“He soñado con no haber nacido escritora, sino millonaria, campesina o mantenida”, Pilar Quintana

Diario Criterio conversó con Pilar Quintana en el marco del Hay Festival. En esta entrevista habla de su infancia en Cali, sus años de escritora y revela una historia que está cansada de contar. 

Pilar Quintana siempre ha sabido lo que quiere. Lo supo cuando empezó a escribir a los 7 años, cuando vendió su apartamento en Cali para viajar por el mundo, cuando decidió comprar un terreno de 3,5 hectáreas en el Pacífico colombiano y cuando decidió ser escritora después de leer Crónica de una muerte anunciada.  

En un hotel de Cartagena, y mientras ocurre esta entrevista, Pilar le presta atención a su hijo cada vez que hace un clavado o sale del agua a preguntarle cuántas entrevistas más le faltan. En su vida diaria corre tres veces por semana y mientras Salvador estudia, ella escribe, pues una vez su hijo llega a casa “se dedica a ser mamá”

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Pilar no es buena para oír música, pero ama la salsa y la escucha muy de vez en cuando. Lo que menos le gusta de escribir es ir al escenario a contar anécdotas y lo que más disfruta del proceso es planear la historia y corregirla. 

Asegura que la escritura es una extensión de su cuerpo. “Es una manera en la que entiendo el mundo”, dice y aunque no ha pensado en dejar de escribir, sí ha soñado en no haber nacido escritora. 

Pilar Quintana. Foto: por: Carlos Zárrate
Pilar Quintana. Foto: por: Carlos Zárrate

Diario Criterio: ¿Además de escribir qué le gusta hacer?

Pilar Quintana (P.Q.): Correr, me gusta mucho correr. Encontré ahí un lugar de paz y mío, donde no existe nada más que mi cuerpo. Hoy estaba leyendo una entrevista a Pablo Jacobsen y decía que correr es una experiencia donde aprendes a través del dolor. Correr es una experiencia masoquista pero a la vez tremendamente placentera. 

Diario Criterio: Como la escritura… 

P.Q.: Claro, uno sufre y sufre pero al final ves un libro y decís “yo hice esto”

Diario Criterio: La mayoría de escritores aseguran que querían serlo desde pequeños. ¿Le pasa lo mismo a usted? ¿Recuerda su primer escrito? 

P.Q.: Sí, lo primero que escribí fue una ficción. Junté las suficientes letras en primero de primaria para escribir una ficción (yo le llamaba poema) y se llamó Oh payasito, oh payasito. Era de un payaso que tenía la cara pintada de risa, pero estaba muy triste porque se le había incendiado la casa, se le había muerto la mamá. Las peores tragedias del universo en las que pueda pensar una niña de 7 años. 

A mí me sorprende mucho porque era un escrito sobre las poses y las máscaras que nos ponemos, y yo sigo escribiendo sobre lo mismo más de 40 años después. 

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Diario Criterio: Eso demuestra algo que usted ha dicho en otras ocasiones sobre el hecho de que a veces subestimamos mucho a los niños… 

P.Q.: Sí. Yo creo que me la he pasado escribiendo sobre eso y sobre Cali. A los 7 años yo ya sabía que había una distancia muy grande entre la fachada, la pose y la máscara, y lo que en realidad le está pasando por dentro a la gente. 

Diario Criterio: Hablando de Cali, ¿cómo recuerda sus primeros años allá? 

P.Q.: Yo fui una niña a la que nunca le pasó nada y siempre estuve en un lugar muy privilegiado de la sociedad de clase media-alta. Creo que vivimos mucho tiempo en la carretera al mar (que es como vivir en La Calera, cerca de Bogotá), entonces fui una niña con una infancia muy libre en una época en donde todavía no estaba tan latente la guerra que conocimos en los años noventa. 

En Cali, con el M-19, estaba la leyenda de que asaltaban los camiones de leche para repartirla en las veredas, y pasaban cosas así. Existía la guerrilla, estábamos en guerra y pasaban cosas terribles, pero en el campo podías salir. Yo me iba a caminar con botas y un palo junto a mi hermana cuatro años menor, íbamos a dos kilómetros de distancia de nuestra casa y no nos pasaba nada. Tuve una infancia muy chévere. 

Diario Criterio: Una vez termina el colegio decide ir a Bogotá para empezar a estudiar. ¿Cómo fue ese salto a la capital?

P.Q.: Yo crecí y estudié en el colegio en Cali. Me gradué y me fui un año de intercambio en Iowa (Estados Unidos) a aprender inglés en un colegio así de seniors (como en las películas) en un pueblito diminuto. Luego fui a Bogotá a estudiar comunicación social en la Universidad Javeriana. 

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Diario Criterio: A sus 20 años ¿qué pensaba ser “cuando fuera grande”?

P.Q.: Ser escritora. Yo he querido ser escritora desde siempre. Empecé a escribir a los 7 años y hacia los 13 o 14 leí Crónica de una muerte anunciada y a mí ese libro me cambió la vida. Yo lo cerré y dije “quiero hacer esto en mi vida. Quiero escribir una historia”. Luego lo volví a leer y duré varias semanas releyéndolo y diciendo “yo quiero hacer esto. Quiero contar una historia que obsesione a alguien tanto como a mí me obsesionó este libro”.

“Yo quiero hacer esto. Quiero contar una historia que obsesione a alguien tanto como a mí me obsesionó este libro”. 

Diario Criterio: Y ahora lo hace… 

P.Q.: No sé. No sé si he llegado allá (risas). No creo, no me comparo. Pero me parece que tuve una claridad muy amplia. Yo siempre he sabido lo que quiero y lo he hecho. 

Diario Criterio: ¿Con todo?

P.Q.: Sí, con todo. Yo recuerdo mucha gente de mi colegio que no sabía que quería hacer y a mí me parecía rarísimo porque yo siempre he sabido qué quiero hacer. 

Pilar Quintana, escritora, siempre escritora

Diario Criterio: ¿Entonces estudió comunicación social enfocada en ser escritora?

P.Q.: Sí. En esa época había literatura o comunicación social. Yo leí los programas de la primera y en ese momento no había énfasis en escritura creativa ni editorial. En esa época era crítica literaria y yo sabía que no lo quería hacer. Además de leer, yo quería hacer los libros, no ser analítica. 

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En comunicación sí había talleres de escritura y además había clases de redacción. Mi modelo de escritora era Oriana Fallaci. Yo me imaginaba que iba a ser ella entrevistando jeques árabes, pero cuando llegué a la primera clase de redacción pensé que no quería hacer eso. “Yo no quiero redactar, yo quiero crear”, pensé. 

Diario Criterio: O sea, ¿nunca contempló el periodismo?

P.Q.: Al principio, sí, por Oriana. Pero después de esa clase pensé que no era por ahí. Así que me distancié y empecé a preguntarme “¿cómo puedo ser escritora?” y ahí empecé a pensar en hacer libretos de televisión y me especialicé más en eso. 

Pilar Quintana. Foto: por: Carlos Zárrate
Pilar Quintana. Foto: por: Carlos Zárrate

Diario Criterio: Yo creo que cuando uno tiene claras las cosas en la vida todo se va dando para ir por ese camino. Usted se gradúa y empieza a trabajar en televisión, pero, ¿cómo fue ese primer trabajo? 

P.Q.: En la práctica no hice nada de eso. Trabajé en una productora que hacía un programa que se llama Locos videos, que era gente que enviaba sus videos caseros y chistosos. Yo veía esos videos y escogía cuál era el momento “gracioso” y anotaba, para que luego los editaran. Me gustaba mucho la edición: es que las historias se cuentan cuando vos las planeas y cuando vos las editas. A mí me gustaban esos dos extremos. 

Y luego (te voy a hacer una infidencia) no me salía trabajo en televisión porque no había plazas en ese momento de escritura de guion. Me llamaron de un magazín y estuve siendo periodista tres meses (lo que no quería hacer), pero me inventé que me dejaran hacer unos videos para editarlos. A penas me salió trabajo en televisión, me fui para allá. 

Diario Criterio: ¿Cómo fue esa anhelada llegada a la televisión?

P.Q.: En ese momento había una programadora que se llamaba Punch y estaban empezando a hacer una serie juvenil que se llamaba Cartas a Harrison. Un libretista se tenía que ir y me dijo “vos me vas a reemplazar” y yo dije “¡Ya! No me tienen que pagar, yo voy a hacer lo que sea!”, y empecé a ser argumentista de un libretista que había escrito Décimo grado.

Él argumentista es el que hace el argumento de la historia (valga la redundancia). Luego el libretista lo arregla. Ahí aprendí a escribir porque el libretista me enseñó cómo contar una historia interesante. 

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Diario Criterio: Después de tres años en televisión, ¿seguía enfocada en que su destino era ser escritora? 

P.Q.: ¡Claro! Durante los tres años que trabajé como libretista tenía que entregar 40 páginas semanales. Fue la época donde más escribí, pero donde menos escribí para mí. Escribía mucho pero no en lo mío, así que pensé que ese trabajo no me iba a funcionar para ser escritora. 

Se me ocurrió renunciar, irme a Cali, emplearme en una oficina y escribir en las noches. Allá trabajé como copy en una agencia de publicidad y me pareció espantoso trabajar en una oficina. Yo antes trabajaba en pijama en mi casa, pero ahí me tocaba levantarme temprano, cumplir horario, y eso fue terrible. 

Estuve dos años ahí y dije “si yo tengo que hacer esto hasta los 57 años, que es cuando me puedo jubilar, más bien me suicido”. Pero antes de suicidarme iba a hacer algo. Yo he sido tan privilegiada que después de graduarme de la universidad mi papá me regaló un apartamento. Así que dije “lo voy a vender y me voy de viaje”

Luego escribí una novela sobre una publicista que odiaba su trabajo pero quería convertirse en escritora y que vendía todo para irse de viaje: esa fue mi primera novela. 

Diario Criterio: Cuando uno va a buscar sus tres primeras novelas no las encuentra en ningún lado. ¿Qué pasó con ellas? ¿Cómo logró publicar esa primera novela?

P.Q.: La primera la publicó Planeta y las dos siguientes Norma, que en ese momento era un monstruo de editorial. Busqué en el directorio telefónico a las editoriales, imprimí siete paquetes y los envié. 

Cuando estaba en India mi mamá me dijo que me estaba buscando Planeta para algo. Les escribí, me llamaron y me dijeron que les había gustado mi novela. Ahí se publicó Cosquillas en la lengua.

Diario Criterio: ¿Después de su viaje por el mundo pensó en volver o en tener una vida como viajera, ‘freelance’, escribiendo por ahí?

P.Q.: Yo quería volver y vivir como una campesina para poder escribir. 

Diario Criterio: ¿Por qué decidió comprar un terreno en el Pacífico?

P.Q.: Inicialmente pensé en el Amazonas, pero un amigo de mi familia (que tenía mucho dinero) me dijo que tenía un lote con las características que yo quería, solo que era en el Pacífico, frente al mar. Fuimos a verlo y él me lo vendió muy barato porque me quería mucho y creo que porque veía que yo quería hacer mi sueño realidad y dijo “ayudémosle“. 

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Diario Criterio: En ese viaje usted se enamoró… 

P.Q.: Yo salí de Colombia sola, conocí a mucha gente y luego en Bolivia conocí a un ‘man’ que se convirtió en mi esposo. Con él viví en el Pacífico. Allí empecé a escribir mi segunda novela que es Coleccionistas de polvos raros, que este año en junio la van a reeditar, y escribí la tercera: Conspiración en Guana, que no voy a reeditar, y los cuentos de Caperucita se comió al lobo. 

Diario Criterio: Después de años turbios, felices, dolorosos, usted decide salir del Pacífico...

P.Q.: No fue una decisión, sino que tenía que hacerlo. Yo salí como una refugiada con mi computador y una ropa porque mi marido se volvió violento, así que tuve que abandonar e irme porque temía por mi vida. 

Me fui con la excusa de que tenía viajes de trabajo por las novelas, que ya estaban publicadas. Estuve en México, en unos talleres con Relata y luego me fui a una residencia en Hong Kong, donde me habían invitado. Luego volví a Colombia, estuve un mes en Cali y ya me fui a vivir a Bogotá. Era volver otra vez a la vida real. Yo vivía un poco como fuera de la realidad, tenía una vida que me permitía leer y escribir todo el tiempo.

“Era volver otra vez a la vida real. Yo vivía un poco como fuera de la realidad, tenía una vida que me permitía leer y escribir todo el tiempo”

Diario Criterio: Cuando usted recibió el Premio Alfaguara por Los Abismos dijo que la responsabilidad era muy alta, ya que La Perra tuvo una acogida maravillosa y el reto era brindarles a los lectores otro libro que superara ese éxito. ¿Hasta cuándo cree que tendrá esa sensación de responsabilidad con el lector?

P.Q.: Yo creo que todavía tengo libros adentro. En este momento estoy que me escribo y quiero dejarlo todo para sentarme a escribir. Mientras yo tenga libros adentro, voy a tratar de hacerlos lo mejor que pueda porque esa es mi naturaleza y porque de verdad quiero escribir buenos libros. 

Ahora, sé que luego uno puede empezar a escribir ‘regularcito’, esforzándose igual. Eso pasa. Los últimos libros de García Márquez no eran tan espléndidos, pero tenía derecho a hacer lo que se le diera la gana porque escribió grandes obras maestras. 

Por eso yo creo que esa responsabilidad no es con el lector sino conmigo. Ese es mi compromiso. Cuando yo publiqué mi segunda novela, me eligieron en Bogotá 39 que era una cosa “súper wow” y vine al Hay Festival. 

Pilar Quintana Libros
Libros de Pilar Quintana

Vi las luces, el show y me pareció súper chévere. Entonces me contrataron para hacer otra novela (que no tenía lista), la publicaron y a ese libro no le fue bien. Cerraron mi editorial, la novela había vendido poco y vi cómo había estado subiendo y luego caí. 

Ahí me hice una pregunta fundamental: ¿Qué quiero? ¿las luces? No, yo quiero escribir bien, y voy a seguir escribiendo me paguen o no me paguen, venda o no venda, me vaya bien o mal. Decidí que voy a escribir como quiero y de lo que quiero sin pensar en “tengo que ser famosa”, “mis libros tienen que gustar“, “tengo que vender”

Dejemos eso que eso es ajeno a la escritura. Eso pertenece al medio literario, pero es ajeno. Así que creo que volví a conectarme con mi yo escritora, con esa que en Cali lo dejó todo para volverse escritora. 

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Pilar Quintana: una vida de letras

Diario Criterio: ¿Cuando escribe piensa en publicar?

P.Q.: No, pienso en solucionar la historia. Ahora con mayor razón tengo que cuidarme de publicar, uno siempre tiene que cuidarse de publicar. Yo veo a los escritores jóvenes queriendo publicar y en este punto uno no quiere publicar, uno quiere escribir bien, y cuando uno ya tenga algo sólido ahí sí que se publique. Ahora debo cuidarme más porque así entregue algo que no está sólido, seguramente lo van a publicar. 

Diario Criterio: ¿Cómo son sus procesos de escritura, esos primeros bocetos?

P.Q.: Tengo muchas libretas donde voy anotando ideas. Escribo mucho a mano, planeo y escribo mucho, mucho a mano, y hay un momento donde ya tengo como una Biblia de lo que voy a hacer. Una vez clara la historia y la escaleta, empiezo a hacer las escenas. 

Diario Criterio: ¿Cómo ha sido ver crecer a Salvador en medio de su desarrollo profesional como escritora?

P.Q.: A veces es estresante, aunque creo que cada vez es más fácil. Ya es un niño grande que entiende y al que le puedo decir “tengo una entrevista y necesito que te pongas juicioso media hora” y lo hace. 

Pero cuando era un bebé, era muy difícil. A veces tenía que ir a dar talleres en Providencia con él en el cargador. Afortunadamente eran mujeres, mamás, y todas saben qué es eso, así que yo me sacaba la teta y le daba teta. 

Ya el mundo era un poco más feminista de lo que era cuando yo empecé a escribir, así que nadie me miraba mal. Hubo mucho de eso y también mucho estrés mío de sentirme dividida, de que tenía que estar con un ojo aquí y el otro allá.  

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Diario Criterio: ¿Qué es lo que menos le gusta de escribir?

P.Q.: No me gusta tanto tener que ir al escenario y contar algo. Yo me volví escritora porque me gusta más escribir que hablar y me expreso mejor escribiendo que hablando. Me tocó aprender a hacer eso y a estar en público. A mí no me gusta ser el centro de atención y he tenido que aprender a estar en el foco de atención. 

Diario Criterio: ¿Ha pensado en dejar de escribir en algún momento?

P.Q.: No, pero he soñado con no haber nacido escritora, con haber nacido millonaria, campesina o mantenida. Tengo esas fantasías salvajes en las que soy una campesina que vive de arar la tierra, en las que soy una Paris Hilton o una señora de su casa, de uña pintada magnífica, donde digo “Ay, juanita, póngame este florero ahí”. Tengo esas fantasías de mujeres posibles que no soy, pero que he sido en algún momento o instante de la vida (risas). 

Diario Criterio: ¿Hay alguna historia que esté cansada de contar? ¿Algunas preguntas que ya no quiera responder?

P.Q.: Todo. Yo me siento a veces como una lora mojada y pienso que algún día alguien malvado va a ponerme a decir las mismas cosas, pero cambiando la ropa, porque va a cortar y pegar miles de videos que hay en internet de mí diciendo la misma cosa. 

Me siento como farsante. La primera vez que lo dije es verdad, la segunda de pronto también, pero la tercera ya es un libreto que estoy repitiendo. 

Diario Criterio: ¿Ha sentido eso por ser escritora? 

P.Q.: Yo creo que es porque cuando vos estás frente a alguien, frente a una cámara o un periodista, ya estás actuando. Yo trato de parecerme lo más posible a quien soy, pero de tanta repetición ya me vuelvo una actriz en un escenario repitiendo un libreto. Entonces empiezo a sentirme farsante. Además, aprendes qué da risa, qué sorprende a la gente y sabes cuándo estás causando un efecto adrede. Eso me hace sentir espantoso. 

Foto de portada: Pilar Quintana, por Carlos Zárrate.

9 Comentarios

  1. ¿Mantenida?… Todavía puedes, pero es una vida dura, durísima…
    ¿Campesina?… Fácil, te compras un pedacito de tierra y te pones a sembrar papas criollas…
    ¿Millonaria?… Más complicado, claro que si cuentas en Col$, ya lo eres (¡Igual, como campesina también!)
    Mejor quedate con tu vocación de escritora, lo haces bien y a nosotros nos hace bien, también.

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