¿Puede no gustarnos Memoria de Apichatpong?

No es una película fallida y hay momentos muy bellos, pero me pareció en general muy poco convincente esta búsqueda personal de la protagonista y las figuras del conflicto. Su conflicto no fue —para mí— creíble.

Uno de los grandes dilemas de la cultura contemporánea es, en mi humilde opinión, nuestra educación cinematográfica. La muy potente democratización del acceso de las películas de todo tipo (cada mes observo propagandas de una nueva plataforma estilo Mubi o Filmin) han facilitado muy potentemente una cierta cultura que en mi infancia no era fácil de construir. Incluso —y aunque asistimos a la revolución del videocasete— vengo de una generación a la que no le fue fácil ver buen cine. Bogotá en los ochenta era una ciudad compleja y las largas filas que hicimos en el Museo de Arte Moderno esperando ver un clásico de cine negro con Jack Nicholson testimoniaban nuestra angustia por no perder nada de lo poco que se ofrecía. Algunos tuvimos más suerte que otros. 

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En mi caso, mi padre fue piedra fundante de un interés que se volvió hábito muchos años después: leer las críticas de cine. La biblioteca de revistas internacionales y las pocas nacionales fue mi escuela. Mi padre compraba muchas revistas, pero no debo descartar la importancia de la suscripción del periódico impreso y su relación con la crítica. Sin Internet, fueron verdaderamente El Tiempo y El Espectador los reales ríos del aprendizaje de cómo se debe ver una película, qué se debe ver y qué es lo importante.

Los cineforos fueron claves y fuimos a muchos, tal vez demasiados; la pandilla con la cual uno comulgaba en su misa de cine era selecta y cuidábamos mucho nuestras compañías. Perdimos algunos amigos por su desinterés sobre Tarkovski o Rohmer; nuestra visión de lo aceptable en cine fue lo que constituyó nuestras relaciones sociales y eso estuvo bien: éramos jóvenes, teníamos ideales y creíamos en el mundo, pero sobre todo leíamos muchas críticas de cine. Creíamos en la crítica como objeto cultural. Éramos militantes de algunos críticos (todos hombres, qué época) y podíamos discutir horas sobre la legitimidad de un texto interpretativo. Después vendrían los postgrados, Europa y el encuentro de estas dimensiones tan potentes y políticas del cine y la cultura. 

Todo esto lo traigo a cuento porque en este último mes le he preguntado a muchas personas qué han vuelto a ver después del confinamiento… si les gusto la película ganadora del Premio del Jurado de Cannes, Memoria de Apichatpong Weerasethakul. Como fue filmada y producida en Colombia, la obra ganó mucho protagonismo, siendo de un director muy poco conocido en nuestro espectro, salvo en el espectador purista. El asunto es que a mí no me gustó tanto y por eso he tirado la pita mucho tratando de entender qué me pasó con esa película. 

Memoria: Apichatpong Weerasethakul, Tilda Swinton, Elkin díaz, Juan Pablo Urrego con una bandera de Colombia y apoyando el paro en el Festival de Cannes
Los protagonistas de Memoria y su director en el Festival de Cannes.

No profundizaré mi criterio personal y algo tan poco interesante como mis opiniones. En general, me pareció frágil —algo populista— y con no pocas escenas inútiles. Me vi aburrido (y es un director con joyas muy impresionantes de mi gusto) y consideré que esta película era francamente menor de un reportorio mucho más rico que tiene este tipo de propuesta cinematográfica.

No es una película fallida y hay momentos muy bellos, pero me pareció en general muy poco convincente esta búsqueda personal de la protagonista y las figuras del conflicto. Su conflicto no fue —para mí— creíble. En fin, ya lo dije, no es mi criterio el asunto que me interesa explorar. Lo que me apasionó es mi percepción de que un grupo de personas a la que frecuenté estos días tuvo algunas similares aproximaciones, y que no éramos capaces de sistematizar lo que nos producía la película. Empecé a pensar sobre esta época en la que —en general— leemos muy poca crítica de cine.

Si bien la pandemia nos forzó a suscribirnos a muchas nuevas plataformas de muy buen cine, no estamos, pese a las potencialidades de Internet, leyendo y acompañando la visión de las obras con críticas de cine. Ya no nos interesa lo que se pueda decir, desde un punto de vista más sofisticado, técnico o intelectual sobre una obra. Un asunto es que al tener tanta oferta de películas y series no logramos hablar de lo mismo y por eso Memoria me pareció tan interesante por su efecto unificador de un estado de la opinión nacional. Por fin una película interesante que han visto más personas. 

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Pedro Adrián Zuluaga escribió un texto muy bello de la película. Lo que no es raro, pues ese muchacho es el mejor crítico nacional, sin duda. En mi caso fue un error haberlo leído antes de ver la película. En general, la prensa prefirió entrevistar al director, la productora y la actriz con su versión de los hechos. Poca crítica, algunos intentos en redes pero no leí un gran ensayo de interpretación en periódicos ni de columnistas de prensa (que no volvieron a cine, por cierto). Eso sí, asistimos a una verdadera euforia por el hecho de que su filmación y producción fuera en Colombia. Producción que me pareció, por lo demás impecable. Porque claro, es bonito vernos con temas tan complejos como el de nuestra memoria. 

Me hubiera gustado también politizar su recepción, y me hubiera gustado que nos dijeran más porque era “la hostia”, además de ponernos muy importantes en Cannes. Era una película culta masiva y eso requería full acompañamiento. Mucho público se salía, y eso era triste.  En el fondo, ayudarnos a entender: ¿Cuánto de su narrativa nos sirve para reconstruirnos? ¿Qué nos propone como interpretación? O simplemente qué significa el guiño ufólogo en algún momento de la película, asunto que por lo demás angustió a la mitad de mi familia y algunos de la oficina… ¡Y que me vi en pañales para explicar, carajo!

2 Comentarios

  1. Parece que Nicolás Morales, que divide las escenas de una película por su utilidad (¿?¿?¿? ¡qué locura! ¿Quién le habrá hecho tanto daño?), no ha leído tantas críticas de cine como dice. O no le sirvieron de nada o se dedicó a leer a un ejército de blogueros malditos. Qué texto tan bochornoso. Esperemos que, por favor, no le encarguen más textos sobre cine a gente que odia el cine.

  2. Ya por fin pude ver Memoria, y concuerdo que este es un bochornoso texto. No solo porque no le guste la película (que me parece bien que no les guste aunque sea una muy buena peli), pero porque no argumenta nada, solo hace pataleta.
    Una cosa no lleva a la otra, es decir, si “no te gusta Memoria” es también algo que propicia la película y no tiene que ver con la estrategia de promoción o la critica. Siento que los historiadores (y los críticos culturales) al carecer de fuentes distintas parece creer que los críticos de cine son la medida del asunto, y no. ¿Por qué te aburrió? ¿Qué es lo que no te movió? ¡Dinos que acá leemos! Ah, abrase visto que el gusto ahora es el medidor de la utilidad. No es educación cinematográfica lo que hace falta sino más apertura y sobre todo mejor leer y escribir.

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