Petro, entre el caudillismo de Gaitán y el populismo de Rojas

Una vez haga su juramento y se enfunde la banda presidencial, Gustavo Petro se convertirá oficialmente en el primer presidente de izquierda, para unos, o populista, para otros, en llegar a la Casa de Nariño. Logrará lo que a otros el sino trágico de la violencia como a Jorge Eliécer Gaitán, o del fraude, como al general Gustavo Rojas Pinilla, les impidió. Es cierto, en Colombia ha habido otras esperanzas de cambio como las depositadas en Luis Carlos Galán o Jaime Pardo Leal, sin embargo, las que encarnaron Gaitán y Rojas, se daban por hechas.

Que Petro ocupe el solio de Bolívar, en compañía de Francia Márquez, una mujer y lideresa negra, muestra en sí un síntoma de cambio, independientemente de cómo sea su gobierno. Colombia nunca ha tenido un gobierno de izquierda o populista, de hecho, la única experiencia reformista ha sido la de la República Liberal, que comparadas con otras ocurridas en Latinoamérica fue tenue. Y allí radican tanto las esperanzas de millones de colombianos como la incertidumbre de otros tantos. Este periodo presidencial que hoy comienza no tiene punto de comparación con los dos siglos de historia republicana colombiana.

Además de marcar un hito en la historia política nacional, la presidencia de Petro sepulta, prácticamente de raíz, la tesis que durante muchas décadas esgrimió la izquierda, especialmente la más radical, de que la única forma de llegar al poder era través de la lucha armada, la misma que esgrimió el M-19 tras el fraude en las elecciones de 1970 en contra del general Gustavo Rojas Pinilla.

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En muchos gobiernos locales, incluso en grandes ciudades -como Cali, Barranquilla o Bogotá- figuras de centro izquierda o de izquierda han ganado las elecciones y gobernado. El propio Petro lo hizo en la capital, junto a otros como Luis Eduardo Garzón, Samuel Moreno o la propia Claudia López. Los balances de estas administraciones ameritan otro análisis.

Ahora, así Petro considere que el Pacto Histórico es de izquierda o centroizquierda, lo cierto es que este 7 de agosto se instalará por primera vez un presidente populista en la historia moderna, por lo menos así lo considera el doctor en historia y profesor de la Universidad Nacional César Ayala, uno de los mayores expertos en la materia en Colombia.

En este día se inicia un periodo de gobierno populista desde una definición desde la academia, no periodística que tiene un concepto diferente. Petro logró reunir en torno a su figura y su discurso diferentes reclamos populares de cambio, de luchas de muchas organizaciones de indígenas, afrocolombianos, campesinos o sociales. De hecho, él mismo recogió las viejas estructuras de la Anapo, del M-19 y otras”.

El populismo despierta, como lo reconoce Ayala, ansias de resolución de problemas acumulados que requieren recursos y crecimiento económico, ciclos especiales, como los que se vieron en la Argentina de Perón o durante una parte de la dictadura de Rojas Pinilla. “Habrá que ver si el nuevo gobierno tiene los recursos o de dónde los saca, porque en cierta medida el populismo tiene que ver con la repartición de la riqueza, que ahora, en Colombia, está por verse”, dice Ayala.

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Al comparar la figura de Petro con la de Gaitán o Rojas, el profesor Ayala dice que tiene algo de los dos. De Gaitán tiene la del caudillo capaz de aglutinar la insatisfacción popular, las mismas banderas que el partido Liberal dejó tiradas en el piso hace años. Si se quiere, el triunfo de los liberales en 1930 se debió a las promesas de cambio, de mejorar el bienestar social de los colombianos, que se fueron perdiendo después del Frente Nacional hasta quedar en el olvido.

Así como ocurrió con el gobierno de Olaya, y más por publicidad de López Pumarejo, por primera vez el pueblo se sintió en el poder, y es lo que está ocurriendo con Petro. Ahora bien, los dos son sinónimo de movilización de masas, de colectivos, de organizaciones populares y sociales. Son, si se quiere, caudillos de masas.

Ahora bien, como Colombia no ha tenido una experiencia de gobierno de izquierda o populista, con una fuerte base social. Todavía es una incógnita cómo serán las relaciones del nuevo gobierno con el movimiento social, ya que, a diferencia de otros países de la región, este siempre se ha sentido excluido del poder y por lo general se ha constituido como el principal opositor a los gobiernos, incluso a los liberales que recogían algunas de sus banderas como le sucedió a Alfonso López Michelsen.

Sobre la mesa quedan preguntas como ¿Qué hará el movimiento social durante este cuatrienio? ¿Qué pasará si Petro incumple algunas de las promesas hechas a ellos? ¿Fortalecerá Petro el movimiento social para construir una base social para futuros candidatos de izquierda? ¿Tratará Petro de cooptar el movimiento social, de la manera que lo hicieron gobiernos populistas como el de Perón?

estupro electoral promesas de Petro

Para el historiador Mauricio Archila, durante el gobierno Petro, el movimiento social deberá seguir ejerciendo su función clásica de “recoger las demandas de sus bases para llevarlos a escenarios públicos y políticos más amplios“. Archila ve como positivo que el nuevo gobierno mande señales encaminadas descriminalizar la protesta social.

Sin embargo, las relaciones entre el movimiento social y Petro pueden ser tensas en el sentido que las reivindicaciones hechas por el movimiento social pueden chocar con las de otros grupos de la sociedad civil y en esos casos Petro tendrá que elegir entre no cumplirlas o hacerlo de manera parcial. Un ejemplo y prueba de fuego será la negociación del salario mínimo para el 2023, escenario donde se condensan las confrontaciones entre los empresarios y los trabajadores.

En otras palabras, la relación de Petro con los movimientos sociales será la de un equilibrista que debe satisfacer las reivindicaciones sociales con los intereses de otros sectores de la sociedad civil. Si Petro en el corto plazo incumple parte de sus promesas es posible que volvamos a ver intensas manifestaciones en las calles.

Por último, la llegada de un gobierno de izquierda plantea otro interrogante: ¿Qué pasará con la oposición de derecha? Lo más probable es que se radicalice independiente de lo que haga o deje de hacer Petro, cuestión que ya se ve con María Fernanda Cabal que en las ultimas semanas a radicalizado aun más su discurso hacia uno de extrema derecha. Aquí la pregunta del millón es si esta opción llegará fortalecida para lograr la presidencia en 2026, de manera similar como ocurrió en Brasil hace unos años, cuando fue elegido Jair Bolsonaro.

En conclusión, el episodio inédito que vive Colombia genera esperanzas e incertidumbres, que Petro tendrá que resolver de tal manera que los colombianos no piensen que un gobierno de izquierda es sinónimo de catástrofe, como hoy muchos lo dicen y para que su base social no se sienta engañada. Un verdadero ejercicio de equilibrio. Por ahora, la única certeza que hay es que, por primera vez, buena parte del pueblo colombiano no sintió frustrada la esperanza de ver presidente a un político de raigambre popular. 

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