De Platón a Gustavo Petro

Sería cómico y trágico que, con gran incongruencia, eligiéramos a Petro, un nuevo discípulo de Chávez.

El ser humano  –sino eterno– lo es muy continuado. Hace 2.500 años Platón pudo prever, desde esa Atenas democrática, lo que habría de ocurrir tanto tiempo después en algunas democracias, tanto en el viejo como en el llamado nuevo mundo. Crítico de ese sistema político, este Platón, el más importante filósofo de la historia, lo descalificaba, entre otras cosas, por lo que hoy llamamos metodologías populistas para ganar elecciones.

Como Platón fue muy garrido y elegante en el decir y en el escribir,  pido licencia para transcribir aquí algunos de sus argumentos de una manera sencilla y elemental. Se escoge –censuraba él–, no al médico que impone una dieta severa, sino aquel que le permite al paciente el alcohol, el cigarrillo, la parranda (el perdón social de Petro a delincuentes sin distinción, lo asemeja al médico fiestero).

Para comandar un barco (hoy diríamos un jet), arguye Platón, se vota no por el piloto más experimentado sino por aquel desparpajado y mal probado que les ofrece jolgorio, precios bajos e incluso dejarles maniobrar el avión a los posibles pasajeros (la propuesta de Petro de nombrar en la nómina oficial a todo el que lo solicite, se parece a ese tal incluyente piloto).

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Este servidor no cree que esas críticas inhabiliten a la democracia, pues goza ella de muchas más virtudes que defectos. Y, como cualquier ser humano, toda democracia es susceptible, no solo de equivocarse sino de ser engañada y mal seducida. Engañada por políticos semejantes al médico y al piloto, los irresponsables de Platón. Engañada por el populismo.

Populismo, en términos llanos –los del román paladino– es sinónimo de prometer sin medida; luego gastar de manera irresponsable, en asuntos que convocan una opinión inmediata favorable, pero ¡oh desilusión!, forma de gastar que luego termina perjudicando a todo una comunidad. Populistas los ha habido y los hay tanto en la izquierda como en la derecha. Veamos lo nuestro.

Mauricio Gómez (q.e.p.d.), en informe sobre la alcaldía de Gustavo Petro en Bogotá, en noticiero CM& televisión, el 7 de julio de 2015, sin ser rectificado, encontró muchas medidas y actitudes “populizantes”. Lo demostró con datos, que se transcriben a continuación, para cuya mejor comprensión hay que tener en cuenta que ese escrutinio se realizó cuando el alcalde ya había cumplido tres años y medio en el cargo.

Así fue, populismo. Con “soberbia e improvisación”, lo dice Mauricio Gómez, reconocido por su precisión y elegancia como periodista. El informe suyo dice lo que a continuación se transcribe. Gustavo Petro, recién posesionado, disminuyó las tarifas de TransMilenio, y aunque después rectificó un  poco, el detrimento patrimonial allí fue de 357.000 millones de pesos (y eso hace diez años). En el asunto de las basuras, ocurrió que se le aumentó el capital a Aguas de Bogotá, para que se hiciera cargo de su recolección; en tres días colapsó el sistema  y miles de toneladas quedaron en las calles de la ciudad. Luego se volvió a los contratistas iniciales. Detrimento patrimonial aquí de 43.000 millones de pesos.

Tenaz el hombre este, insistió y ordenó que Aguas de Bogotá comprara vehículos para recolectar las basuras; fracaso total; vehículos desguazados; robo del diésel por 23.000 millones de pesos. En vivienda otro colapso: del total de las viviendas construidas en ese período en el país, el 50 por ciento lo eran en Bogotá; en la era Petro bajó al 5 por ciento. De 33 programas de vivienda ofrecidos, solo arrancaron tres. Prometió 30.000 becas para estudiantes y solo otorgó 3.000; prometió 8.000 becas para los profesores y solo entregó 2.600. Prometió 1.000 jardines infantiles en lotes nuevos; a esa fecha solo había entregado tres. Prometió 28 nuevos colegios y solo entregó 13. En salud, de los 28 hospitales existentes al comienzo de su administración, por pésimas gestiones 13 entraron en saneamiento financiero.

Son hechos, repito, no rectificados. Como dice un  proverbio, “con la verdad  ni temo ni ofendo”. Y lo adiciono otro, también verdadero: “La verdad duele”.

Hasta aquí Bogotá. ¿Será que desde la Presidencia, para proceder de manera semejante, gozará este  candidato de un mucho más amplio escenario?

No obstante, Petro tiene todos los elementos para constituirse en el próximo presidente. Se le cree y se le apoya mayoritariamente, y muy en especial en Bogotá. Circunstancia que me recuerda la anécdota de aquellos crédulos, aquellos que quieren creer por sobre todas las evidencias en contrario. Cuenta la anécdota que Isaac le dijo al rabino que Esaú le había comentado que ya había sostenido tres conversaciones con Dios. El rabino, con aires de reconvención le anotó: “¿Luego no sabes que Esaú es un mentiroso?“. A lo cual Isaac, tomándose pensativo unos segundos, le comentó: “Sí, cierto, y es muy raro que Dios haya escogido a un mentiroso para dialogar con Él”. Parece que estamos como en mayo del 68 francés, repitiéndonos el famoso grafiti estudiantil: “No más realidades, queremos promesas”.

Sería cómico y trágico, al mismo tiempo, que aquí, con una inmensa incongruencia, este próximo 7 de agosto comenzáramos a funcionar como aquel reloj israelita que mide las horas hacia atrás, pues mientras Maduro, discípulo y sucesor de Chávez, está reconociendo la gran equivocación de las políticas de su mentor, y las está rectificando; sería cómico y trágico que aquí eligiéramos a Petro, un nuevo discípulo de Chávez, que parece proponer y llevar a cabo lo que este, el mayor populista del siglo XXI, propuso y llevó a cabo: conseguir la que es hoy la triste, la trágica, la indigente Venezuela.

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