‘Remember Boric’

“Las elecciones presidenciales del 2026 podrían pasarles la factura al presidente Petro y a sus partidarios, precisamente por eso de no aprender y leer mal el contenido político de una victoria electoral”.

Los vencidos suelen analizar sus derrotas. De ellas sacan conclusiones y cambian y ajustan sus procedimientos. Los vencedores, por el contrario, no acostumbran hacerlo. Y cuando lo hacen, como duermen sobre sus vanidades, es muy probable que se equivoquen. 

Consideran, además, imperecedera su situación, y olvidan que -sabios en metáforas- los antiguos, para celebrar sus triunfos, esculpían la victoria en la figura de una atractiva, frágil y seráfica mujer, en su bronce con dos alas realzadas. Hoy ella aquí, en el campamento de los ganadores, y cualquier mañanita ella, la misma, muy seria y bien instalada, en la orilla de los derrotados.

Fue lo que le aconteció al presidente de Chile, Gabriel Boric. Y es lo que podría ocurrirle a nuestro primer mandatario. El breve itinerario que va desde los triunfos hasta la derrota del joven gobernante chileno fue el siguiente.

También de Luis Guillermo Giraldo: Gracias, ELN

ACTO PRIMERO. Octubre 25 de 2020. Nada menos que un 78 por ciento sufraga porque sea elegida una constituyente que elabore una nueva Constitución. Grande e inmenso  triunfo de quienes desean el cambio. En buena parte –pero solo en parte- lo fue de la izquierda.

ACTO SEGUNDO. Mayo 15 de 2021. Se elige esa Constituyente. Más de la mitad de los electos van por cambios radicales. Izquierda e independientes logran más de los dos tercios de los escaños, cifra necesaria para aprobar los respectivos artículos. Nuevamente, gran triunfo de la izquierda. La derecha solo logra elegir un 20 por ciento de sus miembros.

ACTO TERCERO. Noviembre 21 de 2021. Es elegido Gabriel Boric con el 56 por ciento de los votos a su favor. Su oponente solo llega al 44 por ciento. Otra significativa victoria de la izquierda. 

ACTO CUARTO. Septiembre 4 de 2022. Plebiscito que rechazó con un 62 por ciento la nueva Constitución. Es el sabor de la derrota.

¿Por qué se deshacen, se esfuman, se vuelven un solemne fracaso esas tres victorias, y ello en menos de dos años?

Opino que ni Boric ni la izquierda chilena ni esa Constituyente, con sus amplias mayorías, supieron leer bien las razones, los pedidos y los cambios que significaban esos tres iniciales triunfos electorales. Por eso acudieron a posiciones equivocadas; ideologizaron el debate de la nueva Carta Política; igual los asuntos públicos; lo que se conoce como un mandato lo consideraron como un cheque en blanco; se enamoraron, desde el gobierno, de su retórica; perdieron el contacto con el sentir de la nación; generaron confusión. (¿Vivimos aquí hoy algo parecido?). Y por todo eso recibieron el rechazo en los últimos comicios. 

¿Va ocurriendo algo similar, repito, a lo anterior en la Colombia de hoy y con este gobierno? Los asuntos nuestros son menos profundos aunque sí de gran contenido simbólico.

Gabriel Boric, presidente de Chile. Foto: AFP
Gabriel Boric, presidente de Chile. Foto: AFP.
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El congreso chileno en sus presentaciones se devaluó. Congresistas disfrazados de dinosaurios; otros del muñeco Pikachu; aquel otro degeneraba en las sesiones la letra del himno nacional; otros, guitarra en mano, cantaban en las plenarias; unos cuantos hacían chistes pesados y de bajo rango. Ciertamente eso fue un cambio. (¿Semejante eso a nuestro parlamento?).

Las encuestas que calibran la opinión de los colombianos demuestran que la mayoría de la opinión no está de acuerdo con ciertas importantes iniciativas del gobierno del presidente Petro. Pienso solo en algunas. La primera, que se ha convertido en su obsesión, es el cambio climático y eso de acabar con nuestro petróleo y nuestro carbón. Otra, la idea de las reformas a la justicia, las que les permitirían a tantos delincuentes ya reclusos salir –o delinquir- de día y supuestamente no fugarse por la noche.

Y resalto solo una de las tantas iniciativas que buscan desarrollar la complicada idea de la paz total. Contiene un fuerte contenido simbólico para los colombianos eso de dejar libres a algunos grandes y peligrosos delincuentes comunes y mafiosos, para que, de tú a tú, iguales frente al gobierno, con inmunidad, negocien su impunidad y la de sus conmilitones. 

En su desarrollo, por ahora, estarán libres de las órdenes de arresto 18 tenebrosos delincuentes; facinerosos de alto coturno, los del Clan del Golfo, con varios homicidios encima, narcotraficantes puros que han procedido como señores, ya no de horca y cuchillo, sino como amos del sicariato y la masacre. 

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Mafiosos redivivos, todos ellos de patibularia estampa, que muy pronto vendrán a sumarse a sus semicolegas, los excarcelados de la primera línea. Y si existen en el territorio nacional otras 65 organizaciones mayores y menores de este tipo, multipliquemos y ¡tantos cuántos negociantes más de esta clase veremos en iguales condiciones!

¡Qué selecta invasión! Vamos a tener el privilegio de sentir por aquí cerca a esos delincuentes, que como ángeles siniestros y volátiles se desplazarán por estos pagos, que dizque negociando la paz. La misma paz que nos robaron y nos roban, y a la que unilateralmente deberían someterse, sin protocolos hechizos y ventajosos para ellos. Y ello en desmedro de la ética y de sus víctimas, las que no aparecen por ninguna parte.

Las elecciones presidenciales del 2026 podrían pasarles la factura al presidente y a sus partidarios, precisamente por eso de no aprender y leer mal el contenido político de una victoria electoral.

Se votó en el 2022 por un cambio. Pero si lo exageran les podría ocurrir lo que aconteció en Chile. 

El asunto no es simple. Al analizar ciertas actitudes y propuestas del gobierno, muchos de los votantes de Petro se asombrarán con el pequeño volumen escrito por Sam Chand y titulado El Cambio ha Cambiado.

Alguien debería prevenirles: “remember Boric”.

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