Pechos, huevos, maternidad: La historia de Natsuko

En su monumental novela “Pechos y huevos”, la escritora Mieko Kawakami nos adentra en las complejidades del Japón de hoy para hablarnos sobre la familia, la soledad, la tecnología y, sobre todo, la feminidad. 

Veinte de agosto, 2008. El tren de la línea Marunouchi llega a Tokio a las doce y media del día. Natsume Natsuko, una escritora de 30 años, se dirige a la estación a esa hora para recibir a su hermana mayor, Makiko, y a su sobrina adolescente, Midoriko. La dos se han desplazado a la capital desde Osaka porque Makiko, de 39 años, ha decidido hacerse una operación de aumento de pecho. No es para ella una decisión impulsiva: en su maleta se apilan los folletos de las clínicas de cirugía plástica. Conoce de memoria los términos, las tarifas, los métodos. “El primero es la silicona –le explica a Natsuko–. El segundo, el ácido hidráulico. El tercero, un método en que te sacan tu propia grasa y la usan para hincharte el pecho“. Aunque no tiene mucho dinero, Makiko está decidida.

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Pero el ambiente es tenso: Midoriko, su hija, ha dejado de hablarle. Desde hace seis meses solo se comunica con ella por medio de notas garabateadas en una libreta. En otra, más gruesa, Midoriko escribe su diario, que se centra en los cambios propios de la adolescencia femenina: “Además, como me chocaba que en japonés la primera regla se llamase ‘la primera marea’, he buscado la palabra (…). La verdad es que no entiendo cómo liga esa ‘primera marea’ con que te salga sangre entre las piernas por primera vez. ¡Qué asco!”. Madre e hija están en proceso de experimentar cambios corporales. Las dos transformaciones –la menstruación y la mamoplastia– flotan en el aire, yuxtapuestas, como dos nubes que acumulan en su interior la tensión de una futura tormenta. 

Pecho, huevos novela
Pecho y huevos’, editada en Colombia bajo el sello Seix Barral.

La novela Pechos y huevos (Seix Barral, 2021) es la primera obra de Mieko Kawakami traducida al inglés y al español. En poco tiempo, se ha convertido en un fenómeno internacional. El libro tiene entre sus admiradores a Elena Ferrante y a Haruki Murakami; a la fecha, cuenta con más de 20.000 votos en la plataforma Goodreads. Es, también, una especie de Frankenstein editorial: la primera parte del libro, que gira en torno a la operación de senos de Makiko, es en realidad una nueva versión de una novela premiada que Kawakami publicó en 2008. La segunda parte, más extensa, menos focalizada, es algo así como la actualización de la vida de sus personajes diez años después. 

En esa segunda parte, Kawakami deja atrás la afilada intimidad de las relaciones familiares y abre la historia a otras relaciones, como si hubiera decidido abrir la ventana y ventilar los cuartos de su casa. Aparecen escritoras feministas y editoras borrachas. Blogs sobre infertilidad y simposios sobre inseminación artificial. Cabinas de karaoke y acuarios al lado del mar. Se acumulan, lentamente, con parsimonia, las escenas de la vida de una Natsuko ahora de 38 años, que navega su cotidianidad en Tokio al tiempo que contempla con creciente obsesión las pocas opciones que su país les ofrece a las mujeres que quieren ser madres sin dejar de ser solteras.

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A pesar de sus diferencias, las dos partes tienen elementos en común. Para empezar, ambas son narradas por Natsuko. Ella –reservada, solitaria, exitosa– es el corazón de la novela (de hecho, el título japonés del libro es Natsu Monogatari; el sustantivo “monogatari” literalmente significa “cosas contadas“). Además, a lo largo de la obra, el pasado de Natsuko aflora una y otra vez: ella recuerda con frecuencia su infancia y nos habla de la pobreza de su familia, de las jornadas en el snack (un tipo de bar donde las trabajadoras toman y cantan karaoke con la clientela masculina) y, sobre todo, de las figuras femeninas que nutrieron su personalidad. Porque Pechos y huevos es, ante todo, una novela sobre las relaciones que existen entre mujeres en una sociedad machista. Es sobre la sororidad. Una vez terminada la lectura, son más bien pocos los hombres que salen bien librados. 

Mieko Kawakami
Mieko Kawakami

Con Pechos y huevos, Kawakami ha escrito una novela monumental. Una de esas obras en las que parece caber la vida. En sus 489 páginas, en su miríada de anécdotas y de personajes secundarios, su autora se ocupa de la soledad, del amor, de la muerte. Nos invita a pensar en los lazos afectivos que pueden surgir en una sociedad medida por la tecnología. En la relación entre el cuerpo y las emociones, en la espinosa cerca que rodea la palabra “familia“. Y todo con un registro casual, descomplicado, que casi no recurre a figuras literarias y que alcanza una profunda belleza cuando la trama traspasa las coordenadas del realismo y entra en ese espacio onírico-simbólico tan común de la literatura japonesa, donde lo irracional cobra forma y, como una misteriosa semilla, enriquece el sustrato de la narración. 

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Leer las “cosas contadas” de Natsuko es, de alguna manera, poder acompañarla. “¿Cuántas veces más en el futuro contemplaría así el azul del crepúsculo? Se me ocurrió de repente, ¿Cómo sería vivir, ir yendo hacia la muerte, sola? ¿Consistiría en estar siempre así, en un único lugar, estuviera donde estuviese, mirara lo que mirase? ¿Tan malo sería eso?”. Me lo pregunté en voz baja. Pero, por supuesto, nadie me respondió.  

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