacéuticas, lo que para muchos es la verdadera nuez del asunto, quienes van en contra de la medida argumentan que no existe la preparación necesaria para publicar los secretos de los biológicos. Para algunos expertos, la solución no está en las patentes, sino en el compromiso de las grandes naciones de compartir las vacunas.

Así lo asegura Thomas Cueni, director general de la Federación Internacional de Fabricantes Farmacéuticos, quien agrega que los países ricos deben compartir las dosis en cuestión de días y no de meses. “La renuncia a las patentes es la respuesta simple pero incorrecta a un problema complejo”, dijo Cueni a France 24.

En entrevista con este medio, Penelope Ward, experta en medicina farmacéutica del King’s College de Londres, dijo que si se trata de una vacuna normal la liberación sería fácil, pero que la tecnología de las vacunas covid-19 implica muchos retos. “Las vacunas de vectores virales y las vacunas de ARN mensajero son realmente nuevas y el número de plantas capaces de fabricarlas es bastante bajo”, aseguró.

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Para estos especialistas, el desconocimiento en el manejo de los biológicos puede terminar en fallas de eficacia, problemas de calidad y hasta falsificaciones. Por otro lado, también existen voces que aseguran que la liberación desincentiva la innovación científica, debido a la pérdida de ingresos de las farmacéuticas. 

Stephen Ubl, presidente de Investigadores y Productores Farmacéuticos de América (PhRMA, por su sigla en inglés), dijo que la liberación de patentes, apoyada por Estados Unidos “sembrará confusión entre los socios públicos y privados, debilitará más las cadenas de suministro y fomentará la proliferación de vacunas falsificadas”.

Frente a estos argumentos, quienes defienden la liberación recurren a la salud pública y la bioética para justificar su posición, pues hablan del riesgo de las nuevas variantes y la inequidad del proceso. Este sector también asegura que las farmacéuticas no han cumplido con las entregas pactadas, lo que demuestra su falta de capacidad para atender la demanda por sí solas.

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Para algunos expertos, liberar las patentes de las vacunas ayudaría a fortalecer herramientas como el mecanismo Covax, que busca acabar con la desigualdad en la distribución de biológicos en el mundo.

¿Qué dice el Gobierno colombiano?

Para varias organizaciones y centros de pensamiento del país, la postura de la administración Duque sobre la liberación de patentes es ambigua y, por ende, perjudicial para el proceso de vacunación. Según el jurista Rodrigo Uprimny, integrante de Dejusticia, el presidente ha condenado la inequidad en la distribución de vacunas en escenarios como la Asamblea General de Naciones Unidas, pero no ha respaldado oficialmente la suspensión.

Según Uprimny, tras un derecho de petición enviado por Dejusticia y el Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder, de la Universidad Nacional, se pudo comprobar que el Gobierno se mantiene en su indecisión. “La respuesta, un poco cantinflesca, es que siguen estudiando el asunto, mientras el virus sigue circulando, mutando y matando”, dijo.

Para Claudia Vaca, farmacoepidemióloga de la Universidad Nacional y directora del Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder, Colombia debe apoyar la suspensión de patentes de vacunas y tecnologías para covid-19 o, de lo contrario, brindar una explicación clara de su negativa.

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Para otros expertos como el bioquímico Moisés Wasserman, la solución no es pedir los permisos para fabricar las vacunas de ciertas farmacéuticas, sino diseñar y producir nuestros propios biológicos. “La gente se vacuna con vacunas, no con patentes, ni con normas, y mucho menos con declaraciones”, asegura Wasserman.

“Mientras en el vecindario Brasil y Chile se mueven para simplificar sus normas sobre licencias obligatorias, para hacer más sencilla su aplicación, en Colombia la decisión es no discutir el tema. El Gobierno quiere recuperar la capacidad de producir vacunas, pero lo hará en el terreno desbalanceado que privilegia los intereses de las farmacéuticas”, aseguró al respecto Catalina Botero, directora de la Fundación Karisma, en su columna de El Espectador.

La última palabra en este debate la tiene la OMC, en su conferencia de ministros que, aunque estaba pactada para esta semana, fue suspendida paradójicamente por la amenaza de la variante ómicron. Si bien son los grandes países los que tendrán los votos definitivos, el Gobierno colombiano también tendrá participación en la decisión y deberá llegar con alguna propuesta clara.

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