Petrocalipsis

De proceder, en relación con este combustible, como Gustavo Petro lo ha sostenido, en lapso no muy lejano estaremos viviendo unos no evangélicos tiempos, pero, eso sí, otros de dantescas circunstancias económicas y sociales. Apocalipsis, aquí, mañana mismo: Petrocalipsis.

Antonio Turiel escribió un libro con este título, cuya tesis principal afirma que el petróleo y sus derivados se acabarán en un tiempo no muy lejano; y que tampoco funcionarán las fuentes alternativas para suplir su desaparición. Algo catastrófico. Hasta allí no llego yo, pero, en mi caso, lo que aquí escribo tiene que ver con el presidente Gustavo Petro y con sus ideas sobre el petróleo. De proceder, en relación con este combustible, como él lo ha sostenido, en lapso no muy lejano estaremos viviendo unos no evangélicos tiempos, pero, eso sí, otros de dantescas circunstancias económicas y sociales. Apocalipsis, aquí, mañana mismo: Petrocalipsis.

Porque en ciertos casos, delicados algunos de ellos, nuestro futuro primer mandatario suele ser repentista. Capta, en ocasiones, una idea, la que le brilla en el papel; o asume otra propuesta ‘genial‘, pero en el mismo papel; y se enfervoriza con ella; y se casa con ella; y la lanza así, brutalmente, al ruedo de la opinión, como si fuera una decisión ya tomada.

Tal cual es ese ofrecimiento por él repetido y no matizado, hablado y escrito, de prohibir el 8 de agosto todas las exploraciones de petróleo y, naturalmente, de sus derivados, lo cual también incluye al gas. Posición que obedece, según lo reconoce el mismo proponente, a los retos que plantea el cambio climático. Tanto será lo maluco de dicha iniciativa, que el futuro ministro de Hacienda y otros de sus adláteres han tratado de matizarla, al paso que su jefe y principal no lo ha hecho.

Eso, de tratarse de la primera decisión, advierte que lo que el mandatario elegido considera como lo más importante y urgente al asumir el cargo es –me perdonan insistirlo–, precisamente, dicha prohibición. Su prioridad 1A. No lo son el alza en los precios de los alimentos o la situación de la economía o la seguridad ciudadana o la corrupción. No. No, lo anterior, sino el tan difícil, tan internacional y para los colombianos tan etéreo tema del calentamiento global. ¿Será que con eso el doctor Petro inicia el camino de su anhelado liderazgo mundial, y ello por sobre la prelación de los problemas domésticos?

Ecopetrol
Tras la propuesta de Gustavo Petro de frenar la exploración petrolera, son múltiples los argumentos que muestran que se afectaría la economía del país.

Para disimular los efectos tan negativos de lo anterior, los amigos del nuevo presidente y él mismo han acudido a lo que se conoce como la ‘falacia del arenque rojo‘, o como la falacia de ‘distraer con la zanahoria‘, y que consiste en desviar la discusión trayendo a colación aspectos relacionados, sí, pero que no corresponden a la esencia del asunto e impiden acceder a la claridad del mismo.

Cuando se usaba mucho la caza, para comprobar la maestría de los perros ayudantes, se rociaba un camino equivocado con el olor del arenque rojo. Así, al can que se dejaba desviar por esa nueva ‘fragancia‘, se declaraba no apto para la detección y persecución del zorro plateado.

Primero aseguraron que se trataba de la exploración, no de la explotación, la cual seguiría igual. Vocablos parecidos, pero diferentes. La explotación garantiza la continuidad de lo que se está produciendo ahora, en este momento. La exploración –la que se prohíbe– es la que garantiza lo futuro, o sea la búsqueda y el hallazgo de nuevos pozos y su posible y consiguiente explotación. He aquí un ‘arenque rojo‘.

Luego se dio a conocer una noticia según la cual, en la actualidad, existen 180 contratos de exploración vigentes. Y que se revisarían, dando a entender que se trata de un número suficiente para mantener la producción futura. He aquí un nuevo ‘arenque rojo‘.

Lea, de Luis Guillermo Giraldo: Estupro electoral

Los datos históricos indican que menos del 30 por ciento de los pozos que se exploran ahora resultarán explotables más tarde. O sea, solo unos 50. Y después, ¿qué? Nada de nuevos yacimientos productivos; menos petróleo exportable; menos dólares. Algo peor: más necesidad de dólares para la importación de petróleo y gasolina. El dólar, en unos años, a 9.000 o 10.000 pesos.

El espejo no miente, dice una canción. Los datos reales tampoco. El petróleo crudo representa el 27,1 por ciento de nuestras exportaciones, el refinado, el 5,4; y las hullas, el 10,7, para un total de 43,2 por ciento. Disminúyasele este porcentaje a nuestros ingresos por exportaciones y veremos cómo irá saltando, más y más y hacia a esas cotizaciones, el escaso y reacio dólar.

Y solo dos consecuencias, de las muchas más. Como no tenemos tierras aptas para producir trigo aquí, este artículo importado bien costoso, nos dará que el pan de hoy, no será ya ni siquiera a 400 pesos, sino a 1.500. Y los abonos que importamos para producir alimentos, comprados con un dólar a ese precio, ¿en cuánto incidirán en los costos de todos los que aquí cultivamos? Una debacle social. El apocalipsis alimentario. El Petrocalipsis.

Aunque el presidente electo no se atreva a tomar este 8 de agosto esa posible funesta medida, dada su terquedad y su antipatía por el petróleo, por el carbón y por todo lo extractivo, me asalta la sensación de que, durante su periodo de cuatro años, en un momento cualquiera, hará saltar la liebre de esa tal y tan perjudicial prohibición.

La última y gran ‘falacia del gran arenque rojo‘ es sostener que dicha medida contribuirá a solucionar el problema del calentamiento global. Porque lo triste del caso es que, así Colombia deje de producir y exportar petróleo, eso no ayudará en nada a solucionar el problema mundial del cambio climático. Si el mundo consume 90 millones de barriles al día y nosotros producimos más o menos 750.000, esta muy pequeña cuota, cercenada aquí, será asumida con gran facilidad por uno solo de los muchos otros productores.

El cambio climático hay que afrontarlo, pero no así. Mientras nosotros sufriremos muchísimo,  el petróleo seguirá impertérrito frente al odio del doctor Petro y de su plausible pero inane y costoso y dañino combate contra el calentamiento global. Muy imaginativo sí lo es, pero si bien esta condición de inventiva es fantástica y radiosa en la literatura, en el gobierno es indispensable someterla a filtros. De lo contrario, el Petrocalipsis ya no solo tendría que ver con el petróleo sino con lo que representa Gustavo Petro. Con su persona, en total. Y es que lo anterior es posible predicarlo al examinar otras de sus ideas sobre lo que es gobernar este país.

Lea más columnas de Luis Guillermo Giraldo aquí.

6 Comentarios

  1. Alejandro Baraya

    Clarisimo. El que entendió, entendió. Y no nos olvidemos del “arenque rojo” del aguacate, que reemplazaría, según él, al petróleo. Excelente artículo Doctor Giraldo.

  2. lei hasta que escribio “de prohibir el 8 de agosto todas las exploraciones de petróleo”, se explico hasta el cansancio que se trata de nuevos contratos de exploración. Si matiza mas adelante no se, pero ya con eso sentí que estaba leyendo otra idiotez mas politizada y no un análisis serio.

  3. Algunos aducen el odio al petroleo por parte del nuevo Presidente, al hecho de la poca efectividad de los masajes capilares,obtenida con este producto y su calvicie.
    Otros, afirman que el proposito es ayudar a su gran aliado Maduro con sus grandes reservas petroleras y nuestros escasos dolares.
    Bien lo dice quien escribe el articulo, Petro buen lector, suele casarse con algunas ideas llamativas, desde su fantacioso punto de vista. Y mas cierto es que el pueblo que lo eligio y sus necesidades reales, no son su prioridad.

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