Cárcel por no ponerse bien el tapabocas o no vacunarse: la política del terror del presidente de Filipinas

Durante la pandemia han llegado noticias insólitas desde Filipinas. Calles militarizadas, persecución a los jóvenes y amenazas por doquier para contener la pandemia. Lo cierto es que Filipinas, a pesar de la estrategia coercitiva de su presidente Rodrigo Duterte, enfrenta uno de los peores brotes de coronavirus en Asia. La política del terror no ha funcionado, pero Duterte insiste.

Esta vez, el mandatario amenazó con encarcelar a quienes se nieguen a vacunarse. “Tú eliges, o la vacuna o te encarcelaré“, fueron las palabras de Duterte en un discurso en televisión. El anuncio viene tras semanas de baja participación en las jornadas de vacunación en la capital, Manila.

El Filipinas apenas han sido vacunadas 2,1 millones de personas de una población de110 millones. Foto: Ted Aljibe / AFP

Hasta ahora, el gobierno filipino ha vacunado a 2,1 millones personas. Con 110 millones de habitantes, la vacunación marcha lentamente, y muy lejos del propósito de vacunar a 70 millones al finalizar el año. Filipinas ha alcanzado 1,3 millones de casos de coronavirus totales, y tiene 52.626 casos activos.

Amenazas reiteradas

Hace apenas semanas, el presidente de Filipinas había ordenado a la policía detener a quienes no lleven la mascarilla correctamente, incluidos a los que la llevan por debajo de la nariz.

Desde que se reforzaron las restricciones en la capital y sus provincias vecinas en marzo han sido sancionadas miles personas. El ministro de Justicia y el jefe de la policía instaron a los agentes a imponer multas o servicios comunitarios a los infractores, en lugar de detenerlos. La solicitud llegó tras la la muerte de un hombre que, por violar el toque de queda, fue obligado a realizar un centenar de flexiones por la policía.

Política del terror

Duterte ha reforzado a la fuerza pública durante la pandemia, creando estrictos controles policiales en las ciudades. El mandatario afirma que los policías deben mostrarse intratables con las personas que llevan mal la máscara y que han infringido los confinamientos. La amenaza a quienes decidan no vacunarse hace parte de esta estrategia.

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Las declaraciones exageradas e insultos han hecho popular al presidente de Filipinas. El año pasado, afirmó que las fuerzas de seguridad debían abrir fuego contra quien creara “desorden” en zonas confinadas.

En el caso del uso incorrecto del tapabocas, la policía efectúa detenciones de hasta 12 horas, según el portavoz del presidente, Harry Roque. No se sabe cuál será la sanción, en caso de materializarse, para aquellos que no se vacunen.

Abuso contra los DDHH

Las declaraciones, cómo no, le valieron fuertes críticas de las organizaciones de defensa de los derechos humanos. La asociación de derechos humanos Karapatán denunció una directiva “no científica e ineficaz“, así como un “uso desproporcionado de la fuerza“.

En abril del año pasado, Human Rights Watch denunció que “las autoridades filipinas han sometido a niños a un trato absurdamente abusivo por incumplir el toque de queda y las reglas de cuarentena impuestas para limitar la exposición al COVID-19”.

Al comenzar la pandemia, Human Rights Watch denunció las condiciones en que era detenidos los jóvenes que infringían el confinamiento. Foto: HRW

La organización hacía referencia a las detenciones autorizadas por Duterte. Las personas eran incluso encerradas “en jaulas para perros y obligándolas a permanecer sentadas durante horas a pleno sol”, como sucedió en la ciudad de Santa Cruz. Incluso, dos niños que incumplieron el confinamiento decretado fueron encerrados en un ataúd por funcionarios públicos en la provincia de Cavite.

HWR también denunció que en Binondo, Manila, “funcionarios de la aldea arrestaron a cuatro niños y cuatro niñas el 19 de marzo por violar el toque de queda. A siete de los menores les cortaron el cabello a la fuerza, mientras que al que se resistió lo desnudaron y le ordenaron que volviera a casa caminando”.

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