¿Podríamos vivir sin redes sociales?

Tras la caída de Facebook, Instagram y WhatsApp, y la sensación de ansiedad que eso generó en muchos usuarios, Diario Criterio conversó con tres expertos sobre esta situación y las adicciones a las redes sociales.

Abrir Instagram. Scrollear el inicio, ver la misma foto de hace tres horas. Abrir WhatsApp, ni un chulo, ni dos: el reloj sigue intacto. Abrir Facebook, nada carga, nada actualiza.

Esto fue lo que vivieron millones de personas el pasado lunes 4 de octubre durante casi siete horas con la caída de las tres redes sociales más importantes del mundo. Solo para dar una cifra, según datos revelados por la compañía Statista.com, hasta el segundo trimestre del 2021 había aproximadamente 2.890 millones de usuarios activos en Facebook.

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Esto significa que cerca de 3.510 millones de personas usan al menos uno de los productos principales de la compañía (Facebook, WhatsApp, Instagram o Messenger) cada mes.

Como era de esperarse, esta caída de las redes sociales generó un sin fin de sensaciones en las personas que están acostumbradas a ver con frecuencia las notificaciones, post, historias y a comunicarse por estos canales. Ansiedad, nervios, angustia, temor e incertidumbre fueron algunas de las más presentes.

A raíz de esta falla en las redes sociales (que sigue sin explicación), Diario Criterio conversó con tres psicólogos para conocer su opinión sobre las sensaciones que generó esta caída y el por qué de las adicciones a dispositivos que nos “conectan” con nuestros más cercanos.

¿Colapsaron las redes y la salud mental?

Aunque hablar de adicción a las redes sociales es complejo, por la falta de un diagnóstico oficial, el médico psiquiatra Rodrigo Córdoba considera que lo que ocurrió ayer demuestra que “la relación de muchos con el celular y las redes sociales si cumple criterios de conducta adictiva (aunque aún no se puede decir que sea una enfermedad). ¿Por qué? Porque la persona empieza a necesitar algo, a depender de algo, y cuando no lo tiene, eso le genera reacciones psíquicas y físicas”.

Para la psicóloga Ximena Góngora la reacción de las personas frente a la caída es una muestra de la importancia que se les da a las redes sociales “y a la forma como nos estamos comunicando o a esta sensación de querer estar en contacto al 100 por ciento con el otro”.

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“Lo que pasó nos permitió volvernos a reencontrar con ese contacto, oírle la voz a otras personas, volver a marcar un número telefónico u otro medio de comunicación”, explicó.

Por su lado, el psicólogo Ricardo Gómez considera inicialmente que “los seres humanos somos entes eminentemente sociales y dada la pandemia, la socialización se ha volcado a la virtualidad. Eso es una realidad y un contexto muy difícil”.

Por otro lado, dice que hay muchas personas (sobre todo en este ámbito humano posmoderno) que se validan por medio del reconocimiento social en las redes sociales.

“Es decir, sienten que ellos valen como personas solo a través del número de visitas a su página, el número de likes a sus fotos, el número de respuestas a sus mensajes en Twitter o en Facebook, el número de vistos en sus historias o estados de WhatsApp. Y lo grave es que el no poder validarse de esa manera, los invalida como personas”, aseguró.

Adicción a las redes sociales: ¿existe o no?

“Quien se conecta obsesivamente con una red social se desconecta irremediablemente de sí mismo, de lo que siente, de donde está, de lo que está haciendo”, aseguró en entrevista con Vogue, Claudia Rodríguez Parras, psicóloga de la Escuela Europea de Transformación Emocional.

Y quizá esa desconexión es la que hace pensar en una adicción. Para Gómez se puede hablar de una adicción cuando las personas sienten que solo se valida a través de las redes sociales.

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Si estas son la fuente primaria de validación para estas personas, y lo único que les hace sentir que valen como personas o como seres sociales, pues ya está pasando algo muy grave”, explicó.

Para el psicólogo la adicción es una compensación a una carencia afectiva, que se genera por la liberación de serotonina y dopamina al hacer alguna actividad. “Puede ser tomar trago, estar en las redes sociales o ver el fuego”.

Ricardo Gómez

Cuando se privilegia esa actividad por encima de cualquier otra y se afecta la vida diaria, ya hay adicción. Si una persona, por ejemplo, le dedica 6 horas al día a las redes ya se podría hablar de una adicción.

Sobre este tema el psiquiatra y también profesor de director general del Centro de Investigaciones del Sistema Nervioso (grupo CISNE), Rodrigo Córdoba, dice que se puede identificar la adicción porque “empieza a haber ansiedad, que se expresa de otras formas: impaciencia, intranquilidad, irritabilidad y en algunas personas incluso expresiones en el cuerpo”.

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Explica que la gente lo que hace es racionalizar esa sensación. Para no sentir que sea algo malo o raro, dicen: “es normal, es que es mi trabajo”, “es que no puedo hablar con mi pareja y no sé dónde está”, etc… “Pero sin lugar a dudas esa impaciencia y esa ansiedad muestra una conducta adictiva”, reitera.

Por su lado, la psicóloga Góngora considera que la “adicción”, se da por una “‘falsa necesidad de información’, por creer que estamos controlando las cosas, por saber qué está haciendo el otro, una necesidad de saber siempre qué ocurre y qué pasa con los otros, o compartir cosas de nosotros para sentir que estamos perteneciendo a un mundo”.

Rodrigo Córdoba

Quizá lo que amerita una investigación particular de lo que sucedió ayer es el fenómeno colectivo: miles de millones de personas que se sentían incomunicadas y eso generó un fenómeno colectivo social un poco de angustia, casi como en la pandemia.

¿Qué hacer con la ansiedad?

Algo que deben hacer todos los usuarios del mundo es identificar si se sienten ansiosos ante la falta de redes sociales, sea para difundir o consumir contenidos. Sin embargo, aunque sean conscientes de eso, pueden hacer muy poco para superarlo.

“Yo creo que es importante determinar el uso que le estamos dando a la red social: si es algo que te permite estar en contacto con otras personas, saber en qué andan los otros y te permiten publicar algo, pues no deberías sentir que dependes de ellas”, explica Ximena Góngora.

Ximena considera que los fines sociales van mucho más allá de una pantalla y se puede llamar o incluso invitar a salir a las personas en caso de querer conocer información de primera mano.

Para Rodrigo, como todo lo que tiene que ver con la salud mental, lo más importante es darse cuenta de que algo malo pasa y aceptar que hay elementos de dependencia que hacen daño.

“Lo segundo es hacer consciente que no es tan grave no tenerlas, que igual sobrevivimos a seis horas sin ellas y no pasó nada grave. Lo tercero es generar herramientas de regulación: tratar de establecer horarios límite o dejar las redes solo para casos concretos y prácticos, y en unas horas límite. Que no sean como el agua o el aire, necesaria todo el tiempo para vivir y respirar”, asegura el experto.

Góngora coincide con la importancia de los límites, sobre todo si las redes sociales son herramientas de trabajo, “si la usas para trabajar pues no deberías estar 24/7 viendo información, sino entendiendo que tiene un inicio y un fin”, concluye.

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Finalmente, Ricardo Gómez considera que la mejor recomendación para entender las ansiedades de todo tipo es hablar con un profesional. “Se requeriría la intervención de un profesional para definir si la situación que se vive es una adicción y qué caminos tomar”.

Más que asustarse por si el jefe nos escribió, si la novia no aparece o si no se sabe qué pasó con el artista que más le gusta, debe pensar que las redes sociales se deben saber manejar no solo en las “caídas” sino en el día a día. Respirar, bloquear el celular y vivir la realidad siempre será una gran alternativa.

Foto de portada: Prateek Katyal en Unsplash

5 Comentarios

  1. Un paréntesis que con algunas excepciones de tipo laboral no fue funesto. La pandemia nos malacostumbró, definitivamente!!!
    Excelente artículo

  2. Maycol Rodriguez

    Absolutamente de acuerdo. Programadas o no, son necesarias estas pausas de la rutina que nos ha envuelto día tras día.

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