¿Qué pasará el 19 de junio?

Estamos con el alma en vilo ante las próximas elecciones presidenciales. La posibilidad de que gane un personaje como Rodolfo Hernández, arrojaría a Colombia a la más terrible de sus pesadillas. Como si no hubiera sido suficiente con Gaviria, con Pastrana, con Uribe, con Duque. Esos mandatarios que, unidos, representan los sectores más retardatarios de la derecha colombiana.  Y no me cabe la menor duda de que si Hernández triunfa, las multitudes saldrán a las calles a protestar y su gobierno improvisado, heredero de los otros, no tardará en explotar como una olla a presión. 

Hernández no garantiza ningún cambio, así sus publicistas mercenarios lo pregonen. Es alguien que representa los más bajos comportamientos políticos. En él no hay moral ni ética posibles. Es un empresario adinerado que se solaza con la expoliación de los más desfavorecidos. Un polichinela que considera la ley como papel higiénico para limpiarse el trasero. Un patriarca santandereano que lesiona, y con alardes rimbombantes, a las mujeres. 

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Hernández no posee ni el don ni talento ni la inteligencia para enfrentar la debacle de una nación que ha sido sometida sistemáticamente a la rapacidad de sus clases políticas tradicionales, a la del narcotráfico y el paramilitarismo, a la de los grandes emporios multinacionales. Él mismo cuando habla refleja su nula formación política y los vacíos que tiene como estadista. Por esa razón, y no por ninguna amenaza de muerte que le hayan hecho, le han aconsejado no ir a los debates. Porque cada vez que Hernández habla, de inmediato se revela el cínico, el insolente y el payaso.  

Con algunos amigos comentábamos sobre la posibilidad de que la victoria presidencial hubiera caído en manos de Federico Gutiérrez. Decíamos que ante ese horizonte había que irse del país. Y hacerlo para no tener que capotear en territorio colombiano la vergüenza cotidiana de ser dirigidos por un presidente estulto. Su candidatura, por fortuna, fue derrotada. Y también, por su vanidad y orgullo de pacotilla, la de Fajardo. Son las bondades que, por supuesto, dejaron los resultados de la primera vuelta. Y no es que hayan sido vencidos por las malas campañas que hicieron en su contra. Los votantes les cobraron, simplemente, la cuenta de cobro por su corrupción y torpeza. 

Rodolfo Hernández propuestas plan de gobierno 2022
“Hernández no posee ni el don ni talento ni la inteligencia para enfrentar la debacle de una nación que ha sido sometida sistemáticamente a la rapacidad de sus clases políticas tradicionales”.

Pero qué pasará si Hernández gana. Simplemente que llegaríamos a los extremos más grotescos y calamitosos de nuestra bobería gregaria. Habría que olvidarse entonces por unos días, unas semanas, unos meses, de lo esperanzador y digno que posee esa otra Colombia de hoy. Significaría no detenerse ante las playas y las montañas y los ríos y las selvas y llanuras que nos dan cobijo. Dejar a un lado su juventud vital, la capacidad de resistencia de sus mujeres, la fortaleza impresionante de sus campesinos. Desdeñar todo eso porque saberlo en manos de un incompetente como Hernández, provocaría todo el desaliento, todo el estupor y toda la vergüenza. 

Pero neguémonos a creer que este horizonte, tan descorazonador como inadmisible, se convierta en realidad. Hay que sobreponerse a las borrascas de una imaginación malsana y llenarme de optimismo. Entonces es cuando me digo, una vez más, que mi voto, el 19 de junio, será por Petro y por Francia. Votaré por ellos, como lo hice en la primera vuelta, sin ninguna vacilación. Con la seguridad de que es la más plausible de las opciones. Con la certeza de que ellos serán los representantes, lúcidos y audaces, de un gobierno que sabrá enfrentar los aprietos del porvenir. Porque, como nunca antes había sucedido en la política del país, el lema de vivir sabroso será una muy buena carta de navegación. 

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Y vivir sabroso es vivir en paz. Vivir en un país donde la juventud tenga el futuro de una educación idónea y gratuita. Un país que defienda sus recursos naturales de la codicia del neoliberalismo. Un país que pueda comenzar a sanear de sus instituciones la inveterada corrupción. Un país donde el mestizaje sea un motivo de alegría y los afro y los indígenas y los grupos sexuales alternativos se sientan por fin orgullosos de pertenecer a una sociedad que los acepta, los admira y los ama. Un país donde los derechos de las mujeres sean tan respetados como los de los hombres. Un país que, a través de sus actividades de la memoria y la búsqueda de la verdad, pase la hoja del espanto de los falsos positivos, los desaparecidos y el exterminio de los líderes sociales. 

Todo eso que reclama Colombia hoy comenzará a obtenerse con el Pacto Histórico en el poder. Avanzaremos, sin duda, y no daremos un paso atrás en nuestra frágil democracia. Y si esto pasara, entonces saldremos a las calles a festejar. Porque será la gran victoria de los humillados y los ofendidos que han perdido, generación tras generación, en la aciaga historia de nuestro país. 

12 Comentarios

  1. De acuerdo, Pablo. Es un momento de gran esperanza para el país. Nunca estuvimos tan cerca de un cambio significativo para Colombia en más de dos siglos de historia republicana.

  2. Luis Ovidio Ramírez

    Gracias Pablo. Y claro que así será. Porque Colombia sí tendrá una segunda oportunidad. Tal vez sea solo la primera. Estamos muy cerca de lograrlo. Un abrazo.

    1. Luis Germán Sierra

      Hernández es un mamarracho, pero puede subir. Lo pueden subir. Aunque hay mucha gente que cree en esos mamarrachos. Y los de siempre, que no quieren ser desbancados de sus privilegios y lujos. No obstante, no nos hagamos muchas ilusiones.
      Ojalá festejemos, claro.

      1. María Mercedes Ortiz

        Mil gracias Pablo por tus palabras, tu valentía y tú dignidad, no puedo evitar pensar en otros intelectuales y políticos tan lamentables como William Ospina y Robledo u otros tan especiales cómo Antanasby Doris Salcedo que siguen tu misma senda

  3. Es innegable que hay mucha gente que prefiere creer en vez de ver y entender. Pero el movimiento social ha hecho crecer la conciencia, ha confirmado que la buena fe es sosa y ciega, es una traición, un suicidio. Asfixiemos entre todos el delito de mano blanca. Porque la vida es sagrada ganaremos las elecciones este domingo.

  4. Maravillosa columna maestro Pablo Montoya. Sus palabras son fundamentales en días donde tanta incertidumbre, alentada por el ruido mediático, nos hace olvidar la esperanza, la ilusión y la capacidad de soñar, que es lo único que nunca nos han podido robar, porque no pueden medir su valor.

  5. Muy interesante y real puede ser su comentario sr Pablo Montoya pero como dice la sra Ángela Garcia “ la Buena Fe es Sosa y Ciega “ como en Estas elecciones, donde no hay mucho de donde escoger, y hasta sordos y mudos queremos ser, al Querer IGNORAR una Realidad Vista y Sentida, en el espejo Venezolano y de casi todos los países Suramericanos, que nos lleva a escoger de lo malo lo menos malo, como ha sucedido en países como USA y con menos riesgos de una debacle, como la que se cierne sobre Colombia tarde o temprano. Lo invito a leer el Foro de São Paulo, que le ayudará a tener un mejor entendimiento de lo que digo.

  6. Muy interesante y real puede ser su comentario sr Pablo Montoya pero como dice la sra Ángela Garcia “ la Buena Fe es Sosa y Ciega “ como en Estas elecciones, donde no hay mucho de donde escoger, y hasta sordos y mudos queremos ser, al Querer IGNORAR una Realidad Vista y Sentida, en el espejo Venezolano y de casi todos los países Suramericanos, que nos lleva a escoger de lo malo lo menos malo, como ha sucedido en países como USA y con menos riesgos de una debacle, como la que se cierne sobre Colombia tarde o temprano. Lo invito a leer el Foro de São Paulo, que le ayudará a tener un mejor entendimiento de lo que digo.

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